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José Mota es uno de los rostros más queridos del humor en España y buena parte de su forma de entender la vida está marcada por sus recuerdos de infancia. El humorista nació en Montiel, un pequeño municipio de Ciudad Real que guarda un lugar especial en su memoria.

"Nací en un pueblo maravilloso", recordó el comunicador durante su conversación en el podcast A la de tres, donde echó la vista atrás para hablar de cómo era crecer en un entorno muy diferente al actual. Para el humorista, aquella infancia estuvo marcada por una libertad que hoy contempla con cierta nostalgia.

"En aquellas niñeces en las que las calles nos pertenecían a los niños y no había apenas coches. El pueblo entero se convertía en un parque de atracciones", recordó. Las calles de Montiel eran entonces el escenario de sus juegos y aventuras, sin la necesidad de grandes planes ni actividades organizadas para entretenerse.

José Mota. Gtres

El humorista recuerda especialmente esa sensación de poder salir de casa y pasar buena parte del día jugando con sus amigos. "Teníamos una libertad que yo ahora la miro en la distancia y digo: 'eso no se paga absolutamente con nada'", explicó Mota.

Entre todos esos recuerdos hay también uno especialmente relacionado con la comida. José Mota conserva en la memoria el momento de regresar del colegio y encontrarse con el sencillo tentempié que le preparaba su madre.

"Venía del cole y recuerdo el bocadillo de pan y chocolate", contó durante la entrevista. Un alimento tan sencillo como un trozo de pan acompañado de chocolate que, décadas después, continúa formando parte de sus recuerdos más reconocibles de aquella etapa.

Más allá del propio sabor, aquel bocadillo representa para el humorista una escena cotidiana de su infancia: volver del colegio, encontrarse con la merienda preparada en casa y salir de nuevo a disfrutar de la tarde con sus compañeros.

Y es que después de aquel bocadillo todavía quedaban muchas horas para jugar. Mota recuerda que una de sus actividades favoritas era desplazarse hasta las eras para jugar al fútbol con sus amigos.

"Me iba a las eras a jugar al fútbol con mis compañeros", recordó. El campo de juego no necesitaba ser una instalación deportiva: cualquier espacio del pueblo podía convertirse en el escenario perfecto para pasar la tarde.

Es precisamente esa sencillez la que José Mota reivindica al hablar de su infancia. No recuerda grandes lujos ni entretenimientos sofisticados, sino calles prácticamente tomadas por los niños, partidos de fútbol improvisados, tardes con amigos y el bocadillo de pan y chocolate que le esperaba después del colegio.