Mohamed Ben Attia en el rodaje de Hedi.

Mohamed Ben Attia en el rodaje de Hedi. Golem

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Cómo la primavera árabe resucitó al cine

Mohamed Ben Attia arrasó en la pasada Berlinale con su ópera prima, 'Hedi', una historia de amor que sirve como metáfora de Túnez, que ha vivido un cambio apoyado por los artistas.

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El amor es una forma de revolución. Cambia los esquemas, sacude sin control y hace que uno se comporte cómo nunca pensó que lo haría. Saca la valentía, lo mejor (y lo peor) de las personas. Así que sólo había que dar la vuelta a la tortilla para igualar una revolución social a una relación sentimental. Es lo que ha hecho el director Mohamed Ben Attia, que con su ópera prima, Hedi, enamoró a todo el mundo en el pasado Festival de Cine de Berlín, donde se llevó el premio al Mejor director novel y al Mejor actor para su protagonista, Majd Mastoura.

Lo hizo al contar desde la sutileza y la naturalidad la historia de amor entre un trabajador de una fábrica de coches -con un matrimonio concertado- y una animadora de un hotel. Nada de aspavientos ni subrayados. En Hedi todo huele a verdad, y detrás de esa historia de pasión y encuentros furtivos se esconde un trasfondo político. La historia de Hedi es la de todo un país que se encontró hace cinco años con la libertad. La primavera árabe comenzó en Túnez, y allí una sociedad coartada y con miedo a gritar salió a la calle para pedir un cambio. Una revolución que terminó con la caída del dictador Ben Alí.

Fotograma de Hedi.

Fotograma de Hedi.

Ben Attia se las ha apañado para convertir esta historia de amor en la metáfora concisa de todo un país, aunque él se empeñe en contar que en el inicio sólo “quería contar una historia de amor”. “Puede sonar ingenuo, pero en el momento en el que estábamos nos faltaba un poco, y el amor nos reconcilia con nosotros mismos”, cuenta a EL ESPAÑOL. Poco después acepta el trasfondo político y ahonda en ello. “Es una metáfora del país, en la primera parte de la película ves al protagonista, Hedi, de una forma un poco siniestra, resignado, porque así es cómo estábamos y vivíamos. La revolución fue una historia de amor y se empezó a construir algo. Igual que a Hedi el amor le hace comprender quién es, nosotros descubrimos algo de nosotros con esa revolución. Nos costó mucha ayuda identificarnos y ver de lo que somos capaces y también aprender de lo que no éramos capaces, pero a través de eso hemos avanzado”, añade.

Nosotros descubrimos algo de nosotros con esa revolución. Nos costó mucha ayuda identificarnos y ver de lo que somos capaces, pero a través de eso hemos avanzado

En Túnez nació todo, y muchos lo consideran el laboratorio de pruebas de la democracia en el mundo árabe, también el director de Hedi, que dice con humor que todos se lo recuerdan, pero que cree que es verdad al ver “que hemos hecho muchas cosas”. “Hemos tenido islamistas en el poder y les hemos derrocado sin guerra y sin muertes. Ahora hay un gobierno mejor, democrático, pero todavía hay muchas cosas que cambiar. Por ejemplo en la posición del país respecto a la homosexualidad o normas absurdas. Por ejemplo, en Túnez una chica violada, si el violador se casa con ella se le perdona, eso existe y la gente quiere cambiar esas leyes. La sociedad tiene que hacer fuerza y empujar para cambiar esas cosas arcaicas”, añade.

El arte al frente

Mohamed Ben Attia ya se dedicaba al cine en la dictadura, pero la primavera árabe abrió sus ojos. Sus trabajos de antes no tenían sentido. Había estado dormido todo este tiempo y su obra necesitaba plasmar esos aires de libertad que se respiraban. “Antes de la revolución yo era mudo. Había escrito un guion que llevé conmigo durante años, pero estaba vacío, no tenía ningún interés, y básicamente reflejaba lo que yo era. El régimen policial y la censura nos volvió superficiales, no nos interesaba nada, no sabíamos nada, no sabía si era de izquierdas o de derechas. No se hablaba de nada. Estábamos anestesiados, pero cuando viví la primavera árabe y todo explotó yo cambié y lo que quería hacer en el cine también cambió. Entendí en qué lenguaje quería hablar, así que esta película no se podía haber hecho hace diez años, pero no por una cuestión financiera, sino por una cuestión política que no tiene que ver tanto con el Gobierno como conmigo mismo”, explica el realizador.

El régimen policial y la censura nos volvió superficiales, no nos interesaba nada, no sabíamos nada, no sabía si era de izquierdas o de derechas. No se hablaba de nada. Estábamos anestesiados

No es el único que ha vivido esta transformación, también le ha ocurrido a “una generación de artistas emergentes que ya existían bajo el régimen anterior pero que han cambiado”. “Ellos han evolucionado y han adquirido una madurez. Ahora el mundo ha cambiado y Francia tiene curiosidad en nosotros y han empezado a coproducir. Todo eso ha hecho que de dos o tres películas al año se pase a que se produzcan 20”, añade. Un cambio que ha hecho que mucha gente que se dedicaba a otras áreas quieran dedicarse al cine. “La persona que ha hecho la música era un financiero, trabajo en un banco, y el actor protagonista era informático y ahora estudia arte dramático, mucha gente se ha pasado al sector artístico, se han trasladado a las bellas artes”, cuenta el cineasta.

La juventud se vuelve a dormir

El ambiente que se vive en Túnez es de “efervescencia”, un país con “mucha vida y mucha energía en el que hay libertad de expresión y podemos hablar de todo”, aunque todavía haya temas en los que falta aperturismo “y en los que avanzamos”. Pero para Mohamed Ben Attia la juventud ha vuelto a dormirse y no acompaña el cambio. Se han cansado de luchar y la crisis económica que ha asolado el país ha dejado los vientos revolucionarios en brisas.

Fotograma de Hedi.

Fotograma de Hedi.

“El hecho de sentirse perdidos porque no hay oportunidades ha hecho que la juventud viva en un letargo y que no sepa qué hacer para realizarse. Esto por desgracia sigue siendo igual, pero se han liberado de ciertas cosas, y las mujeres ya no sienten obligadas a casarse y seguir una cierta ideología, mientras que los hombres pueden cambiar de trabajo”, opina el director.

No vale con decir Trump es un cabrón o Marine Le Pen es una cabrona, si han sido votados dentro del sistema democrático es que hay un malestar mucho más profundo en la gente

Mientras en países como Túnez se avanza en la democracia, en países como EEUU o Francia (con el auge de Marine Le Pen) se retrocede, una situación que entristece a Ben Attia y que “me parece incluso lúgubre”. “Se ha producido algo muy complejo para que esos países que antes eran un ejemplo lleguen a esa situación. No vale con decir Trump es un cabrón o Marine Le Pen es una cabrona, si existen y han sido votados dentro del sistema democrático es que hay un malestar mucho más profundo en la gente”, zanja.

Su forma de rodar, y de denunciar lo que ocurre en la sociedad lo emparentan con sus productores, los hermanos Dardenne que han financiado su ópera prima y que no piensan dejar escapar a esta promesa: ya preparan su siguiente filme.