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Lolita Flores tiene 67 años y sigue siendo uno de los rostros más luminosos del espectáculo español.

A su físico cambiante, pero real y sin filtros, lo acompaña una forma muy particular de cuidarse en su día a día y alargar la longevidad: escuchando a su cuerpo, durmiendo cuando lo necesita, comiendo mejor que nunca... y sin pisar un gimnasio.

Lolita no se esconde, detesta madrugar. Su "buen ritmo biológico", como ella misma lo llama, es acostarse tarde y levantarse sobre las 11.00 o incluso las 12.00 del mediodía cuando la agenda se lo permite.

"Ahora estoy madrugando más, pero espero recuperar mi buen ritmo biológico y levantarme a las 11 o 12", confesó entre risas en una entrevista radiofónica.

Este verano, sus nietos la obligaron a cambiar el chip: "Este verano he estado con ellos y como se levantan a las 7.30, la abuela también", contó, dejando claro que ese horario es una excepción y no su norma.

Para ella, la salud no va ligada al despertador, sino a cómo se siente al abrir los ojos: "La salud no se mide por la hora en que uno se levanta, sino por cómo se siente al hacerlo".

Ha ido dejando atrás los excesos de azúcar, bollería y lácteos grasos que antes formaban parte de su día a día.

"Todos los días por la mañana me tomo un diente de ajo crudo y una tostada de pan integral con miel y canela", confesaba hace unas semanas Sonsoles Ónega.

Hoy su desayuno se mueve entre la línea de lo ligero y funcional: café o infusión y opciones que no disparen el colesterol ni el azúcar, después de haber eliminado muchos de los alimentos que la hacían "sentir pesada".

Ella misma ha explicado que ha reducido drásticamente los hidratos de carbono refinados, las carnes rojas y los lácteos clásicos, apostando por alternativas más ligeras y por más fruta y verdura desde primera hora.

La rutina de Lolita

Tras varias analíticas con colesterol y triglicéridos altos, decidió cambiar el chip: ahora controla lo que desayuna y lo que come el resto del día, sin dejar de disfrutar, pero sabiendo que cada elección suma o resta.

Si buscas a Lolita en un gimnasio, no la vas a encontrar. "No hago ejercicio", ha admitido sin rodeos cuando le han preguntado cómo mantiene la figura.

No corre maratones ni sube vídeos haciendo pesas y ni falta que le hace, su trabajo sobre el escenario, los ensayos, los viajes y el simple hecho de estar siempre "de acá para allá" le dan una actividad física continua.

Eso no significa que no tenga ayuda. Detrás hay un entrenador que la anima a hacer lo básico: fortalecer piernas, abdomen y espalda con ejercicios sencillos en casa, pensando más en evitar dolores y artrosis que en marcar abdominales.

Pero Lolita es clara: su gran cambio no ha sido el deporte, sino la alimentación y el descanso.

La cantante reconoce principios de artrosis y asume su edad sin maquillaje emocional: "Tengo principios de artrosis, con 67 años qué esperas", dice, pero sin victimismo.

Confía en su genética, pero también en algo que hoy se valora poco, dormir. Dormir bien, desayunar con cabeza, dejar atrás los alimentos que la dañan y aceptar que el cuerpo cambia se han convertido en su auténtico "truco antiaging", mucho más creíble que cualquier dieta milagro.