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Ada Colau (52 años) es un rostro sobradamente conocido en el panorama público español.

Sin embargo, detrás de la figura institucional se esconde una historia de vida muy humana, tejida a base de esfuerzo, orígenes humildes y un núcleo familiar que, para la época, rompía todos los esquemas.

Lejos de los focos y la intensidad del debate, la política recuerda una infancia que la marcó profundamente y que hoy relata con una mezcla de orgullo y nostalgia.

"Era la rarita de clase", ha llegado a confesar al echar la vista atrás.

Crecer en los años 70 y 80 en el seno de una familia de espíritu libre no era lo habitual.

Sus padres, a los que ella misma define como "hippies", le inculcaron valores alejados de las convenciones de la familia tradicional.

Esa visión alternativa del mundo chocaba a veces con su entorno escolar, pero forjó en ella una mentalidad abierta y fuertemente reivindicativa desde una edad muy temprana.

La infancia de Ada Colau

La estructura de su hogar también era diferente. Aunque la genética diga una cosa, los afectos en casa de los Colau dictaban otra.

"Soy hija única de mi padre y mi madre, pero tengo un montón de hermanos y hermanas porque mi madre enseguida se juntó con su actual compañero", relataba.

De este modo, dejaba claro que los lazos familiares van mucho más allá de la sangre.

Esta familia ensamblada, moderna y numerosa llenó su infancia de vida, ruido y un aprendizaje constante sobre la convivencia y la empatía.

Pero para entender quién es hoy Ada, hay que viajar un poco más atrás y mirar a sus antepasados.

Sus abuelos no lo tuvieron fácil. Como tantas otras familias españolas, se vieron obligados a hacer las maletas y dejar su tierra natal para buscar un plato de comida en la ciudad.

"Mis abuelos llegaron a Barcelona escapando de la pobreza", recuerda con emoción.

Venían de rincones muy humildes, de Almazán (Soria) y de Güel, un pequeño pueblo de pastores en la provincia de Huesca.

Ese éxodo rural, lleno de lágrimas y renuncias, es hoy su mayor motor. "Estoy orgullosísima de ellos", confiesa sin dudar.

Para Colau, tener la suerte de vivir y haber gobernado en una Barcelona que ella define como "una ciudad diversa y cosmopolita" es el fruto directo del sacrificio de aquellos abuelos que huyeron de la miseria.

Hoy, a sus 52 años, aquella niña "rarita" que creció entre hermanos nacidos del amor de una familia poco convencional, honra sus raíces con la certeza de que son su mayor y más valioso patrimonio.