Javier Fernández, con sus entrenadores esperando la nota del programa corto y con un peluche en sus brazos.

Javier Fernández, con sus entrenadores esperando la nota del programa corto y con un peluche en sus brazos. Reuters

Juegos Olímpicos PATINAJE SOBRE HIELO

Las mejores piruetas de Javier Fernández: el campeón que fue acusado en falso de homófobo y gay

El bronce olímpico pasó el trago de todos los patinadores de ver cuestionada su sexualidad antes de ser bautizado por algunos como el "abanderado homófobo" por un malentendido.

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"¿Cómo va a ser homófobo si yo mismo soy gay?". Brian Orser no sabía cómo decirlo, cómo defender a su pupilo de una frase sacada de contexto, de un malentendido que le valió a Javier Fernández el apelativo de "abanderado homófobo" en los Juegos Olímpicos de Sochi 2014. No era aquella, sin embargo, la primera polémica sobre sexualidad en la que se veía envuelto, pues como todo buen patinador sobre hielo que se precie siempre vivió el escrutinio público, siempre bajo la sospecha hiriente de su inclinación. Suerte para el madrileño que sus dos títulos mundiales y sus seis europeos alejaron la polémica de su gloria. Suerte que su medalla olímpica la ha desterrado finalmente.

Javier Fernández (Madrid, 1991) sonreía ampliamente cuando aún no era una estrella mundial. Aún menor de edad se permitía frases que ahora ni imagina pronunciar en público, ni mucho menos con una grabadora o un micrófono cerca. "Ligo más porque en este deporte hay muchos gays", decía poco después de lograr la clasificación para sus primeros Juegos, los de Vancouver 2010, cuando aún era apodado El Lagartija y no SuperJavi, como lo conocen ahora en todo el mundo.

Los patinadores sobre hielo nunca han vivido libres de los cuchicheos que acompañan a, por ejemplo, las jugadoras de rugby o cualquier chico que decida hacer cualquier tipo de baile. Hay deportes estigmatizados, víctimas de tópicos y estereotipos. Y Javier Fernández también los vivió en sus inicios. Como todos, aunque el patinaje sobre hielo es un caso atípico dentro del deporte profesional, pues la mayoría de estos atletas que sí son gays no tienen el más mínimo incoveniente en hacerlo público. Los estereotipos de los 'haters' se encuentran con el aprecio del propio deporte y de quienes lo componen.

Javier Fernández, junto a su novia, la también patinadora japonesa Miki Ando.

Javier Fernández, junto a su novia, la también patinadora japonesa Miki Ando. Instagram: javierfernandezskater

El español Javier Raya, por ejemplo, salió del armario en mayo de 2016. Y el estadounidense Adam Rippon, abiertamente gay y enfrentado con el vicepresidente de Estados Unidos Mike Pence únicamente armado con su fino sentido del humor a través de las redes sociales, está siendo uno de los grandes protagonistas de los Juegos de Pyeongchang. O el caso del jovencísimo patinador mexicano Donovan Carrillo, que para el programa que le llevó al último Mundial con apenas 16 años eligió la canción del recientemente fallecido Juan Gabriel Hasta que te conocí y fue duramente criticado por ello, como no, con insultos completamente homófobos.

Acostumbrado a vivir con esta realidad fue, sin embargo, la gran polémica de hace cuatro años la que marcó la carrera de Javier Fernández. "El marrón que me metieron en Sochi fue horroroso", declaró en una entrevista para la agencia EFE antes del inicio de los Juegos surcoreanos. "Ya expliqué lo que pasó y quiero pensar que la gente me llegó a entender. Y si no, lo sigo diciendo: fue un malentendido. Yo en ningún momento quise decir una cosa tan bestia y tan burra como fueron esas palabras que pusieron en un periódico. La gente que me conoce, sabe cómo soy", se explicó una vez.

Se refería el madrileño a la entrevista publicada por el diario El Mundo antes del inicio de los Juegos de Sochi en la que 'recomendaba' a los deportistas gays presentes en Rusia "que se corten". Aquellas declaraciones, sacadas de contexto, recibieron la reprobación de prácticamente todas las asociaciones LGTBI de España y de muchas internacionales, tachándolas de homófobas. De hecho, el patinador madrileño llegó a ser bautizado por algunos como el "abanderado homófobo", ya que en 2014 recayó sobre él el honor de portar la bandera nacional durante la ceremonia de inauguración de aquellos Juegos de invierno.

Y todo ello por querer 'proteger' a los gays de la legislación rusa, extremadamente dura con la comunidad LGTB y que en aquellos Juegos se convirtió en uno de los puntos de atención. Es más, apenas unos meses antes el beso en la boca -tradicional en Rusia- que se dieron dos de las componentes del equipo ruso que ganó la medalla de oro en relevo 4x400 de los Mundiales de atletismo de Moscú se convirtió -equivocadamente- en el primer gesto de la movilización de la comunidad gay para boicotear aquellos Juegos de invierno.

Javier Fernández durante su programa corto en Corea del Sur.

Javier Fernández durante su programa corto en Corea del Sur. Reuters

Cuatro años después, con dos oros mundiales y seis europeos colgados en alguna vitrina de su casa, a Javier Fernández apenas le queda un regusto amargo en lo extradeportivo (y también en lo deportivo, pues en Sochi terminó cuarto acariciando las medallas por culpa de un error propio en el programa largo). Es más, el madrileño, un absoluto fenómeno de masas en Japón, es ahora famoso por las millares de aficionados niponas que le siguen por medio mundo -curiosamente su mayor enemigo sobre el hielo es el también japonés Yuzuru Hanyu, compañero de entrenamientos bajo las órdenes de Brian Orser-.

Si curiosa fue la imagen de la Final del Grand Prix de 2015 en el Fórum de Barcelona, donde cientos de fanáticas japonesas acosaban hasta al padre del patinador madrileño -'Papi Javi, papi Javi', le decían- no lo fue menos la imagen del metro de Tokyo 24 horas antes de conocer este podio olímpico. Si Hanyu es el gran objetivo de los seguidores japoneses del patinaje sobre hielo, las 250 sillas que el ayuntamiento tokyota dispuso para ver el desarrollo del programa corto y que dos horas antes del inicio de la final ya estaban repletas vibraron con el ejercicio del español tanto o más que con el ídolo local, así que, quizás, en Pyeongchang los peluches de Winnie the Pooh que siempre le lanzan al hielo a su gran rival deberían ser para él, aunque el madrileño ya tiene bastante con los ositos que le lanzas sus propias aficionadas niponas.