El ritmo pausado de las plazas, las fachadas encaladas y la luz cálida del suroeste crean una atmósfera sencilla y cercana, donde la vida transcurre entre tradición y encuentro.
Las calles se abren entre iglesias, casas señoriales y rincones que conservan la esencia de la Extremadura más auténtica.
Hablamos de Fuente del Maestre, una localidad donde tradición, patrimonio y serenidad rural se funden arraigados a su tierra.
Situado en el corazón de la provincia de Badajoz, se alza este pueblo que encaja como un fotograma de película: calles estrechas, casas encaladas, palacio mudéjar y un casco histórico declarado Bien de Interés Cultural.
Su centro histórico es el núcleo de su encanto que puede recorrerse perfectamente a pie. Declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1998, el municipio se organiza alrededor de dos plazas principales: la Plaza de España y la Plaza del Corro, unidas por la Calle Pizarra.
Al caminar por sus calles, lo primero que se percibe es la armonía de sus fachadas: casas blancas o de piedra tosca, con techos de teja árabe, ventanas sencillas y puertas de madera pesadas.
El aire que se respira es el de un pueblo donde la arquitectura popular extremeña predomina y cede el protagonismo al conjunto, no al detalle aislado.
Las calles se entrelazan en pequeños trazados, dejando espacio para patios interiores y portales que conectan con jardines o huertos traseros. Es un tejido urbano compacto, pensado para el uso cotidiano para la vecindad, la sombra en verano y el descanso después del campo.
Para recorrer Fuente del Maestre a pie, basta con un buen ritmo y una mirada atenta. El punto de partida lógico es la Plaza de España, donde se alzan dos de las piezas clave del conjunto; el Ayuntamiento y la parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria.
Como curiosidad, el suelo de la plaza está cubierto por un mosaico de piedra del siglo XV-XVI que recorre toda la superficie entre estas dos obras arquitectónicas.
Plaza de España con la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria en Fuente del Maestre, Badajoz
A pocos pasos encontrarás la Plaza del Corro, que concentra la esencia civil y señorial del pueblo. Allí se levanta el Palacio del Gran Maestre, edificio emblema construido en el siglo XVI y de estilo mudéjar.
Su portada de piedra, con escudos y blasones, y su volumen compacto proyectan una imagen de autoridad templada. Hoy alberga el Hogar del Pensionista.
Junto al palacio, la Fuente del Corro completa la escena. Este es un conjunto cuadrado de piedra que recuerda el pasado hidráulico y cotidiano del pueblo. Cerca de la plaza también se conserva un tramo de la antigua muralla medieval.
Fuera de las plazas, el pueblo se abre a espacios religiosos como el Convento de los Franciscanos, el Monasterio de Santa Maria la Hermosa o la Iglesia de las Concepcionistas.
Otras joyas dispersas son la Ermita de Santa Lucía, la de la Señora del Buen Suceso o la de Santa Rita.
Recorrer Fuente del Maestre es hacerlo por un pueblo histórico. Un territorio lleno de sabores, acordes y silencios.
