El artista Pitingo.
Pitingo (45): "De niño me llamaban Mowgli. Con 9 años sabía que tenía algo diferente y a los 13 ya cantaba en Madrid"
El cantante echa la vista atrás para repasar sus orígenes humildes en Huelva y sus duros comienzos en Madrid.
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Hay lugares a los que se vuelve para recordar quién se es en realidad. Para Pitingo (45 años), ese refugio inmutable es su Ayamonte natal.
El artista onubense ha echado la vista atrás en una emotiva charla en el espacio La terraza del verano, de Canal Sur, donde ha repasado sus orígenes, sus vivencias de infancia en la costa de Huelva y los duros pero ilusionantes comienzos que lo convirtieron en la figura de la música que es hoy.
A través de imágenes familiares en la playa y memorias de juventud, el creador de la "soulería" ha dejado claro que su vínculo con la luz del sur no hace más que acrecentarse con el paso del tiempo.
El 'Mowgli' que vendía juguetes
Aunque sus compromisos profesionales le hacen residir fuera de Huelva e incluso pasar largas temporadas en el extranjero, el cantaor regresa todos los años al lugar que lo vio nacer durante tres o cuatro meses.
"Cuando llegas allí y ves la luz, te vienen 2.000 recuerdos a la cabeza. Es como encontrarme en casa. Cada vez que voy cumpliendo años me gusta más su gente, el acento y la comida. Me siento orgulloso de ser de Ayamonte, moriré siendo de aquí", ha confesado con emoción en el programa.
Criado en el seno de una familia humilde de tradición marinera, hijo de un pescador, y con hondas raíces gitanas, la infancia de Antonio Manuel Álvarez Vélez (Pitingo) estuvo repleta de anécdotas e hiperactividad.
Recordando sus veranos de niño y al ver fotografías de aquella época, el cantaor reconoció que su versión adolescente se parece muchísimo a su único hijo, Manuel.
Entre risas, rememora cómo era aquel chiquillo de melena desbordante que ya apuntaba maneras de artista único: "De niño tenía el pelo largo y me llamaban Mowgli. Era un personaje yo... vendía juguetes y eso".
Pero detrás de aquella picaresca infantil latía ya una vocación arrolladora e inquebrantable. "De pequeño tenía clarísimo que iba a comer de esto. Con 9 o 10 años yo sentía que tenía algo especial", ha asegurado. Un talento innato que no tardó en dar sus primeros pasos sobre las tablas.
Pitingo, en su entrevista en el programa 'La terraza del verano", en Canal Sur.
Del aeropuerto de Barajas a Casa Lucio
El camino hasta el éxito profesional no fue de rosas. Instalado en la capital desde muy joven ("a los 13 años ya cantaba en Madrid y con 16 ya estaba plenamente metido en el circuito"), Pitingo tuvo que bregarse desde abajo de forma incansable.
Para poder mantenerse mientras buscaba su gran oportunidad en la música, llegó a trabajar cargando maletas en el aeropuerto de Madrid-Barajas. Un empleo que compatibilizaba entonando sus primeras bulerías en los tablaos.
Su bautismo de fuego sobre un escenario madrileño fue de lo más pintoresco: se produjo en la icónica discoteca Long Play, nada menos que cantando durante la fiesta de cumpleaños del legendario actor José Luis López Vázquez: "Entonces iba a allí la crème de la crème".
A partir de aquel momento, la búsqueda de un hueco en la industria fue pura supervivencia y pasión.
El propio Pitingo ha recordado entre anécdotas cómo en sus inicios no dudó en tirar de arte para alimentarse: en el emblemático restaurante Casa Lucio llegó a pedir un plato de huevos con patatas a cambio de cantarse unos fandangos. Una mezcla de hambre, valentía y autenticidad definiría para siempre la carrera de un artista que nunca ha olvidado de dónde viene.