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A sus 19 años, Lamine Yamal ha dejado de ser una promesa para consolidarse como una de las estrellas más brillantes del panorama futbolístico mundial. Su desparpajo en el campo y su asombrosa madurez han cautivado a millones de aficionados.

Sin embargo, detrás de los focos, los estadios llenos y la presión mediática, el joven extremo mantiene los pies en la tierra gracias a una rutina espartana y, sobre todo, a un profundo vínculo con sus raíces familiares.

Para entender el inagotable rendimiento físico de Lamine, hay que mirar hacia su hogar. Pese a contar hoy con los nutricionistas más prestigiosos, la base de su fuerza reside en la nostalgia de los fogones maternos.

"En mi infancia, mi madre me hacía una receta de arroz con salsa de cacahuete para coger fuerzas", recuerda el futbolista con cariño.

Este plato, de clara inspiración en sus raíces de Guinea Ecuatorial, le aportaba desde niño esa mezcla ideal de carbohidratos, proteínas y grasas saludables que hoy sigue siendo vital para la explosividad que demanda su profesión.

Hablar de "mantenerse joven" o fresco en un deporte de élite a los 19 años puede parecer una obviedad, pero el fútbol moderno desgasta las articulaciones y la musculatura a un ritmo vertiginoso.

Para prevenir el envejecimiento prematuro de su cuerpo, la disciplina de Yamal comienza cuando apenas ha salido el sol.

"Me levanto a las 6:30 de la mañana, bebo un vaso de agua grande, estiro los músculos y me hago el desayuno en 15 minutos", explica. Ese primer vaso de agua en ayunas es innegociable para activar el organismo.

Su desayuno, preparado por él mismo, es puramente funcional: huevos para garantizar una recuperación muscular y bayas, un antioxidante natural indispensable para combatir el estrés físico.

Su compromiso con su fe y su profesión es tal que, durante el mes de Ramadán, no duda en adaptar su reloj biológico, levantándose de madrugada para poder alimentarse e hidratarse antes de que salga el sol y seguir rindiendo al más alto nivel.

A pesar de su estricto cuidado, Lamine sabe que la salud mental pasa también por disfrutar de los pequeños placeres.

La rutina de Lamine Yamal

Por las tardes, la exigencia cede un poco de espacio al disfrute familiar. A la hora de la merienda, el futbolista se permite desconectar sin preocuparse por las calorías disfrutando de unas pastas marroquíes acompañadas de un té tradicional.

Es en ese entorno hogareño, rodeado del olor a las galletas caseras que su madre suele hornear para su hermano pequeño, donde la estrella mundial vuelve a ser simplemente Lamine. Un joven de 19 años que ha conquistado el mundo a base de madrugones, disciplina y el recuerdo imborrable de la cocina de su madre.