Manuel Carrasco es, hoy por ahí, uno de los artistas más consagrados y queridos de nuestro país.
Llena estadios, rompe récords de ventas y arrastra legiones de fans con su música.
Sin embargo, detrás de los focos y del clamor popular, el cantante onubense sigue siendo aquel niño de Isla Cristina que creció en el seno de una familia trabajadora.
Lejos de olvidar sus raíces, el artista las abraza y las recuerda con una nostalgia que llega directamente al corazón.
La infancia del intérprete de Qué bonito es querer no estuvo marcada por grandes lujos materiales, pero sí por un inmenso calor humano y el esfuerzo incansable de sus padres.
"Mi madre iba a la recogida de fresa, por eso siempre había en casa y, si la fruta se pasaba un poquito, hacíamos un batido, que es de las cosas que más me gustan", señaló en una entrevista en El Mundo.
En dicha conversación también admitió que "admira los guisos" de su progenitora.
Esa imagen de su madre trabajando de sol a sol en los campos de Huelva forjó en él unos valores inquebrantables que le acompañan hasta el día de hoy: la cultura del esfuerzo y el amor incondicional.
Los olores y sabores de aquella época de estrecheces y cariño siguen muy presentes en su vida.
Aquellos batidos de frutas frescas que su madre preparaba con mimo tras la jornada laboral, o los reconfortantes guisos que alimentaban a la familia, son el refugio emocional al que Manuel siempre vuelve.
No es casualidad que el artista sea un abanderado de la gastronomía de su tierra. Su plato estrellas son las coquinas.
"Ponlas en agua salada para que eliminen la arena y no les pongas mucho aceite", aconseja como buen onubense, demostrando que no ha perdido el toque de su casa.
A sus 45 años, Manuel ha sabido madurar sin perder su esencia. Su vida ha cambiado y también sus rutinas.
Si antes la bollería podía tener hueco en su dieta, hoy el artista cuida su salud al milímetro para aguantar las giras.
"No llego al extremo de mirar las etiquetas, pero hay cosas básicas que intento no hacer, como tomar fritos. Me encantan las chucherías y las evito porque me sientan fatal. También la bollería industrial", explicó en una ocasión.
La infancia de Manuel Carrasco
Su desayuno actual es toda una declaración de intenciones, un buen plato de fruta fresca, su infaltable café con leche y unas clásicas tostadas con aceite de oliva virgen extra y tomate.
Por mucho que ahora cuelgue el portal de 'no hay billetes' en los recintos más imponentes, Manuel Carrasco sigue siendo aquel chiquillo de Huelva.
Un hombre que, al subirse al escenario, sabe que su mayor éxito no poder ganar un Grammy, sino el orgullo de aquella madre que volvía de recoger fresas para hacerle sonreír.
