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A sus 71 años, José Mercé sigue conservando intacto el 'duende' que lo encumbró como una de las grandes leyendas vivas del flamenco en nuestro país. Sin embargo, detrás del inmenso artista que sigue llenando auditorios, emocionando con su quejío y derrochando carisma, hay un hombre de costumbres sencillas que ha sabido encontrar el equilibrio diario.

El jerezano ha demostrado que llegar a la séptima década con una energía arrolladora es el resultado de saber cuidarse, tanto física como emocionalmente.

Lejos de los trasnoches y excesos que antaño parecían inseparables del mundo de la bohemia, el cantaor lleva hoy una vida ordenada y enfocada en su bienestar. Su principal motor para arrancar cada mañana es un desayuno que combina el puro sabor de la dieta mediterránea con la necesaria prudencia médica.

Tal y como él mismo ha detallado con su habitual naturalidad, su primera comida del día es un ritual intocable: "Desayuno un café descafeinado con leche; una ración de jamón ibérico con unas rodajas de tomate; y mis pastillitas para la tensión. A veces, sino, atún con aguacate".

Esta elección no es casual. Se trata de una combinación perfecta de proteínas de alta calidad, antioxidantes y grasas saludables que le proporcionan energía duradera.

Al apostar por el descafeinado y tener siempre presentes sus pastillas, Mercé demuestra ser muy riguroso con su salud cardiovascular, un factor vital para aguantar la enorme exigencia pulmonar de sus recitales.

A diferencia de otras celebridades que presumen de contabilizar al milímetro sus kilómetros en un reloj inteligente o de machacarse en el gimnasio, el método de José Mercé para mantenerse activo es mucho más orgánico y está íntimamente ligado a su vocación.

Su verdadera rutina física y mental está sobre las tablas. Con una agenda que no frena, el simple hecho de ensayar, viajar de ciudad en ciudad y entregarse durante horas en cada concierte exige una resistencia envidiable.

Como él mismo asegura, el secreto es no perder nunca la ilusión: "Tengo salud y muchas ganas de trabajar y divertirme". Para aguantar ese ritmo incombustible, el descanso es sagrado.

Cuidar sus horas de sueño y llevar una vida tranquila en su hogar, alejado del ruido mediático siempre que su trabajo se lo permite, es la contrapartida necesaria para proteger su voz y su salud.

Su auténtico elixir de juventud, el que le da la vida cada día, no se mide en dietas milagro, sino en momentos compartidos. Su esposa, Mercedes García, a la que conoció siendo un adolescente y con la que se casó a los 18 años ("yo nací casado", suele bromear), es su pilar fundamental.

La rutina de José Mercé

Junto a ella, sus hijas Desirée y O'Hara, y la alegría inmensa que le aportan sus nietos, forman su refugio inexpugnable.

La vida golpeó a la familia de la forma más trágica posible con la repentina pérdida de su hijo Curro cuando este tenía solo 14 años debido a un problema cardíaco..

Aquella herida imborrable le enseñó a valorar cada pequeño instante, a exprimir el presente y a transformar el inmenso dolor en luz; un viaje emocional de pura supervivencia que plasmó magistralmente en su aclamado proyecto El Oripandó.