María González Corral, consejera de Medio Ambiente y Energía, es la “consejera sonrisa” del gobierno de Castilla y León. Siga sonriendo, que así logró Ronald Reagan la llamada “great comunicator smile” – perdonen el uso del inglés siendo tan rica lengua el castellano- esa capacidad de esbozar una agradable mueca con la estudiada tranquilidad de los buenos comunicadores de la política, capaces de anunciar malas noticias con rostro de buenos acontecimientos. Reagan era un mediocre actor de Hollywood y un enérgico presidente de los EEUU.

Doña María sonríe bastante, pero no al tuntún. Da muestras de buen humor y talante en la actual arena de la política patria, mitad lodazal, mitad cuento de las “Mil y una noches” cuya narración literaria comenzaría así: “Érase una vez un bien ocultado tesoro con joyas propias de los zares y maharajás, que fue hallado en la caja fuerte de Rodríguez Zapatero…”

Querida doña María, no hereda solamente usted una consejería que regentaba Juan Carlos Suárez-Quiñones; recibe una “cartera” del gobierno regional que incorpora de serie un extintor. Como en su última etapa en la vida pública estuvo al frente de la consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, recibe ahora el legado de una hermosa patata. No, no es de variedad agria, ni jaerla, tampoco monalisa.

La consejería de Medio Ambiente y Energía, en este junio canicular es desde la constitución del gobierno regional una buena “patata caliente”.

No se ha llamado usted a andanas. Ha dado muestra de perspicacia, pues la primera medida del reciente gobierno de Fernández Mañueco ha sido la creación de la Dirección General de Prevención y Extinción de los Incendios Forestales. Además de encarar la vida con temple, da muestras de conocimiento de los procesos. Uno de ellos es el preventivo, se nota que estudió ingeniería de Caminos, Canales y Puertos.

Confieso que he fisgado su perfil en LinkedIn - no se fíe de los escribientes, somos unos cotillas y unas malas pécoras- donde se autodefine como “apasionada por la ingeniería, el agua, el campo y nuestra tierra”.

Consejera, no se le entrega un mayorazgo, ni siquiera un problema. Su herencia es el candente debate sobre los incendios forestales. Y los debates políticos, como los fuegos en los campos y bosques de Castilla y León, tienen la mala costumbre de reavivarse cada verano, por mucho que parecieran totalmente extinguidos con los fríos invernales.

El presidente Fernández Mañueco le ha regalado un verano – que sean varios- donde no tendrá que negociar con Bruselas sino con el termómetro y los vientos. Eolo, el señor de los vientos de la tradición homérica, cuando enfurece – y tiene muy mal jerol- puede convertir en una pira los pinares de Soria, los robledales de León, los sabinares de Burgos, los encinares salmantinos e incluso los rastrojos de la inmensa planicie de la Tierra de Campos.

Se enfrenta como consejera a rayos, olas de calor, sol de justicia y coléricas ventiscas. Le ha echado valentía, pues ya conocía que el tribunal de la opinión pública examina duramente cada verano al titular de la consejería de Medio Ambiente, con la pétrea exigencia de un tribunal de oposiciones. Siga siendo una apasionada del agua, que apaga las fogatas.

Los clásicos habrían sonreído ante algunos de los movimientos más recientes del organigrama político regional. Aquellos ya conocían la eficacia del “promoveatur ut amoveatur”. El presidente Fernández Mañueco se inspiró en la antigua Roma y encontró la fórmula perfecta.

La consejería de Medio Ambiente quemaba demasiado y para rescatar a Suárez-Quiñones, se queda el fuego con María González Corral y se entrega al incombustible juez leonés la macro consejería de Industria, Universidades, Empleo y Comercio. En la rareza de la mezcla de las competencias sobre universidades con las de la promoción del empleo y la actividad económica, caminan revueltas las churras con las merinas.

Doña María, no solo es la “sonrisa” del gobierno regional. Al aceptar la consejería de Medio Ambiente es usted Agustina de Aragón, María Pita, Manuela Malasaña o María Pacheco. Cuando nos enfrentamos a un gran reto, en castellano lo llamamos “prueba de fuego”. Desde ya es María González Corral la gran “guardabosques de Castilla y León”. Parece un apelativo costumbrista, incluso el título de una novela de ambiente rural.

Los bosques de nuestra Comunidad tienen la mala maña de arder precisamente en verano. Crecen despacio y arden pronto. Requieren una política de tarea paciente durante el invierno y de eficacia en el verano. Consejera, permítame que este aprendiz de escribiente le desee que en verano no haya incendios, que si los hay sean pequeños y si resultaren grandes sean apagados por un providencial chaparrón. Y por último que afloje el calor o tendremos que emigrar todos al Polo Norte, donde no nos conste se aplique la “prioridad nacional”.

Busque usted un despachito “más fresco”, como ha hecho Suárez-Quiñones buscando la umbría. No pierda ni por nada la sonrisa. Que William Shakespeare contaba que se consigue más con una sonrisa, que con la punta de la espada. Suerte, consejera. Cuando apriete su “botón nuclear” grite con fuerza ¡Agua va!