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Hay lugares donde la historia se percibe en cada esquina, donde el pasado no se desvanece, sino que parece suspendido entre muros. Villas que conservan la elegancia de otro tiempo en sus palacios y lugares secretos.

Calles rectas, plazas sobrias y fachadas de piedra son el escenario principal donde la vida avanza tranquila y solemne. Todo invita a imaginar cómo se vivía en esa época.

Un claro ejemplo se encuentra en Pastrana, una villa ducal donde el legado renacentista y la huella de grandes personajes han dejado una identidad única y elegante.

Vista del casco antiguo de Pastrana, Guadalajara iStock

Este pueblo, situado en la provincia de Guadalajara, cuenta con un patrimonio muy notable que le valió para ser declarado Conjunto Histórico-Artístico en el año 1966.

Ocultada entre las colinas de la Alcarria, surgió como aldea medieval bajo la orden de Calatrava en el siglo XIII. Tres siglos después, la villa se convirtió en cabeza de un ducado, reclamando el título de Villa Ducal y su importancia se consolidó con la llegada de la familia Mendoza y la Cerda.

El protagonista indiscutible de su encanto es el Palacio Ducal, edificio renacentista construido en el siglo XVI por encargo de Doña Ana de la Cerda, abuela de la princesa de Éboli, sobre el antiguo castillo de la orden de Calatrava.

De planta cuadrada y de cuatro torres, el palacio se impone sobre la Plaza de la Hora, a la que se sube a través de unas escaleras de piedra que evocan aires medievales.

Como decimos, lo que más evoca Pastrana es la figura de la princesa de Éboli, que vivió en el Palacio como una reina desplazada.

Tras ser una de las mujeres más poderosas de la Corte, terminó encarcelada de por vida por orden de Felipe II debido a su implicación en una oscura intriga política y amorosa junto al secretario real Antonio Pérez.

Hoy en día uno de sus lugares más icónicos es el balcón de la reja, donde la princesa solía asomarse apenas una hora al día.

En Pastrana también es importante la huella que dejó Santa Teresa de Jesús. Esta, llamada por la princesa, fundó dos conventos carmelitas: el de las monjas y el de los frailes, hoy Convento del Carmen.

Patrimonio que se explora a pie

El encanto de este pueblo se siente caminando por sus calles. Tras visitar la plaza de la Hora y el Palacio Ducal, no puedes perderte la Colegiata de la Asunción, construida en el siglo XIV.

El edificio resulta el efecto acumulativo de varias etapas con su parte gótica, manierista y clasicista. Lo que más destaca cuando se recorre es la diferencia de altura entre la cabecera y el resto del templo.

A unos pocos pasos de la iglesia, se encuentra la Fuente de los Cuatro Caños, testigo del paso del tiempo en la villa.

No muy lejos, puedes acudir al mencionado Convento del Carmen, hoy museo de arte sacro, y al Convento de San Francisco.

Si quieres divisar el pueblo desde otra perspectiva completamente diferente, puedes hacerlo desde el cerro de la Cruz o el de la Virgen de la Soledad.

Aunque el que más llama la atención es el cerro del Sagrado Corazón, situado a unos 837 metros de altitud, donde se alza el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, un Cristo de brazos extendidos con la ermita de la Virgen de la Inmaculada justo al lado.

Pastrana es un lugar que inspira a cualquiera. Uno de ellos fue Camilo José Cela, que, tras visitarlo, dejó escrito que "había despertado en la Edad Media".

Una sensación que sigue presente cuando recorres sus recovecos con farolas antiguas, balcones de hierro y casas de piedra labrada.