ELECCIONES EE.UU.

Candidatos por los pelos: el implante escandaloso de Trump y las puntas de oro de Hillary

El republicano se ha sometido a un tratamiento de restauración capilar de 60.000 dólares, mientras que la demócrata se ha gastado 600 dólares en contar su cabello.

Donald Trump y Hillary  Clinton

Donald Trump y Hillary Clinton

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Donald Trump (70 años) y Hillary Clinton (68) son, además de candidatos rivales a residir en la Casa Blanca, una auténtica fábrica de noticias. Sin embargo, no todos los titulares que generan tienen que ver con sus mensajes políticos. Desde que la ex primera dama y el magnate iniciaran su carrera hacia el despacho oval, los medios de comunicación norteamericanos, incluida la mismísima CNN, han tratado de ir más allá en sus coberturas informativas, dando espacio a cuestiones que poco tienen que ver con el futuro del país, pero que arrasan entre sus audiencias. Y es que a tenor de esas mediciones, parece que EEUU está más interesado en saber si el cabello que luce el republicano es real o cuánto gasta en peluquería su contrincante, antes que en desgranar sus respectivos programas.
Analizando este fenómeno desde una óptica europea, menos propensa a escudriñar hasta ese detalle a los protagonistas de una carrera electoral, podría parecer que prestar atención al pelo de un aspirante banaliza un debate que debería ser riguroso, pero lo cierto es que aquí todo lo relacionado con el aspecto físico se torna en crucial.
Donald Trump durante un mitin de la campaña electoral americana

Donald Trump durante un mitin de la campaña electoral americana

Un detalle que retrata cómo se las gasta la sociedad americana fue la reacción que provocó el pasado fin de semana la aparición de Hillary Clinton durante la noche de las explosiones en Nueva York. Con semblante cansado y claros signos de agotamiento tras una intensa jornada, la candidata atendió a los medios para valorar el posible atentado. Casi al instante, la etiqueta #hillaryzombie se convirtió en tendencia en Twitter y el analista Mark Shouldice comentaba en su canal de Youtube que parecía "que fuera a desmayarse" en cualquier momento, poniendo en duda su idoneidad para ser la futura comandante en jefe.
Esta despiadada dictadura del físico lleva a los equipos de campaña a preocuparse, y mucho, por la imagen que proyectan sus cabezas de cartel y a invertir grandes cantidades en fondos de armario y tratamientos que, a la vista de los votantes, pueden parecer desorbitados y llegan a escandalizar.
Esto mismo le ocurrió a Clinton cuando el pasado marzo se descubrió que había gastado 600 dólares en una peluquería. Las redes sociales volvieron a estallar cuando trascendió que la representante del Partido Demócrata visitó el exclusivo salón de estética John Garret de Nueva York para, según se filtró, cortarse las puntas.
Hillary Clinton en uno de sus discursos

Hillary Clinton en uno de sus discursos

El centro de belleza, situado nada menos que en la Quinta Avenida, cerró para atender en exclusiva a la candidata, de modo que todos los estilistas y peluqueros del local se dedicaron a ella, y eso que no se trataba de un cambio radical. Puntas y peinado. Todo, según publicó la prensa norteamericana, por el módico precio de 544 euros.

EL MISTERIOSO PELO DE TRUMP

Pero en cuestiones capilares quien se lleva la palma es el republicano. Y no son sólo los tabloides los que se dedican a peinar este tema. El pasado jueves la CNN recogía en su sección de Política como noticia destacada que durante su programa nocturno Tonight Show, el presentador Jimmy Fallon había despeinado a Trump, con su permiso, para comprobar si su pelo era real o no, una cuestión que tiene en vilo a buena parte de la opinión pública americana desde hace meses.
Sin embargo, si difícil resulta conjeturar cómo sería un EEUU gobernado por el millonario oriundo de Queens, más aún lo es resolver este enigma. Hace unos meses, la revista digital dedicada a las celebrities 'Gawker' publicaba "una investigación" sobre el tema, asegurando tras consultar diversas fuentes que el cabello del republicano no era suyo, sino que provendría de un misterioso donante.De hecho, siempre según las pesquisas de este portal, el magnate se habría sometido a un carísimo tratamiento de restauración capilar conocido como "intervención de microcilindro", que rondaría los 60.000 dólares y que sólo realiza una prestigiosa clínica, situada además en la torre Trump de Nueva York. Sin embargo, 30 días después de que saliera a la luz esta información, este centro estético se desvinculaba de cualquier intervención sobre la cabeza del presidenciable.
El candidato republicano con Jimmy Fallon

