A sus 50 años, el líder político es uno de los rostros más reconocidos de España, un hombre acostumbrado a los focos, a los debates acalorados y a la primera línea mediática.
Sin embargo, mucho antes de pisar las moquetas del Congreso de los Diputados, su mundo se reducía a las frías calles de Amurrio, en Álava, y a un escenario muchísimo más humilde, familiar y cotidiano: la tienda de ropa de sus padres.
Lejos de la imagen de dureza inquebrantable que proyecta desde la tribuna, los primeros recuerdos de Abascal son los de un niño de clase media profundamente apegado a sus raíces.
Su niñez no huele a despachos ni a grandes avenidas, sino al esfuerzo diario de quienes levantan la persiana de un negocio cada mañana.
"Mi infancia olía a cajas de cartón, plástico y ropa", recordaba el político con cierta nostalgia en PozueloIN. Y es que su padre, Santiago Abascal Escuza, "era un pequeño comerciante" que sacaba adelante a los suyos en Modas Abascal, el histórico negocio textil de la familia.
En aquel pequeño local, entre mostradores, percheros y el trajín de los vecinos, se forjó el carácter del joven Santiago. "Mi adolescencia la asocio a la naturaleza, a la montaña", añadió también.
Para él, la trastienda era su refugio y casi su patio de recreo. Creció aprendiendo el valor del trabajo duro, de los inventarios interminables y de la cercanía del comercio de pueblo, disfrutando de una etapa feliz en la que los problemas del mundo adulto aún no habían llamado a su puerta.
La infancia de Santiago Abascal
Pero esa tranquilidad saltó por los aires demasiado pronto. Apellidarse Abascal en el País Vasco de los años 80 y 90 conllevaba un precio personal altísimo.
Su padre y su abuelo no solo eran conocidos comerciantes, sino también figuras políticas señaladas directamente por la banda terrorista ETA. De un día para otro, la inocencia de los juegos infantiles fue sustituida por el instinto de supervivencia.
Su abuelo fue alcalde de Amurrio. "Él decía que no se dedicaba a la política. En realidad le obligaron, o eso cuenta él. 'O eres alcalde o te matamos', le dijeron durante la Dictadura", explicó también el líder de VOX.
En una entrevista con Bertín Osborne, el político se despojó de cualquier coraza para hablar del profundo trauma que sacudió su hogar: "He sentido miedo a que mataran a mi padre".
Un terror agónico y constante que obligó a aquel niño a madurar de golpe. Los escaparates apedreados, las pintadas amenazantes en la fachada de la tienda de ropa y la presencia de escoltas se convirtieron en la dolorosa rutina de la adolescencia.
Hoy, al repasar sus 50 años de vida, la historia de Santiago Abascal se dibuja como un relato de enormes contrastes. La calidez y el olor a ropa nueva del comercio de su padre chocaron frontalmente con el miedo gélido a perderlo.
Dos realidades opuestas que, irremediablemente, moldearon al hombre que hoy copa los titulares.
