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Hoy en día, ver a Paz Padilla en la pantalla es sinónimo de éxito, humor y carisma. Conduce programas de televisión, agota las entradas de sus obras de teatro y ha publicado libros superventas.

Sin embargo, detrás de esa sonrisa incombustible que conquista a millones de espectadores, se esconde un pasado marcado la escasez extrema. A sus 56 años, la humorista gaditana no tiene reparos en mirar hacia atrás y desnudar las profundas cicatrices de una infancia donde el hambre era un invitado habitual en su mesa.

Nacida en el seno de una familia humilde y numerosa en Cádiz, Paz creció aprendiendo el verdadero valor de las cosas por la vía más dura, la de la necesidad absoluta.

Su padre, Luis, trabajaba de sol a sol como cristalero, mientras que su madre, la inolvidable Lola, se dejaba la piel como limpiadora para intentar sacar adelante a los suyos.

Pero los números rara vez cuadraban a final de mes. La propia presentadora lo ha recordado sin tapujos: "Mi madre no tenía un duro y mi padre tampoco... durante mi infancia solo comíamos pan con manteca". Aquellas palabras rompen el corazón a quienes solo conocen su actual faceta de estrella televisiva.

La realidad diaria de la familia Padilla era una auténtica carrera por la supervivencia. Su madre se convertía en una heroína sin capa cada mañana, tragándose el orgullo por el bien de sus hijos.

Según ha relatado la propia Paz: "Comimos mucho pan tostado. Mi madre iba a la panadería para que le dieran el pan duro del día anterior y a la frutería para que le dieran la fruta picada. Era una buscavidas".

Con ingenio, su madre lograba engañar los estómagos vacíos de sus pequeños. Y sobre los pequeños lujos, Paz admite: "Ahora veo todo lo que yo tengo y me doy cuenta de que soy una privilegiada. Yo nunca he tenido unos zapatos nuevos".

Pero la precariedad económica no fue el único drama que marcó sus primeros años. En una de sus confesiones más estremecedoras, la cómica relató un episodio que estuvo a punto de acabar en tragedia absoluta.

En medio de aquella pobreza, una jovencísima y traviesa Paz provocó un accidente doméstico de proporciones devastadoras: "Yo metí fuego en mi casa, prendí fuego al colchón y dejé la casa en cenizas. Tardé como diez años en asumir la autoría y me arrepentí porque me acogió una vecina que solo ponía lentejas".

Un golpe durísimo para unos padres que no tenían recursos ni para comer y mucho menos para reconstruir un hogar destruido por las llamas. A esto se suman sus intentos de huida: "Un día me escapé de mi casa con una barra de pan y un trozo de mortadela. Pensaba que tenía todo lo necesario para independizarme", rememoraba entre risas.

El éxito de Paz Padilla

Para aportar en el hogar, tuvo que arrimar el hombro desde pequeña: "Mi primer trabajo fue recoger algodón. También he vendido pan duro, he repartido folletos, he vendido carbón".

El contraste de aquellos días con su vida actual es, sencillamente, abismal. Aquella niña que cenaba pan duro y recogía algodón es hoy una empresaria de éxito, goza de la fama televisiva y cuenta con un cariño indudable del público.