Foto sobre la juventud.

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La tribuna

2022: urge una agenda para los jóvenes en España

5 enero, 2022 05:30

España no es país para jóvenes”. Es una frase casi tan presente y aceptada en el imaginario colectivo como el tradicional turrón navideño o la imagen del actor británico Clive Arrindell, más comúnmente conocido como ‘El Calvo de la Lotería’, símbolo insignia de la fortuna en los spots publicitarios en estas fechas.

Dejamos atrás otro año en el calendario y, pese al hito político e institucional asociado a la recepción de los primeros fondos europeos NextGeneration y a la pirotecnia propagandística de iniciativas como el bono cultural o las ayudas al alquiler nada ha cambiado. El panorama de la juventud en España, en perspectiva europea, continúa siendo poco halagüeño en la práctica totalidad de áreas e indicadores importantes: educación, empleo, acceso a la vivienda…

España es uno de los cuatro países de Europa peor posicionados en calidad de vida juvenil, sólo superado por Italia, Bulgaria y Rumanía, según el Índice Sintético de Desarrollo Juvenil, un estudio anual elaborado por el Centro Reina Sofía de Adolescencia y Juventud.

El panorama de la juventud en España continúa siendo poco halagüeño en educación, empleo o acceso a la vivienda, entre otros

Y es que la ficción económica en la que vivía nuestro país quebró con el shock financiero de 2008 y, desde entonces, la concatenación de crisis (económica, sanitaria, política e institucional) acaecidas en la última década han golpeado sobremanera las expectativas y el proyecto vital de los jóvenes. 

No se trata de una percepción subjetiva ni de una generalización agresiva difícilmente constatable, sino de una realidad crítica y dramática avalada por cifras. De hecho, España es uno de los países con la mayor tasa de desempleo juvenil del conjunto de la Unión Europea (30,3%), según la estadística recogida por Eurostat en octubre de 2021, una cifra excepcional no ya sólo en el viejo continente, sino en la práctica totalidad de países desarrollados.

Del mismo modo, una amplia mayoría de las personas entre 18 y 35 años se desarrollan en una precariedad laboral sistémica, que les sitúa en una desventaja salarial de hasta un 50% respecto a sus homólogos en 1980, con el consiguiente impacto en la perspectiva intergeneracional de progreso, según un reciente análisis de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA). 

Todo ello por no hablar de la elevada temporalidad, de la que España es medalla de oro comunitaria (24,7% a cierre de 2020), un dato 11/12 puntos superior a la media de los Veintisiete. De hecho, de los 4,4 millones de asalariados temporales existentes en España en el tercer trimestre del año 2021, según la EPA, un 35% son menores de 29 años, con la consiguiente incertidumbre asociada para esta parte de la población. 

Vamos a dar una oportunidad a la paz, al diálogo y a la negociación. Si eso fracasara veremos qué hay que hacer

Vinculado con lo anterior, en el plano educativo, España es el país de la OCDE con más repetidores de curso y encabeza también las tasas de abandono escolar temprano (16%) de la #UE27, muy lejos del umbral máximo del 10% fijado por la Comisión Europea para el 2020. Un diagnóstico muy desalentador que explica el origen de muchas desigualdades en el desarrollo personal y profesional posterior.

Mención aparte merecen los problemas estructurales de acceso a la vivienda, donde, en algunos casos, los jóvenes destinan más de la mitad de su salario a una habitación y tan sólo el 18,7% de la población entre 16 y 29 años afirma residir fuera del hogar familiar, condicionados por la parálisis de los salarios y la escalada de los precios de compra y alquiler, según el Observatorio de Emancipación Juvenil. 

Y lo peor es que, lejos de lo que algunos pudieran pensar, el impacto (material y psicológico) no sólo se traduce en los jóvenes, sus familias y entornos, sino en la sociedad en su conjunto, pues este círculo vicioso golpea la sostenibilidad del sistema de pensiones, ése que Escrivá presenta como el de mayor equidad intergeneracional tras su polémica reforma (¡Qué cosas tiene el ministro!), y lastra la reversión de una diezmada tasa de natalidad que dibuja una pirámide poblacional cada vez más envejecida. De aquellos polvos…

En fin, podría seguir, pero la postal es desoladora y hace demasiado frío ahí fuera como para continuar minando el ánimo. Este artículo no persigue abonar la brecha ni el conflicto intergeneracional, ni hundirnos en el lamento perpetuo, sino despertar conciencias individuales y generar conciencia colectiva.

Tan sólo el 18,7% de la población entre 16 y 29 años afirma residir fuera del hogar familiar 

Un país con una juventud desilusionada, sin perspectivas ni proyecto, es un país sin futuro. Un futuro que sólo se puede construir al calor de una arquitectura institucional sólida, unas Administraciones Públicas reformadas y eficientes, y el concierto de un tejido empresarial socialmente comprometido y de una clase política que abandone el desencuentro como constante para reorientarlo hacia una ambiciosa agenda de reformas estructurales, en sintonía con lo que reclaman instituciones como el Banco de España o el Círculo de Empresarios. 

En definitiva, el panorama general de la Juventud en España y la recepción de los primeros fondos NextGeneration exige un debate intergeneracional, con perspectivas y soluciones de amplio espectro, que coloque en el centro del debate la prioridad de una auténtica agenda por y para la Juventud. Paradójicamente, el 2022 es el Año Europeo de la Juventud. ¿Lo conseguiremos?

*** Alberto Cuena es periodista especializado en asuntos económicos y Unión Europea

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