Báñez plantea que el ICO puede ayudar

El desplome bursátil de Abengoa continúa mientras el Gobierno busca una solución

Las acciones de la compañía cayeron hoy un 29% al tiempo que los partidos políticos piden ayuda financiera al ICO

Planta de energía fotovoltaica.

Planta de energía fotovoltaica.

Abengoa prosigue con su derrumbe ante la previsión de su entrada en preconcurso de acreedores. Sus acciones cayeron este jueves un 29%, hasta la zona de 0,38 euros. El miércoles se derrumbaron un 53%. En dos sesiones se han esfumado otros 500 millones de euros de su valor en bolsa y ahora apenas capitaliza unos 300 millones, casi diez veces menos que hace un año.

Por su parte, los partidos políticos ya han puesto en marcha su maquinaria preelectoral y se han subido al carro del 'rescate' de la compañía sevillana para proteger los puestos de trabajo. La ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, ha garantizado este jueves la colaboración del Gobierno para buscar "una solución real" para el futuro de Abengoa.

Báñez ha invocado al ICO para estar "al lado de los trabajadores en todo momento" y ha pedido a los bancos acreedores de la compañía que negocien una solución.

También se ha subido al carro del ICO el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, quien ha pedido al Gobierno que "busque una salida que sirva para dar seguridad y estabilidad a los trabajadores". En su opinión, el Ejecutivo cuenta con el ICO y otras fórmulas para conseguir la financiación urgente que necesita Abengoa con urgencia antes de entrar en el concurso de acreedores.

Todavía no hay impago

Fuentes cercanas a la compañía indican a EL ESPAÑOL que Abengoa ya tendría acumulados en torno a 500 millones de euros en pagos atrasados. La ISDA (Asociación Internacional de Swaps y Derivados) se ha reunido de urgencia esta tarde para estudiar la situación de la compañía y ha determinado, por unanimidad, que todavía no se encuentra en situación de default. Esta entidad es la que se encarga de determinar cuándo un país o una compañía entra en situación de impago, lo que sirve para activar los seguros por impago, los populares CDS (Credit Default Swap), que protegen a los inversores contra las quiebras. Por el momento, los CDS de Abengoa no se han activado.

Sin embargo, el perfil de riesgo crediticio de la compañía es muy elevado. La agencia de calificación de riesgos Fitch rebajó el miércoles seis escalones -de B a CC- la calificación sobre la deuda de Abengoa y el comité que elabora los índices Ibex decidió expulsar del Ibex 35, la referencia bursátil española, a partir del viernes.

También han reaccionado gobierno y sindicatos. La Junta de Andalucía ha pedido a los bancos financiadores que no dejen caer a la compañía y refinancien su deuda. Sindicatos como CCOO consideran un "despropósito" la situación creada con la empresa y que se hayan puesto en peligro decenas de miles de empleos.

Cotización de Abengoa.

Cotización de Abengoa.

Los 1.500 millones ocultos

Según publicó EL ESPAÑOL, un agujero de 1.500 millones de euros no previsto dio al traste con la inversión de Gestamp y puso en alerta a la banca extranjera que participa en la financiación de Abengoa. El vía crucis de Abengoa cargando con sus 20.000 millones de deuda a las espaldas (entre la financiación que necesita para sus proyectos y su endeudamiento neto) parecía superado hasta hace sólo unos días.

Los acreedores habían acordado aprobar un préstamo sindicado de 500 millones de euros para que la entidad pudiese reestructurar su deuda y hacer frente a los pagos de vencimientos de corto plazo. Este acuerdo incluía también la entrada de Gestamp -a través de la sociedad Gonvarri- en el capital de la compañía con una inyección de 300 millones de euros.

La familia Riberas iba camino de convertirse en el caballero blanco que iba a salvar a Abengoa y por ende a sus accionistas históricos, los Benjumea. A cambio, la familia dueña de Gestamp, uno de los principales fabricantes de componentes de automóvil, se quedaría con el 28% del capital de Abengoa y sería su principal accionista.

El plan iba por el buen camino hasta que la realidad salió ante los ojos de los inversores: KPMG descubrió que el agujero de 500 millones que había que reparar de forma urgente era tres veces mayor, de 1.500 millones de euros, explican a EL ESPAÑOL fuentes cercanas a la operación.

La realidad es que los números de la compañía no estaban claros y cuando salió este agujero mucho más grande de lo que se esperaba, la banca extranjera decidió retirarse de la operación. “La verdad es que acceder a los números de la compañía no ha sido fácil”, indican estas fuentes.