Hay lugares que parecen resistirse al paso del tiempo, como si hubieran decidido permanecer intactos frente al ritmo acelerado del presente. Rincones donde la historia no se recuerda, sino que se respira en cada piedra, en cada calle silenciosa.
En el corazón de Castilla y León emerge uno de esos lugares, un pueblo medieval suspendido en el tiempo, envuelto en murallas que guardan siglos de historia y silencio. Aquí la esencia rural se percibe con nitidez: pausada, auténtica, ajena al ruido.
Así es Urueña: un símbolo de la España rural más profunda, donde el tiempo se detiene y los libros llenan el silencio.
Urueña, Valladolid, España Vista de las antiguas calles de piedra del pueblo con su iglesia al fondo
Este encantador lugar situado en Valladolid parece sacado de un cuento histórico. Con tan solo 200 habitantes, está rodeado por una muralla muy bien conservada del siglo XII.
Asentada sobre cimientos de origen romano, esta fortaleza adapta su planta irregular a los riscos del terreno. Sus elementos más emblemáticos son la Torre del Homenaje y el "Peinador de la Reina" o Torreón de la Urraca, el punto más alto que une el castillo con la muralla.
Este castillo, que actúa como baluarte de la propia muralla, data del siglo XI y aprovecha una fortificación romana previa. De su estructura original de planta rectangular solo se conservan los muros exteriores, ya que el espacio interno desapareció y fue reconvertido, durante un largo periodo, en el cementerio municipal.
Castillo de Urueña
Si hablamos de su casco histórico, prácticamente todo el pueblo, fue declarado Conjunto Histórico- Artístico en el año1975. Su buena conservación ofrece a su visitante el aspecto de una pequeña ciudad medieval.
Sus calles empedradas e irregulares forman un laberinto adaptado al relieve escarpado de los Montes Torozos. Paseando por sus calles podrás visitar la Ermita de Nuestra Señora de la Anunciada y la Iglesia de Santa María del Azogue.
Como curiosidad, Urueña es la primera "Villa del libro" de España, un título concedido en el año 2007 por la diputación de Valladolid para revitalizar este pueblo medieval mediante la cultura literaria.
La iniciativa surgió a principios de los 2000 para combatir el despoblamiento, atrayendo a librerías especializadas en libros antiguos, raros, descatalogados o de segunda mano. En la actualidad cuenta con 12 librerías, más que bares por habitante, distribuidas en calles y corros empedrados.
Así, este lugar alberga más libros por persona que cualquier otro pueblo, impulsando eventos, ferias y turismo bibliófilo que complementan su muralla y patrimonio medieval.