El candidato republicano con Jimmy Fallon

Pero las especulaciones no terminaron ahí. La popular revista masculina Men’s Health también servía su teoría. Descartaba que se tratara de una peluca, ya que en varios actos de campaña el candidato había invitado a algunas mujeres a examinar su pelo, confirmando que era real. No obstante, esto hacía aún más injustificable -a juicio de esta cabecera- su extraño peinado, "como si quisiera cubrir una calva con su flequillo".
Michael R. Cunningham, profesor y psicólogo de la Universidad de Louisville, apuntaba en aquellas páginas que en fotos de Trump de 1976 y 1996 ya llevaba su cabello recogido hacia abajo en la frente de una manera muy similar a actual. "Muchos hombres eligen un estilo de pelo en sus 20 y 30 años y se quedan con él toda su vida", sostenía.
Por contra, el doctor Paul McAndrews, un dermatólogo en Los Ángeles especializado en restauración del cabello, planteaba que ese estilismo se suele elegir para "ocultar la calvicie, un mal implante o una cicatriz tras una cirugía". De hecho, barajaba que su peinado quisiera borrar las huellas de una intervención consiste en cortar y eliminar las zonas calvas del cuero cabelludo, para luego estirar y coser la piel restante que todavía podría producir filamentos.

¿IMPORTA TANTO EL PELO?

Llegados a este punto, muchos ya se habrán preguntado por qué estas discusiones interesan a los votantes, los medios o los directores de campaña. La respuesta está en la ciencia. Las últimas investigaciones han demostrado que la imagen de los candidatos es determinante a la hora de decantarse por uno de los partidos, especialmente entre las personas de menos formación.
En concreto, un reciente estudio del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), publicado por la revista American Journal of Political Science revela que hay un determinado tipo de ciudadanos, el sector de la población con menor nivel cultural que pasa más tiempo viendo la televisión, a los que el aspecto físico les influye más que a otros.
Otra investigación publicada en 2015 año por la revista Journal of Neuroscience localizaba la región cerebral que determina a quién votamos en la corteza orbitofrontal lateral, sobre la base del cráneo, justo encima de los ojos. Esta zona interviene a la hora de tomar decisiones de índole política. Y una de las conclusiones extraídas de los ensayos fue que a la hora de decidir el voto, estamos influidos por la primera impresión que sacamos de la imagen de los aspirantes.
Pero para deducir que el físico importa en unas elecciones no hace falta realmente acudir a los últimos descubrimientos científicos. Hace más de una década, en 2003, el gobernador de Nueva Jersey Chris Christie se colocaba una banda gástrica para perder peso. Ya entonces se rumoreaba que lo hacía con la vista puesta en la carrera por la candidatura republicana a la Casa Blanca, a la que finalmente concurrió este año. Aquello abrió el interrogante de por qué en las últimas décadas ningún político con sobrepeso había logrado una nominación.
El gobernador republicano del estado de Nueva Jersey, Chris Christie

El gobernador republicano del estado de Nueva Jersey, Chris Christie

En cualquier caso, y dejando las cuestiones estilísticas a un lado, lo cierto es que estos días la carrera por dirigir el país más poderoso del mundo sigue reñida. A la espera de que comiencen los debates, Clinton lleva cierta ventaja según las últimas encuestas que avisan, eso sí, de que su victoria no está ni mucho menos garantizada. De momento, lleva la delantera... aunque sólo sea por los pelos.