“No se parecía ni a Teresa ni a José María, era divertida como su padre y tenía la nobleza de su madre”. Así, a grandes rasgos, era la primogénita de la familia Ruiz-Mateos Rivero: Socorro, que después de más de cuatro años plantándole cara a una leucemia ha fallecido este viernes en Pamplona. Hasta allí ha ido toda la familia, también Javier y Álvaro, los dos hermanos que cumplen condena en la prisión de Navalcarnero.

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Socorro Ruiz-Mateos Rivero nació en Jerez en 1959, un año antes de que su padre, José María, fundase la empresa que llegó a dar trabajo a más de 60.000 personas en España: Rumasa. La primera hija del matrimonio entre José María Ruiz-Mateos y Teresa Rivero estaba casada con el empresario Bernardo Landeta de la Torre, con quien tuvo seis hijos.

Socorro, con su marido, Bernardo Landeta de la Torre. Facebook

De sus padres heredó su amor por El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, donde acostumbraba a residir antes de mudarse a Cizur, un pequeño pueblo de unos 4.000 habitantes situado en la Cuenca de Pamplona. En sus últimos meses vivió más en el norte que en el sur, debido al delicado estado de salud desde que en 2012 se le fue diagnosticado un cáncer hematológico, leucemia.

Socorro estudió, sin ejercer, Secretariado y, como la mayoría de los Ruiz-Mateos Rivero, es muy religiosa y afín al Opus Dei, manifiestamente declarada antiabortista y activa en su perfil de Facebook, donde comparte de forma pública varias entradas referidas a la Iglesia. De un vídeo de Juan Pablo II a la participación de una monja italiana en el ‘talent show’ La voz, también la campaña Xtantos promovida para marcar la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta.

También se le ve sonreír en las muchas fotografías que comparte con sus hijos, todos ya mayores de edad, y su marido. “Era muy familiar, de esas personas magnéticas que, como su padre o su madre, te engancha”, recuerda la portavoz oficiosa de la familia. “Y muy generosa”, subrayan.

La primogénita de los Ruiz-Mateos, durante unas vacaciones. Facebook

A pesar de su grave estado de salud, quienes estuvieron a su lado recalcan que vivió la enfermedad en silencio, “para no hacer sufrir al resto de la familia”. “Ahora todos están como una piña”, aseguran. Y su madre, Teresa Rivero, y el resto de sus hermanos, incluidos los presos Javier y Álvaro, acudieron a Pamplona para acompañarla en su trance final.

Javier y Álvaro, los Ruiz-Mateos que siguen en la cárcel de Navalnarnero por delitos contra la Hacienda Pública y alzamiento de bienes, consiguieron un permiso para poder despedir a Socorro. Algo que no ocurrió con la muerte de su padre, José María Ruiz-Mateos, que falleció en septiembre de 2015, al poco tiempo del ingreso en prisión de sus dos hijos. “Ellos lo están pasando muy mal”, revelan las fuentes consultadas.

Socorro también ha visto desde la distancia la ruptura de la relación de sus hermanos y su madre con Begoña, la segunda hija de los Ruiz-Mateos Rivero, que mantiene un litigio con los hermanos varones. La primogénita no firmó el manifiesto que escribieron los hombres de la familia contra las acusaciones que ha lanzado Begoña.

Sin embargo, según ha podido saber EL ESPAÑOL, Begoña no ha acudido a despedir a su hermana Socorro, que falleció en un hospital público de Pamplona. “Ni siquiera tenía seguro médico”, apunta por voz de terceros uno de los hermanos Ruiz-Mateos. “Ella perdió una de las casas que la familia tenía en Andalucía”, develan.

“La familia lo ha pasado muy mal desde que se estalló el caso Nueva Rumasa, todos, no como se dice en la prensa de que tienen dinero guardado”, sostiene alguien afín a la familia.

El clan, al completo. Socorro, a la izquierda, sostiene un bebé.

El fallecimiento de Socorro Ruiz-Mateos llega días de antes de que se dirima en el Juzgado de Primera Instancia número 2 de Pozuelo de Alarcón la demanda de paternidad interpuesta por Adela Montes de Oca, una nortamericana de Chicago que asegura ser hija del empresario jerezano. La Fiscalía autorizó la exhumación de los restos del patriarca si alguno de los hijos no se ofrecía voluntario a realizarse las pruebas de ADN.

Después de una breve ceremonia religiosa en la capilla del propio hospital, el cuerpo de Socorro Ruiz-Mateos Rivero ha sido incinerado. La familia espera la decisión del viudo y sus hijos sobre donde descansarán definitivamente los restos de la primogénita del clan. En los próximos días se celebrarán las exequias por ella. Descanse en paz.