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Cuando los focos de los platós se apagan y las largas jornadas de televisión llegan a su fin, Toñi Moreno tiene un destino fijo en su brújula vital. No busca exóticos paraísos caribeños ni resorts inaccesibles.

La presentadora andaluza siempre vuelve a casa, al lugar donde creció y donde encuentra la paz absoluta, Sanlúcar de Barrameda.

Este municipio gaditano, enclavado estratégicamente en la desembocadura del río Guadalquivir y asomado a la inmensidad del Parque Nacional de Doñana, es el refugio personal e innegociable de la periodista.

Un rincón del sur donde las horas parecen transcurrir a otro ritmo y donde Toñi puede ser, simplemente, Toñi.

Sanlúcar ofrece a sus visitantes un litoral envidiable para desconectar por completo. Son nada menos que seis kilómetros de costa bañados por el océano Atlántico. Playas urbanas como Bajo de Guía, la Calzada o las Piletas destacan por su arena dorada y fina, el escenario perfecto para esos largos paseos al atardecer que tanto disfruta la presentadora, ahora en compañía de su hija Lola.

Es precisamente en esta arena donde, cada mes de agosto, se celebra el mayor espectáculo visual del verano andaluz, las famosas carreras de caballos, declaradas de Interés Turístico Internacional.

Pero el encanto del paraíso espectacular de Toñi Moreno no muere en la orilla del mar. El corazón de Sanlúcar late entre calles de cal y un patrimonio monumental que impone respeto. Dominando la localidad se alza el imponente Castillo de Santiago, una fortaleza del siglo XV erigida por el segundo duque de Medina Sidonia.

Sus robustos muros de piedra han sido testigos de siglos de historia -la mismísima Isabel la Católica contempló el mar desde allí- y desde su Torre del Homenaje se obtiene, a día de hoy, una de las panorámicas más espectaculares de toda la desembocadura.

Por supuesto, hablar del refugio de la presentadora es hablar obligatoriamente de su gastronomía. Sanlúcar es un auténtico templo para los paladares exigentes y el lugar exacto de la geografía española donde comer el mejor langostino.

Este crustáceo autóctono, inconfundible por sus bigotes largos, su cola azulada y su sabor a mar intenso, es el rey indiscutible de las barras locales.

No hay verano en el que Toñi no se deje ver disfrutando de la vida en la bulliciosa plaza del Cabildo o en los cotizados restaurantes del barrio marinero de Bajo de Guía. Allí, frente a la otra orilla del río, el ritual sagrado está claro, una ración de langostinos recién cocidos, unas tortillitas de camarones crujientes y una copa bien fría de manzanilla, ese vino único en el mundo que solo es posible criar bajo el velo de flor en las bodegas sanluqueñas gracias a la humedad del Atlántico.

Castillo de Santiago

Para la periodista catalana de nacimiento pero andaluza de corazón, este rincón de la costa de Cádiz es mucho más que un simple destino de vacaciones. Allí, disfruta de su luminoso chalet con vistas al mar con dos plantas, un salón amplio y una coqueta terraza.

Un pueblo que enamora por su luz cegadora, su peso histórico y, sobre todo, por esa autenticidad sin filtros que hace que quien lo pisa una vez, siempre necesite volver.