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El asturiano sigue desafiando las leyes del tiempo y de la biología. A sus 44 años, cuando la inmensa mayoría de los deportistas de élite ya disfrutan de un merecido retiro, Fernando Alonso continúa compitiendo al máximo nivel en la Fórmula 1, plantando cara a rivales a los que les dobla la edad.

Su secreto para mantener esa eterna juventud y esos reflejos intactos no reside en ninguna pócima mágica, sino en una rutina de hierro, kilómetros de resistencia y una alimentación muy estudiada que, sorprendentemente, también deja espacio para los pequeños placeres terrenales.

Para soportar fuerzas G extremas, perder hasta tres kilos por carrera y aguantar temperaturas que superan los 50 grados dentro del cockpit, el cuerpo de Alonso necesita un combustible de altísima calidad.

Sin embargo, su primera comida del día es mucho más mundana y reconocible de lo que cabría esperar en un atleta de su nivel.

Tal y como ha revelado su entorno, especialmente supervisado por su hombre de confianza y preparador, Edoardo Bendinelli, el campeón del mundo es pragmático al despertar.

Su mañana arranca con una combinación precisa para activar el metabolismo. Su desayuno consiste en "cereales con un poco de leche, y también un poco de proteínas como una loncha de jamón y una clara de huevo. Además de un zumo natural".

Pero lo que realmente ha humanizado su figura y conquistado a sus seguidores es su confesión más golosa: "A veces, añado galletas, y de vez en cuando, me encanta un poco de Nocilla".

Este pequeño capricho calórico no solo es un premio a nivel psicológico, sino que, en un cuerpo sometido a un gasto energético tan brutal, supone un pico de energía controlada antes de sus extenuantes jornadas físicas.

El entrenamiento para mantenerse joven pasados los 40 va mucho más allá del gimnasio. Para mantener su porcentaje de grasa corporal bajo mínimos y su capacidad cardiovascular como la de un chaval de veinte años, el asturiano es un auténtico devorador de kilómetros.

El ciclismo es el gran aliado de Alonso. Es un ciclista empedernido y puede llegar a rodar entre 50 y 80 kilómetros en sus jornadas de mayor intensidad.

Además, su rutina diaria incluye, irremediablemente, un trabajo específico de fuerza isométrica en el cuello y los hombros para soportar la inercia de los monoplazas modernos.

Por otra parte, el piloto confiesa que se permite salir de la rutina durante sus vacaciones: "Me traen comida a casa. Puede ser pizza, hamburguesas, burritos o lo que haya disponible. No salgo demasiado a diferentes restaurantes porque me reconocerán mucho".

El éxito del piloto español no es fruto de la casualidad. Es el resultado de escuchar a su cuerpo, darle la gasolina correcta, no prohibirse pequeños placeres que alimentan el alma y mantener la maquinaria engrasada a base de disciplina.

Una lección magistral de cómo alcanzar la madurez en un estado de forma absolutamente envidiable.