En un fútbol moderno cada vez más artificial y desconectado de la realidad social, la historia de Lamine Yamal (19 años) es un soplo de aire fresco que nos devuelve a los verdaderos orígenes del deporte.
La actual estrella del FC Barcelona y de la Selección Española no creció rodeado de lujos, academias de pago ni juguetes caros.
Su infancia, arraigada en el humilde barrio de Rocafonda, en Mataró (Barcelona), estuvo marcada por el esfuerzo diario de unos padres que hacían encajes de bolillos para llegar a fin de mes.
Mientras muchos de los niños de su generación pasaban las tardes de invierno frente al televisor, inmersos en universos virtuales con un mando en las manos, el pequeño Lamine forjaba su destino en la calle.
Y no siempre por elección propia, sino por necesidad. Las consolas de última generación eran un sueño inalcanzable para la economía familiar.
Con la madurez asombrosa de quien ha vivido más rápido de lo que marca su DNI, el propio Lamine rompía recientemente su coraza mediática para hablar a corazón abierto sobre sus raíces.
Con una naturalidad pasmosa, el extremo confesaba para ESPN: "Cuando era pequeño, mi madre no tenía la posibilidad de comprarme la Play o la Nintendo. Entonces jugábamos con mis amigos en el patio con esas cartas de Pokémon, que valían un euro".
Esta demoledora declaración resume a la perfección la realidad de su hogar. Sheila Ebana, su madre, trabajaba de sol a sol y fue el verdadero pilar emocional y económico en los primeros años de vida del futbolista.
Esa madre que, seguramente con el corazón encogido por no poder ofrecerle a su hijo la videoconsola de moda o los videojuegos de Nintendo que anunciaban en televisión, le entregó a cambio un regalo mucho más valioso: el asfalto, la libertad y una educación basada en la humildad.
Ese entorno fue su verdadera escuela. Por eso, el gesto que Lamine hace con sus manos cada vez que marca un gol, dibujando los números 304 (el código postal de Rocafonda), es una declaración de intenciones.
Es su forma de decirle al mundo entero que no olvida de dónde viene. De recordar a sus vecinos, a su padre Mounir y a su madre Sheila y a todos los que compartieron con él aquellos sobres de cartas que se compraban reuniendo monedas sueltas.
Los orígenes de Lamine Yamal
Hoy, a sus 19 años y consagrado como una superestrella de talla mundial, Lamine Yamal podría comprarse todas las consolas del planeta.
Sin embargo, en un mundo lleno de tentaciones, su mayor tesoro sigue siendo memoria.
El recuerdo de aquellas tardes de Pokémon a un euro es la lección de vida que mantiene los pies del genio pegados a la tierra, demostrando que los orígenes nunca deben olvidarse, por muy alto que uno llegue a volar.
