A sus 83 años, la autora de la icónica novela La casa de los espíritus despliega una energía envidiable que demuestra que la juventud es, por encima de todo, una cuestión de actitud y disciplina.
Con más de 65 millones de libros vendidos a lo largo de su carrera, la escritora chilena tiene una rutina diaria milimetrada que la mantiene activa, sana y plenamente conectada con su inagotable creatividad.
Su mayor secreto es un ritual de madrugada innegociable, ejercicio físico constante y una curiosa regla de vestimenta.
Para Isabel Allende, exprimir el día al máximo es una auténtica filosofía de vida que le ayuda a mantener a raya el envejecimiento. "Me levanto a las 5.30 de la mañana. Todos los días. No me alcanza el día, no me alcanzan las horas para todo lo que tengo que hacer, investigar, estudiar, escribir, revisar...", confiesa la propia autora.
Sin embargo, no salta directamente de la cama a la frenética rutina de trabajo. Su primer paso para cuidar la salud mental y mantenerse serena es preparar una buena taza de café y volver a su cuarto: "Me preparo un café y me siento en la cama al menos media hora para ordenar mis pensamientos y estar agradecida".
Durante al menos media hora, se sienta bajo las sábanas para organizar sus pensamientos y, sobre todo, practicar la gratitud.
"Estoy agradecida porque me despierto en una cama con dos perros y mi esposo. Mi ventana da a la laguna, así que veo salir el sol, lo cual es increíble", relata con la pasión de quien saborea los pequeños detalles.
Ese momento de paz absoluta frente al amanecer y su indispensable dosis de cafeína son su verdadero motor diario.
El paso del tiempo parece no hacer mella en la escritora y desde luego no es fruto de la casualidad.
Tras ese primer café de reflexión, llega el turno de activar el cuerpo. Allende tiene clarísimo que el movimiento es pura vida a los 83 años, por lo que dedica tiempo a mover el esqueleto.
"Hago ejercicio, como todos los días, y también escucho a Wolfgang Amadeus Mozart", explica de forma tajante, dotando a sus músculos y articulaciones de la fuerza necesaria para aguantar largas jornadas literarias.
En cuanto a su alimentación, ha encontrado un equilibrio perfecto que combina nutrición y socialización.
Aunque en su juventud trabajaba ocho horas seguidas sin levantarse de la silla, ahora valora la pausa.
Al mediodía frena su jornada para compartir un almuerzo con su equipo. Su menú predilecto para mantenerse ligera es sushi y comida tailandesa, opciones repletas de proteínas y omega-3 que la ayudan a sentirse ágil y vital.
Mantenerse joven también exige cuidar el intelecto. A la hora de escribir, Isabel tiene una norma estricta que le ayuda a separar el ocio de las obligaciones, jamás trabaja en pijama.
"Me visto como si fuera a la ópera, para que haya una separación entre mi tiempo libre y mi trabajo", confiesa divertida. Ya sentada frente a su escritorio, sintoniza la emisora de música clásica para escuchar a Mozart mientras toma tazas y tazas de café para mantener el foco. "Mi marido está horrorizado porque, incluso de todo el café que tomo durante el día, duermo como un bebé", afirmó en una entrevista.
El estímulo mental no acaba en la escritura. Cuenta con el apoyo de su hermano, un profesor jubilado que investiga para sus novelas y le envía información, lo que la obliga a estudiar y mantener su cerebro en constante ebullición.
Al caer la noche, su forma de desconectar es totalmente terrenal: se sienta en el sofá con su marido a devorar series de televisión, donde asegura encontrar muchísima inspiración para sus personajes.
Una vida llena de amor, pasión literaria y hábitos saludables que explican por qué, a sus estupendos 83 años, Isabel Allende sigue deslumbrando al mundo y sintiéndose plena.
