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José Mourinho (63 años) siempre ha proyectado la imagen de un estratega implacable, calculador y envuelto en un halo de invencibilidad desde los banquillos.

Sin embargo, cuando los focos del estadio se apagan y el técnico regresa a la intimidad de su hogar, emerge un hombre de gustos sencillos y asombrosamente sincero sobre sus propias limitaciones terrenales.

Lejos de las sofisticaciones que se le presuponen a una figura de su estatus y trayectoria, la relación del portugués con los fogones es, en sus propias palabras, un auténtico desastre.

Durante unas recientes declaraciones, el entrenador no tuvo reparos en explicar su rutina doméstica y admitir que su destreza para las labores de la casa es prácticamente nula.

"Tendría que limpiar, y no quiero. Tendría que planchar, y no sé. Tendría que cocinar; cocinaría huevos fritos y salchichas porque es lo único que sé hacer", confesó haciendo gala de su característica sinceridad.

Esta declaración de intenciones deja claro que, a la hora de meterse en la cocina, Mourinho recurre a la receta más básica de supervivencia gastronómica.

Para él, diseñar tácticas y batirse en duelo contra los mejores equipos de Europa es su entorno natural; enfrentarse a una sartén es otro cantar.

La comida favorita de Mourinho

Aunque sus habilidades culinarias se limiten a los huevos fritos, su paladar es mucho más exigente y refinado.

Los años que pasó viviendo y entrenando en Italia dejaron una profunda huella en sus gustos personales.

El de Setúbal reconoce una gran debilidad por la comida tradicional del país transalpino, destacando dos elaboraciones por encima del resto.

"Mis platos favoritos son la piccata de limón y los raviolis de tomate", ha revelado, añadiendo enseguida una coletilla que evidencia su preocupación por mantener a raya la báscula a sus 63 años: "pero tengo que tener cuidado".

La piccata es un clásico italiano en el que el pollo o la ternera se cocina logrando un sabor cítrico espectacular gracias al toque del limón y las alcaparras, mientras que unos buenos raviolis bañados en una salsa de tomate casera se han consolidado como su auténtico placer culpable.

Pese a ser uno de los embajadores más universales de Portugal, cuando se le pregunta por su comida definitiva, Mourinho prefiere huir de los tópicos gastronómicos de su tierra.

En una reciente batería de preguntas rápidas concedida a los medios en las instalaciones de Valdebebas, sorprendió a todos saltándose el guion patrio.

"No puedo decir bacalao como todos los portugueses, así que digo un filete de Wagyu", confesó el técnico.

Esta exclusiva carne de origen japonés (reconocida mundialmente por su extrema jugosidad, su marmoleado de grasa infiltrada y su elevado precio) es el verdadero manjar que hace salivar al entrenador cuando decide darse un homenaje en la mesa.

Esta faceta íntima de Mourinho nos ha permitido conocer que el hombre detrás del polémico personaje se conforma con unos huevos fritos con salchichas en su día a día, se da caprichos italianos cuando se lo permite la dieta y corona sus grandes celebraciones con carne de Wagyu.

En la misma conversación, Mourinho eligió a Bryan Adams como su artista favorito. No solo lo admira profundamente como músico, sino además lo considera "un buen amigo".