A sus 51 años, David Beckham sigue siendo un icono indiscutible de estilo y de un estado físico envidiable.
Sin embargo, quienes piensen que el exjugador del Manchester United y del Real Madrid vive a base de batidos verdes y ayunos extremos, se equivocan por completo.
Lejos de las dietas restrictivas que inundan las redes sociales, el británico ha demostrado que su secreto para mantener la vitalidad y la masa muscular pasa por empezar el día con un auténtico festín.
El propio Beckham lo ha dejado claro al detallar la primera comida de su jornada, una mezcla entre el tradicional English breakfast y las tendencias modernas de nutrición deportiva: "Desayuno huevos poché, aguacate, tortitas, tocino, salchicha, frijoles y tomate".
Esta contundente declaración de intenciones gastronómicas tiene una explicación fisiológica, pero también ha levantado alguna que otra ceja.
El desayuno de David Beckam
Según los expertos en nutrición deportiva, este menú le proporciona un altísimo pico de proteínas de buena mañana, fundamental para alguien que sabe que su día requerirá energía, resistencia y un intenso trabajo muscular.
No obstante, esta lección también genera cierta controversia entre los nutricionistas.
La rutina de David Beckham
Mientras que el aguacate y los huevos poché aportan grasas saludables y proteínas limpias, la inclusión diaria de carnes procesadas como el tocino (beicon) y la salchicha enciende las alarmas por su alto contenido en grasas saturadas y sodio.
El empresario divide su ingesta en cuatro comidas al día y es un firme defensor del llamado fitness snacking: ráfagas cortas pero muy intensas de ejercicio repartidas a lo largo de la jornada para mantener el metabolismo siempre activo.
Pero más allá de las calorías y los entrenamientos, la relación de David Beckham con la comida tiene un profundo componente emocional.
Detrás del magnate y de la estrella internacional, sigue estando aquel chico de clase trabajadora del este de Londres.
Cuando se le pregunta por sus comidas favoritas, aquellas que le reconfortan y le devuelven a su niñez, Beckham no menciona caviar ni restaurantes con estrellas Michelin.
Su mayor debilidad es un simple sándwich de baked beans (alubias estofadas en salsa de tomate) acompañado de unas patatas fritas de bolsa con sabor a sal y vinagre.
Este bocado tan característico de la cultura popular es, según él mismo ha confesado, su auténtico placer culpable.
Para Beckham, el ritual de abrir una bolsa de patatas con sal y vinagre es un viaje directo a los recuerdos de su infancia en los años 80, un contraste fascinante con la vida de lujo que comparte hoy junto a Victoria Beckham.
En definitiva, a sus 51 años, la dieta de David Beckham es el reflejo perfecto de su propia vida: una mezcla millonaria de exigencia física, tradición británica sin complejos y la capacidad de disfrutar, sin remordimientos, de los placeres más sencillos.
