Publicada

Para Leiva la esencia de su infancia y el verdadero inicio de su relación con la guitarra no se encuentran en un estudio de grabación, sino en los "veranos infinitos" que pasó en la comunidad asturiana.

La familia de Leiva se trasladaba al extremo occidental de Asturias, muy cerca de Galicia, siempre que podían permitirse unas vacaciones: "Íbamos los 4 hermanos a una aldea en el Valle de los Oscos"

El músico se sinceró sobre su infancia durante una entrevista en El Faro de Mara Torres recordando especialmente la pequeña aldea de Bustapena donde forjó los recuerdos más profundos de su infancia.

La familia se hospedaba en una casa muy pequeña donde solo tenían por vecinos a una mujer que ordeñaba vacas y a un grupo de objetores de conciencia que vivían en la única vivienda cercana.

Por aquel entonces, la zona de los Oscos era un paraje prácticamente virgen: "En aquel momento aquella zona era una gozada, no había nada ni nadie", recuerda el músico sobre la aldea de Bustapena.

Leiva sigue asociando aquellos años al olor de la crema solar y a la inmensidad del Cantábrico.

Mientras otros niños frecuentaban las tranquilas playas del Levante, para Leiva el mar era sinónimo de bravura. "Para mí el mar era bravo; yo no conocí el mar Mediterráneo hasta que fui mayor. Para mí siempre fue salvaje", explica el artista.

El accidente musical

El hito más relevante de sus estancias en Asturias fue su primer contacto real con la ejecución musical.

Fue allí donde, con apenas 12 o 14 años, Leiva conoció a un joven objetor con estética "hippy" y look de " indio rockstar" que le enseñó sus primeros acordes.

El artista relata con nitidez este momento fundacional: "Me enseñó a tocar Always on the run de Lenny Kravitz a la guitarra. Siempre que mis padres me dejaban me iba a casa de los objetores de conciencia a tocar con ellos".

Este encuentro fortuito en la montaña asturiana sembró la semilla de lo que Leiva define hoy como un "accidente" que lo llevó a dedicarse profesionalmente a la música.

Leiva confiesa que hoy, cuando busca un "espacio seguro" para calmar la angustia, Leiva confiesa que su mente viaja a la montaña, al silencio de la nieve y a esos paisajes que descubrió de niño en el norte.

Asturias no solo fue el escenario de sus vacaciones, sino el lugar donde un niño que quería ser futbolista empezó, sin saberlo, a convertirse en músico.