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A sus 39 años recién cumplidos, Lionel Messi ha encontrado en Miami mucho más que un destino deportivo, ha hallado un refugio de paz.

Acostumbrado a la extrema presión de la élite europea durante décadas, su vida en Estados Unidos ha destapado una faceta íntima, familiar y asombrosamente cotidiana.

Lejos de las mansiones inaccesibles y las rutinas de los divos de Hollywood, el día a día del '10' es un canto a la sencillez que arrasa por su normalidad.

"Nos levanto a las 7 con los nenes, los llevamos a la escuela y ahí ya me voy al club". Con esta naturalidad desvelaba el rosarino, en una entrevista en el canal de streaming OLGA, su rutina matutina en diversas apariciones públicas y charlas distendidas.

En la casa de los Messi-Roccuzzo, el despertador no entiende de Balones de Oro ni de récords históricos. Antes de salir por la puerta, hay un paso obligatorio: el desayuno todos juntos en la mesa grande.

Cualquiera podría pensar en batidos de proteínas, exigentes ayunos intermitentes o un batallón de chefs privados preparando manjares de vanguardia.

Nada más lejos de la realidad. Las mañanas en su hogar saben y huelen a infancia argentina: "Desayunamos tostadas con chocolatada y a veces los chicos piden untar el pan con manteca y azúcar".

Mientras sus hijos (Thiago, Mateo y Ciro) disfrutan de este desayuno clásico, Leo se aferra a sus costumbres intactas.

Bajo el brazo nunca falta su termo para el mate, acompañado a menudo de unas buenas tostadas que, cuando el calendario deportivo le da un respiro, no duda en untar con dulce de leche.

Tras dejar a los niños en el colegio, Messi se transforma de nuevo en atleta en las instalaciones del Inter Miami. Mantener la frescura, la velocidad mental y esquivar las lesiones a sus 39 años exige un cuidado silencioso.

Aunque se permite sus licencias en el desayuno familiar, el resto del día mantiene una alimentación equilibrada, apoyada en pescados, verduras y libre de harinas refinadas.

Alrededor de la una de la tarde, el trabajo físico concluye y regresa a casa. "Comemos con Antonela solos", revela.

Es su pequeño oasis de desconexión en pareja en medio del ajetreo diario. Tras la comida, llega el momento más innegociable para el futbolista y su mayor secreto para la longevidad, la siesta.

Dormir tras el almuerzo es el hábito clave que le permite resetear el cuerpo y mantener a raya la fatiga acumulada.

El plan preferido del matrimonio es tumbarse en el sofá para ver juntos alguna película o engancharse a maratones de series.

La rutina de Messi

A las tres de la tarde, la tranquilidad termina. Toca volver a ejercer de padres a tiempo completo, recoger a los chicos del colegio y llevarlos para verlos entrenar.

Una vida de lo más normal para un hombre extraordinario, que demuestra que la auténtica juventud reside en la tranquilidad de una tarde de tele y un buen mate en familia.