Tiempo de vendimia: arraigo, economía y cultura

El sector español del vino, que celebra su tradicional vendimia estas semanas, aboga por el consumo responsable y por la sostenibilidad para mantener el liderazgo mundial.

Como cada mes de septiembre, la quietud y la placidez habitual en los campos de vides de toda España se transforman en efervescente actividad con la llegada de la vendimia. Se trata de un momento trascendental para estos cultivos y, en general, para todo el sector vitivinícola. No es para menos, dado que esta cita tradicional es su razón de ser, porque es la época en la que la magia hace que las uvas se conviertan en los mejores vinos que llegan a mesas de todo el planeta.

La vendimia es una etapa que remite, de alguna manera, a la unión de la experiencia acumulada durante siglos por los productores y al futuro que augura la buena salud del sector. La importancia de la industria del vino en España viene de largo pero, en línea con esta historia, también vive un momento dulce en la actualidad, ya que es líder mundial en superficie de viñedo. Cuenta con más de 950.000 hectáreas, que suponen cerca del 13% del total mundial, lo que consolida a nuestro país también en el podio de los mayores productores del mundo, junto a Italia y Francia.

La proximidad geográfica entre las potencias del sector no es casual, dado que la vid forma parte de la denominada triada mediterránea, junto al aceite y los cereales. Se trata de un conjunto de alimentos que está en la base de nuestra dieta y que, desde 2010, tiene la consideración de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad que concede la Unesco.

A esta catalogación histórica, suma también el vino, por supuesto, cuyo consumo moderado entra dentro de los hábitos recomendados para mantener un estilo de vida saludable y que puede conllevar beneficios para la salud en adultos sanos, como señalan diversos estudios científicos independientes que recoge la plataforma La Ciencia del Vino, impulsada por la Fundación para la Cultura del Vino y la Nutrición (FIVIN).

Con moderación, un hábito saludable

La alusión al consumo moderado es clave. No ya solo por la recomendación de estos organismos, sino por el esfuerzo del sector que, a través de diferentes campañas, aboga por impulsar patrones de consumo más comedidos. El movimiento ‘Wine in Moderation’, de carácter internacional, es una de las iniciativas más conocidas en este sentido, pensaba para concienciar al respecto y prevenir el consumo excesivo e indebido de bebidas alcohólicas.

Se trata de instar al disfrute del vino como un producto de calidad que, además de los beneficios ligados a su consumo responsable, pone en valor el vínculo indisoluble entre esta bebida y el aspecto cultural que envuelve su consumo. Y es que es algo tan íntimamente ligado a la historia de España que incluso no son pocos los actos sociales que se han venido denominando genéricamente “vino español”. Eso, y que en muchos puntos de nuestra geografía la elaboración del vino, el cultivo de la uva y su posterior recolección son motivo de festividades que hablan de una tradición que hoy seguimos celebrando.

La vendimia hace más visible que nunca este viaje del fruto desde la tierra hasta la mesa. Pero lo cierto es que, dada la importancia del sector, se puede decir que, más allá de este momento, el vino es uno de los motores económicos del país y muy especialmente en las zonas rurales, en las que ese estigma que ha impuesto la despoblación se encuentra con otra realidad más optimista: la de la revitalización de estos lugares en los que hay grandes viñedos.

Un sector estratégico para la economía

El sector, considerado estratégico para nuestra economía, deja una serie de datos que revelan este peso. Se calcula que en la elaboración del vino están implicadas unas 4.000 empresas lo que, traducido en términos de empleo, supone dar trabajo a más de 427.000 puestos (215.300 de manera directa), un 2,4% del empleo en España. En este sentido, la vendimia es un momento trascendental porque durante las semanas que dura la cifra asciende de forma puntual hasta superar los 561.000 trabajadores, según indica el ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

En términos económicos, el vino genera un VAB (valor agregado bruto) de 23.700 millones de euros, equivalente al 2,2% del PIB español. Es un dato que redunda no solo en la buena salud de la producción sino en todas las industrias asociadas que, en el caso del vino, incluyen, por ejemplo, a los suministradores de corcho para tapones, los de la madera para las barricas o las empresas que elaboran las botellas de vidrio, entre otras.

A la par que su importancia económica, el vitivinícola también puede presumir de ser un sector en el que las prioridades medioambientales resultan trascendentales para mantener una producción de calidad. Dada su penetración geográfica, ya que los cultivos están distribuídos prácticamente por toda la península (hay 101 denominaciones de origen vitivinícolas y 42 indicaciones protegidas en España), se trata de una actividad que vela por la sostenibilidad actual y futura, con soluciones innovadoras que pretenden mitigar los efectos del cada vez más presente cambio climático.

Un cultivo sostenible e innovador

Esta filosofía en la que vuelven a darse la mano lo tradicional y los aspectos más innovadores se manifiesta en la forma en la que los productores tienen de hacer frente a retos como la gestión hídrica ligada a estos procesos o a la eficiencia energética. Sobre lo primero destaca la firme apuesta por la economía circular, con la que todo el sector ha hecho un esfuerzo por valorizar subproductos de la actividad que ejerce para darles una nueva vida como materia prima para otros usos.

Algunos de los objetivos de estos aprovechamientos persiguen mejorar los propios cultivos de la vid y de los suelos en los que se cultiva para mantener sus cualidades. Además, dado que estas extensiones se dan en zonas de riesgo de erosión del suelo, también se están desarrollando proyectos para alcanzar variedades autóctonas más resistentes ante la nueva realidad climática, por ejemplo.

Son ideas que hablan del dinamismo de un sector que, como los propios cultivos, hunde sus raíces en la tradición pero mira al futuro propio y del planeta, algo de lo que todos, consumidores o no de vino, podemos beneficiarnos. Por eso los productores están firmemente alineados con los objetivos de la Política Agrícola Común de la UE y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Se trata de una necesidad que persigue que todo cambie para que lo más importante, el entorno, la tradición y el placer del mejor vino español en la mesa, siga acorde a nuestra historia.