Cuando llega el calor a la capital, encontrar un remanso de paz se convierte en el mayor lujo. Mientras que muchos rostros conocidos hacen las maletas rumbo a las exclusivas costas de Ibiza o las villas privadas de Marbella, otros prefieren exprimir los rincones más mágicos y desconocidos de la ciudad.
Antonio Carmona, 61 años, pertenece, sin duda, a este segundo grupo. El exvocalista de Ketama ha encontrado su santuario particular sin necesidad de salir de la M-30.
Lejos de los focos de los platós, los multitudinarios photocalls y la exigencia de los escenarios, el artista granadino busca la tranquilidad en un enclave que, aunque céntrico, parece sacado de un pueblo costero.
No es un resort de cinco estrellas ni un club privado de acceso restringido. Se trata de un espacio abierto, popular y con solera, en el que el cantante disfruta de los pequeños placeres de la vida alejado del bullicio.
Tal y como ha desvelado recientemente la popular Guía Repsol en su selecta ruta de Soletes favoritos de los famosos, el rincón fetiche de Carmona es el Kiosko Moret.
Este pintoresco establecimiento se encuentra estratégicamente ubicado en el número 11 del Paseo del Pintor Rosales, justo a las puertas del majestuoso Parque del Oeste, en el acomodado distrito de Moncloa-Aravaca.
Para el músico, la elección de este refugio no es ninguna casualidad. El frondoso entorno arbolado y la brisa constante que recorre los senderos del parque ofrecen un respiro inigualable cuando los termómetros madrileños se disparan en pleno verano.
El restaurante favorito de Antonio Carmona
Pero el mayor atractivo de esta terraza es el espectáculo visual que regala al caer la tarde. "Aquí se pueden ver las mejores puestas de sol de Madrid, acompañado de buenas carnes y pescados a la brasa", señaló Carmona.
El Kiosko Moret no solo es un lugar de peregrinación para disfrutar de una caña bien tirada o un aperitivo tradicional de fin de semana. Para Carmona, este enclave es sinónimo de hogar, de raíces y de pausa.
Sentarse en una de sus mesas de chapa, bajo la sombra de los inmensos plátanos de sombra, permite al artista pulsar el botón de reinicio.
Es habitual verle apurar la tarde rodeado de su círculo más íntimo, compartiendo confidencias mientras el cielo de la capital se tiñe de tonos anaranjados y rojizos sobre la infinita extensión de la Casa de Campo.
La ubicación elevada del Parque del Oeste, asomado directamente a la cornisa del río Manzanares, proporciona una panorámica limpia, espectacular y muy poco habitual en el centro de una metrópoli.
A nivel gastronómico, este refugio urbano destaca por su honestidad. Alejado de las pretensiones de la alta cocina, el reconocimiento que ostenta premia precisamente esa autenticidad: tapas clásicas, un ambiente relajado y un trato cercano por parte de los camareros.
Es el escenario ideal para que un personaje de la talla de Antonio Carmona pueda pasar completamente desapercibido, cobijado por el anonimato relativo que ofrece una terraza llena de familias, paseantes y vecinos del barrio.
Mientras la ciudad sigue rugiendo con su tráfico habitual a escasos metros de distancia, en el rincón predilecto de Carmona el tiempo parece detenerse por completo.
Un pequeño trocito de paraíso terrenal que demuestra que no siempre hace falta tomar un avión para encontrar el destino perfecto. Solo hace falta saber dónde mirar cuando el sol empieza a esconderse.
