Loles León (75 años) vive a contrarreloj: madruga antes del amanecer, duerme poco y ha convertido la dieta saludable en un guion más de su vida diaria.
Su rutina es la de una actriz veterana que sigue encadenando rodajes, teatro y televisión sin renunciar a su carácter combativo.
Cuando rueda La que se avecina, Loles arranca el día casi de noche. Ella misma lo resumió con claridad.
"Me levanto a las cinco y media de la mañana para grabar La que se avecina y después al teatro. Llego a casa a las doce de la noche. Estoy durmiendo entre cuatro y cinco horitas y llevo cuatro meses sin salir de noche", afirmó en una entrevista en XL Semanal.
Ese ritmo ya le pasó factura en su etapa en Aquí no hay quién viva, cuando las jornadas se hacían eternas.
Recuerda que entonces "te recogían a las 6 de la mañana, te devolvían a las 12 de la noche y a la 1 te pasaban el guion del día siguiente", lo que describe como un rodaje "muy ahogado" por el que enfermó de estrés.
El primer gesto del día también ha cambiado. Loles presume de haber dado un giro radical a su manera de comer, guiada por su endocrino.
Cuenta que ha adelgazado 17 kilos en unos años "sin darse cuenta", y que ahora se define como una mujer "sin, sin, sin: sin lactosa, sin azúcar y sin gluten".
Su desayuno tipo ya no tiene nada de improvisado: "He cambiado mi alimentación por otra mucho más sana. Tomo café con leche de avena light. Unas tostadas de pan sin gluten, con mermelada sin azúcar y pavo", detalla.
Esa combinación le permite llegar ligera al rodaje, pero con energía suficiente para aguantar la mañana entre focos y cámaras.
Su agenda se organiza en torno a los proyectos. Cuando está grabando La que se avecina y, a la vez, subiendo cada noche al escenario del teatro, su día se convierte en una maratón: rodaje por la mañana, funciones nocturnas y apenas unas horas de sueño en medio.
"La Menchu de la mañana se convierte en duende lorquiano por la noche", explica con ironía sobre el cambio de registro entre la comedia televisiva y el teatro poético. Esa hiperactividad viene de lejos y también ha condicionado sus decisiones profesionales.
Sobre su salida de Aquí no hay quien viva, no se muerde la lengua: "Sí, yo quería más dinero y no me lo daba. Le dije que me iba", confiesa sobre su negociación con el productor José Luis Moreno.
Aquella etapa fue tan exigente que admite que "el estrés me enfermó, nos enfermamos todos", y que terminó plantándose: "Le dije o más dinero o... ya está, ya me he cansado".
Loles organiza su día, pero también su carrera, con una mezcla de instinto y contundencia. "Yo sé quién soy y sé lo que voy a dar... Yo soy caviar, así que me pagas", proclama cuando habla de cómo defiende su caché.
No esconde que hay decisiones que han sido puramente económicas: "He pensado que voy a hacer esta película, que me tengo que cambiar la tele, que se me ha roto. Pues la hago y me compro una tele. Voy a MasterChef, que pagan bien y necesito este dinero porque me he quedado a dos velas...".
Entre madrugones, dietas sin azúcar y jornadas eternas, Loles mantiene intacto el humor y la rebeldía.
"Llega un momento en tu vida en el que lo dejas todo por ser lo que quieres ser... pues entonces yo ahí me rebelo y digo no", resume sobre cómo planta cara cuando siente que no se respetan los tiempos y las realidades de los actores.
Una rutina dura, pero muy suya, que explica por qué, a sus 75 años, sigue siendo una de las caras más buscadas de la televisión española.
