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María del Monte (64 años) se ha sincerado sobre el papel; ha plasmado en un libro, titulado Si el corazón se equivoca, se le perdona, no ya su vida -que, en parte, también- sino esos valiosísimos consejos que ha ido atesorando y poniendo en práctica en su vida -a base de palos-.

Editada por HarperCollins, en esta obra la sevillana vuelca, con desprendida generosidad, toda su sabiduría. Que nadie entienda que lo ha hecho con afán vanidoso: tan sólo para ayudar a los demás. En este mundo frenético y frugal en el que vivimos, María invita a sentarse, a pararnos.

En este libro la cantante anima a todos a mirarse por dentro. También a saber mirar a los demás, a dejar de pensar que todo gira en torno a nosotros. Somos egoístas, y María nos descubre las vergüenzas: "No miremos lo que nos falta. Miremos lo que tenemos".

Nos arenga la autora de Cántame a dejar las prisas: eso no es lo importante, esa no es la vida.

En el capítulo Saber mirar, saber escuchar, saber parar, María reflexiona: "A pesar de lo que he pasado -no entro en detalles-, sigo pensando que todo tiene su parte buena, su parte mala y su parte regular".

Y abunda: "Nuestro trabajo, si queremos vivir un poco mejor, es intentar mirar la parte buena sin negar las otras dos. Porque negar lo malo tampoco sirve de ayuda. No me gusta ni magnificar los problemas ni minimizarlos".

"Las cosas son como son, y si tienes una papeleta, la tienes; no se trata de mirar pa' Cuenca. Lo que no debes dejar es que esa papeleta te engulla", aconseja María.

"Hay que pararse y decir: espérate, ¿cuál es el problema? (...) Hay que analizar la situación. Porque problema, lo que se dice problema grande, no hay más que uno, y ese es la falta de salud. Cuando descubres eso, lo demás deja de tener importancia y todo es secundario".

La portada del libro de María del Monte. Redes Sociales

Sostiene la intérprete de Salta la rana que detesta vender sus penas o ir de víctima: "A mí no me gusta vender mis penas, ni ser víctima de ellas. Es más, es el último sentimiento que me gustaría inspirar en alguien. Cuando te miran con penita, la penita te llega a ti, se contagia".

"Me encanta que me comprendan, pero detesto que me compadezcan", subraya.

El día que "petó", que no pudo más

"He tenido la suerte de venir de una familia que me enseñó a querer, a compartir y a vivir con alegría incluso cuando la vida se ponía difícil. Mis padres fueron mis ángeles de la guarda en la tierra -y lo siguen siendo donde estén-", cuenta la de Sevilla en otro punto del libro.

"De ellos aprendí que la verdadera herencia no está solo en lo que se acumula, sino en la educación, las costumbres, los valores, la generosidad y la forma de mirar las cosas cotidianas".

Hubo un día, dice María, que la vida se le puso demasiado cuesta arriba, que no pudo más: "Mucha gente sabe que he pasado por etapas complicadas y que, por sobrecarga en la red, como se suele decir ahora, tuve que buscar ayuda profesional. Peté".

No da más detalles Del Monte, ni sitúa esa aciaga etapa en el tiempo. No aclara, claro está, si se refiere, por ejemplo, al robo de su casa y a la posterior detención de su sobrino, Antonio Tejado, como presunto autor intelectual. De hecho, en esta obra no hay ni rastro de Tejado.

María del Monte junto a su madre. Gtres

"Yo quería seguir estando conectada, sin embargo, aunque lo intentaba sola, no era capaz, y finalmente tuve que acudir a un psicólogo. Al mismo tiempo era consciente de que eso se llamaba ayuda, no milagro. Es decir, que yo tenía que poner de mi parte", sigue detallando María.

La vida de la mujer de Inmaculada Casal (62) nunca volvió a ser la misma cuando su padre falleció. Ahí todo se tambaleó, el suelo se abrió.

"No tengo más remedio que reconocer que hasta la pérdida de mi padre -me sigue costando decir 'muerte', porque para mí sigue vivo- fui una auténtica privilegiada".

"A mí la vida no me cuidó, a mí la vida me mimó. (...) Nunca supe lo que era un palo hasta que se fue. (...) Doy gracias al cielo porque hasta cumplir los cuarenta la vida no me dio un estacazo. Después han venido más, pero no creo que ninguno doliera como aquel primero.

