Detrás de la coraza de hierro, la dialéctica afilada y la imagen inquebrantable de Cayetana Álvarez de Toledo (52 años) se esconde una niña que creció en un mundo fascinante, pero lleno de contrastes.
Lejos de la típica infancia de colegio de barrio y veraneos en el pueblo, la figura política forjó su carácter en un entorno cosmopolita y aristocrático que marcó su destino para siempre.
"Mi infancia son recuerdos de una familia muy poco convencional. Mi padre es de una familia de aristócratas españoles arruinados y afincados en Nápoles", explicó en una entrevista en la revista Fanfan.
"Mi infancia transcurre en Inglaterra, en una casa grande de la época del Rey Jorge, lo que se conoce como una Georgian House, en Hampstead, en el norte de Londres", señaló también.
"Yo nunca he tenido una familia ordenada y convencional de papá y mamá y los niños tomando el desayuno juntos. Era un mundo abierto en el que todos se llevaban muy bien, porque fueron capaces de tejer relaciones afectivas, de amistad, de gran respeto, constructivas. Fue una infancia poco convencional, muy luminosa, muy diversa", añadió en la conversación de 2023 con el periodista Alfredo Urdaci.
Su padre, Juan Illán Álvarez de Toledo y Giraud, marqués de Casa Fuerte, no solo le legó el título nobiliario, sino una biografía de película que incluyó combatir en la Resistencia francesa.
Su madre, Patricia Peralta-Ramos, pertenecía a la más alta burguesía de raíces argentinas. De esa mezcla de sangres nació una niña que, desde la cuna, aprendió a ser ciudadana del mundo. Sobre su padre habló en su libro Políticamente indeseable: "Mi padre fue, ante todo, un hombre libre. Luchador, carismático, optimista, apasionado, el seductor total".
Cayetana Álvarez de Toledo.
Además, señaló que, tras alguna penuria, consiguió trabajo en una naviera medio quebrada con sede en Róterdam y la reflotó "a base de trabajo y talento hasta amasar una fortuna que repartió entre amores, hijos, amigos y proyectos".
Nacida en Madrid por casualidad, su niñez fue un constante ir y venir. Creció a caballo entre el asfalto gris de Londres y la inmensidad de Buenos Aires, educándose en los más elitistas colegios británicos.
Fue precisamente en la capital argentina donde tejió lazos sorprendentes. Uno de los secretos mejor guardados de su juventud es su íntima amistad con la actual reina Máxima de Holanda, con quien compartió pupitre, confidencias y pandilla en la alta sociedad porteña antes de que ambas cruzaran el charco para conquistar Europa.
"Máxima es muy amiga de mi hermana Tristana. Y toda la familia Zorreguieta mantiene una excelente amistad con mi familia. Mis primos son íntimos de su hermano, Martín Zorreguieta", explicó Cayetana en 2013.
"Es tal y como la gente la percibe. Una mezcla de espontaneidad, simpatía e inteligencia. Lo que ha hecho como reina es admirable. No es tan fácil adaptarse a un país ajeno, con una lengua especialmente difícil y una tarea especialmente exigente", añadió.
