Este lunes, El Hormiguero volvió a teñirse de estrellas. El programa recibió al actor de Hollywood, Chris Pratt, para presentar su nueva película, titulada Sin Piedad que se estrena el próximo 23 de enero en los cines.
En el film, ambientado en un futuro próximo, el estadounidense interpreta a un detective acusado de asesinar a su esposa. Dispondrá de 90 minutos para demostrar su inocencia ante una jueza de la Inteligencia Artificial avanzada.
Aunque esta distopía pueda parecer lejana, en realidad no lo es. Sin Piedad está ambientada en el año 2029, es decir, solo tres años después de la época actual, 2026, y coloca a la Inteligencia Artificial en el centro de la trama.
Un tema que, más allá de la ficción, está en las mesas de actualidad y genera debate que va desde su utilidad hasta la legalidad de su uso, incluyendo el impacto que podría tener como reemplazo de diversos puestos de trabajo.
Esta pregunta ha sido planteada por Pablo Motos y el actor se ha pronunciado al respecto admitiendo que es una cuestión que en su gremio artístico se discute y preocupa.
"Sí, si lo he comentado con compañeros. Hay algunos aspectos del cine que los podría hacer la IA y reduciría mucho los costes de producción", ha comenzado reflexionando.
Pese a que él considera que trabajos como el actoral, que requieren una conexión con el público, no serán tan fáciles de reemplazar, ya que siempre faltará la verdad que aporta el ser humano o, dicho de otra manera, los sentimientos que una IA no tiene.
"En el arte de la comunicación hay algo humano que es lo que conecta con los espectadores. Esa conexión es, de momento, insustituible por una Inteligencia Artificial".
Además, ha reflexionado sobre los posibles riesgos de la Inteligencia Artificial basándose en el argumento de la película. En ella, un juicio es llevado a cabo por una IA, ya que las pruebas podrían ser gestionadas por las máquinas incluso mejor que por un ser humano.
"Muchas veces la justicia se retrasa por errores humanos y deja de ser justicia", ha señalado, apuntando que algunas funciones de la IA podrían ser útiles en estos casos, siempre que existan límites y controles. "Es un arma que, en las manos equivocadas, puede ser muy peligrosa", ha advertido.