Amor y salida del armario

En este libro, María del Monte habla también de amor, pero que nadie piense que va a brindar unas líneas románticas a su mujer y razón de amor, no. Del Monte habla de forma más genérica.

"Yo en el amor me he equivocado en muchas ocasiones o, mejor dicho, mi corazón se ha equivocado. ¡Qué bueno es echarle la culpa a alguien! Pero también me he perdonado con facilidad muchas veces, porque he tenido la tranquilidad de saber que lo he hecho de corazón".

María del Monte junto a su mujer, Inmaculada Casal. Gtres

"Y al corazón, que no suele equivocarse, cuando se equivoca se le perdona. Desde el amor no se hace daño, y si lo haces o te lo hacen, cámbiale el nombre, porque amor no es", remacha la cantante esta cuestión.

En otro renglón, nadie olvida el día que María dio el pregón de Orgullo Gay. Se dijo que lo hizo una vez que murió su madre, como si ésta desconociera su orientación sexual. Nada que ver. "He oído en muchas ocasiones que salí del armario cuando falleció mi madre".

"En primer lugar, nunca estuve en ningún armario. En segundo lugar, mi madre conoció a todas mis parejas. Lo hice porque me lo dictó el corazón el día que ofrecí el pregón del Orgullo Gay. No era consciente de que había muchas personas que lo pasaban mal".

"Ahí tomé contacto y conciencia. Así que vaya dirigido a todos los que equivocadamente pensaban que esperé a que falleciera mi madre: nada más lejos de la realidad. Ella me amaba, me conocía. Fue la que me parió. Y como amar no es pecado y ser libre tampoco, yo amo a quien quiera".

La muerte de su padre

Sostiene María del Monte que a su padre no lo vio muerto: "Me negué. Sin embargo, extrañamente, me quedé toda la noche junto a él, con lo que yo soy para eso. Mi padre falleció con ochenta y dos años, cuando yo tenía cuarenta y tres. Murió en el 2005. Sigo pensando que era joven".

"En ningún momento me he arrepentido de no haber visto a mi padre muerto. Muchas personas me contaron que ese día iba guapísimo, y hasta me dijeron que iba vestido de nazareno, con la túnica beige con la abotonadura negra de terciopelo, de la hermandad de Monte-Sión".

"Con mi madre fue distinto. Murió con noventa y seis años. Estuvo conmigo dos años en casa en un estado de fragilidad tremendo, especialmente en los últimos meses. Eso nos unió más si cabe y me marcó muchísimo emocionalmente. Sabía que me necesitaba y que tenía que estar".

"A partir de esa experiencia, fíjate lo que es la vida, que cuando falleció mi madre, estuve a su lado. De hecho, fui yo quien le cerró los ojos. No quise que lo hiciera otra persona. Algo impensable en mí. No me preguntes cómo ni por qué, pero lo hice".

Lo que le dijo su hermano antes de morir

María del Monte, en el entierro de su hermano Juan Carlos. Gtres

"La situación vivida con mi madre vino después de haber perdido a mi hermano del alma. Estoy en el camino, pero hoy aún no he superado lo que me tocó vivir. Lo sobrellevo, pero hubo un tiempo en el que ni eso podía. Para mí lo que había pasado era algo antinatura".

"Fue en plena pandemia, pero él no falleció de Covid, sino tras una pancreatitis. Lo que pasó es que, además de esa enfermedad, tenía Covid, así que no pude visitarle ni estar cerca de él, porque en aquel momento el acceso a los hospitales estaba blindado".

"Gracias a un amigo de la familia logré facilitarle un móvil y al menos podía hablar con él. Lo peor es que no pude estar a su lado. No pude cogerle la mano, no pude acariciarle la cara, no pude decirle que no se preocupase por nada, no pude decirle ni adiós... Eso lo llevo fatal".

"Me sigue partiendo el alma una frase que me dijo un día que hablé con él: 'Nena, tengo miedo'". Te juro que si hubiese habido una manera de comerme ese miedo para quitárselo de encima a él lo habría hecho. Me enteré de su muerte porque me llamó mi hermano el mayor".

"Mi madre me preguntaba por él a diario. Y se me hacía un nudo en la garganta tan fuerte que tenía la sensación de que una mano me apretaba el cuello. Una mano o dos. Y, aun así, había veces que conseguía contestarle: 'Mamá, acabo de hablar con él y está bien'".