Las casas blancas trepan por la roca como si hubieran nacido en ella, suspendidas sobre el río y protegidas por la silueta del castillo que domina el paisaje desde lo alto. Esta imagen parece imposible, casi esculpida entre piedra, agua y luz.
El trazado de sus calles serpentea entre cuestas, cuevas y miradores que se asoman al valle, creando una sensación constante de vértigo sereno. Aquí la naturaleza y la arquitectura conviven de forma tan estrecha que cuesta distinguir dónde termina una y empieza la otra.
Así se revela Alcalá del Júcar, un enclave donde río, montaña y herencia medieval se funden entre sí.
Alcalá del Júcar, en Albacete, es uno de los pueblos más bonitos de España.
Con apenas 1.200 habitantes censados, este pueblo ubicado en la provincia de Albacete parece sacado de un cuento. Y no es que lo digamos nosotros, sino que, según National Geographic, forma parte de los 100 pueblos más bonitos de España.
Su casco histórico enamora a quien lo pisa. Basta una primera vista desde la carretera para entender la razón. Casas blancas que trepan por la montaña, un puente de origen romano que cruza el río y un castillo medieval en lo alto que parece custodiar siglos de historia.
Alcalá del Júcar se integra perfectamente al paisaje. Aquí, la naturaleza no es un telón de fondo, sino la protagonista.
Las hoces del Júcar moldean el terreno en curvas imposibles y el propio pueblo parece adaptarse con elegancia a la piedra, con cuevas convertidas en casas, restaurantes o incluso discotecas que mantienen su esencia excavada en la roca.
Las calles empinadas y estrechas del casco histórico dibujan un entramado donde la roca es pared y techo al mismo tiempo. Muchas viviendas, como decimos, son casas cueva.
Alcalá del Júcar (Albacete)
En su centro también destaca la iglesia de San Andrés, construida entre los siglos XV y XVIII y el puente que une el casco histórico con la zona moderna.
En lo alto del pueblo se alza su castillo, fortaleza de origen almohade reforzada y remodelada a lo largo de la Edad Media. Su subida es impresionante ya que ofrece un mirador con vistas panorámicas a los tejados rojizos, a su vegetación y al río.
Alcalá de Júcar.
Una de las imágenes que más sorprende a los visitantes es su característica plaza de toros, considerada entre las más singulares de España. Su rareza es su irregularidad en forma ovalada y su adaptabilidad a la orografía.
El graderío tallado en la roca, sus muros de adobe y su planta no perfectamente circular, recuerdan a los antiguos anfiteatros.
Plaza de toros de Alcalá del Júcar.
Tu visita a Alcalá del Júcar no acaba aquí, deberás visitar "la playeta", una pequeña playa fluvial que en verano actúa como núcleo de ocio. Se encuentra cruzando el puente, justo debajo del casco histórico.
Merece la pena que acudas a descubrir este pueblo, sino que se lo digan a Hiba Abouk, que calificó su visita como preciosa y la recomendó encarecidamente a sus seguidores.
