Fernando Tejero, uno de los actores más queridos de España, a quienes todos conocen como Fermín o Emilio, no siempre tuvo una vida rodeada de focos y aplausos.
Detrás de su éxito en el cine y la televisión se esconde una infancia marcada por el desarraigo familiar y una relación prácticamente inexistente con sus padres.
Además, Tejero, vivió una adolescencia un tanto complicada, tal y como ha comentado el actor en diversas ocasiones, ya que sufrió acoso por ser homosexual, así lo ha contado en el podcast 13 Cómplices.
El núcleo familiar de Fernando Tejero no fue el convencional. Por diversas circunstancias de la vida, el actor se crió con su tía en lugar de con sus padres biológicos. Durante trece años, esa fue su verdadera familia y su hogar.
Sin embargo, a los 13 años, su vida dio un vuelco traumático: su tía enfermó y Fernando se vio obligado a regresar a la casa de sus padres y hermanos, un cambio que describe como traumático.
"Para mí mis padres eran desconocidos más allá de que yo los viese en un cumpleaños o una Navidad"
Este sentimiento de pérdida afectó drásticamente su bienestar y sus estudios, provocando que se "metiera para dentro" al sentirse un extraño en su propia casa.
La relación con su padre
La convivencia con su figura paterna no logró sanar las heridas del pasado. El actor recuerda que "con mi padre no tenía ninguna relación, por desgracia, cero comunicación".
Este abismo generacional y afectivo se hizo evidente cuando, al terminar la EGB, Fernando expresó su deseo de ser actor.
La respuesta de su padre fue una sentencia que postergaría su sueño durante años y empezó a trabajar en la pescadería familiar, un oficio que, aunque no le gustaba, desempeñó hasta que decidió marcharse a Madrid a los 27 años para estudiar Arte Dramático.
Tejero ha admitido haber tenido la "autoestima reventada" durante gran parte de su vida, sintiendo una necesidad constante de gustar a todo el mundo como mecanismo de compensación por su pasado.
Sin embargo, gracias a todo por lo que ha pasado, el actor ha aprendido a utilizar su hipersensibilidad como una herramienta actoral.
A través de años de terapia y autoconocimiento, ha logrado transformar aquel dolor en una capacidad única para conectar con el público, reconociendo que, aunque "al principio es doloroso porque rascas", ese proceso le ha permitido ser mejor persona y gestionar sus emociones actuales.
