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A sus 28 años, Dani Olmo atraviesa uno de los momentos más dulces y maduros de su carrera deportiva.

El jugador del FC Barcelona y de la Selección Española se ha consolidado como una pieza clave en un ecosistema donde el desgaste físico es implacable.

Para mantener su motor a pleno rendimiento, evitar lesiones y alargar su juventud deportiva, el catalán sigue una preparación meticulosa.

Sin embargo, detrás del atleta de élite hay un joven profundamente apegado a sus raíces que, cuando el árbitro señala el final del encuentro, busca refugio en los recuerdos más preciados de su niñez.

Si bien los futbolistas modernos parecen vivir a base de batidos y superalimentos, el verdadero punto débil de Olmo tiene una conexión directa con su hogar.

El tema principal en su vida cuando toca desconectar y darse un capricho no pasa por un restaurante de estrella Michelin.

Cuando decide saltarse la dieta tras el enorme desgaste calórico de la competición, su elección es pura nostalgia.

"Me gusta la cocina. Es algo que me interesa, no soy buen cocinero y no soy quien cocina en casa. Pero me gusta comer, soy de buen comer", explicó el futbolista en una entrevista.

"Mi abuela cocina muy bien. Lo que pasa que cada vez puedo comer menos porque tengo una dieta más equilibrada y estructurada, pero sí, recuerdo buenos platos suyos en mi infancia. Por parte de mi padre, las croquetas con jamón, ¡madre mía!", no dudó en expresarse.

Además, Olmo sigue una planificación adaptada a los entrenamientos y al calendario. Ha reducido el consumo de gluten, realiza ayunos puntuales en jornadas de menor intensidad y utilizada preparados con crema de arroz, leche y proteínas para favorecer la recuperación.

En sus rutinas también aparecen nueces, pistachos y anacardos. Los frutos secos aportan grasas insaturadas, proteínas, fibras y minerales, además de resultar fáciles de transportar.

"Es lo último que ingiero antes de entrar a jugar y me va bien, son grasas saludables. Es algo que mi nutricionista me insiste como un hábito que he cogido durante estos años", señaló en una entrevista

Su ritual más curioso llega antes de los partidos. "El café para mí es un esencial muy importante, sobre todo prepartido. Es lo que más me ayuda a activar y despertarme·", explicó a GQ.

La rutina de Dani Olmo

"Tiene que ser café solo. Aunque me guste con leche o con bebida de avena, antes del partido prefiero tomármelo solo y casi de un sorbo", añadió.

Sobre el consumo de café, el internacional catalán no dudó en bromear: "Dicen que el café te manda directo al baño después, pero eso me ayuda a ir luego más ligero al partido. Es un dos por uno".

Recientemente, desveló en Mundo Deportivo cuál es la comida americana que le encanta y la que no soporta. El de Terrasa se sinceró, sin dudar: "Me encanta la hamburguesa y no me gustan las salsas".