Isabel Sanchís y su hija Paula Maiques conquistan Madrid: “Por menos de 600 euros no se puede hacer una prenda en España pagando sueldos dignos”
La diseñadora y su hija, al frente de una de las firmas de referencia en España, repasan su trayectoria y visión del sector en su nueva tienda de la calle Serrano.
Su idea cuando era niña no era coser ni diseñar, aunque sus vecinos le recuerdan que sus libretas del colegio “siempre estaban decoradas con vestidos de muñecas”, cuenta. Entonces, ni ella misma adivinaba que esos trazos infantiles se convertirían en el germen de una prolífica y exitosa carrera en la moda.
De Valencia al mundo… así podríamos definir la trayectoria de Isabel Sanchís y su firma homónima: una empresa familiar donde la diseñadora y su hija, Paula Maiques, forman un tándem perfecto en la dirección creativa. Juntas han aterrizado en la Milla de Oro de Madrid, concretamente en la cotizada calle Serrano, donde acaban de inaugurar su primera tienda en la capital.
Entrar en este templo de alta costura es respirar elegancia, estilo y mimo en los detalles. El blanco predomina, algunos de los vestidos de la casa bailan suspendidos en el escaparate y los tarros con flores despliegan todo su aroma. Francesc, hijo de Isabel, CEO y responsable del área comercial y de expansión internacional de la marca, ha tenido mucho que ver en el diseño de interiores.
Y en ese nuevo refugio, madre e hija repasan la historia de la firma —que se remonta a 1990—, analizan el momento que atraviesa la moda y la importancia de todas las embajadoras que colocan sus diseños en la primera plana de las alfombras rojas.
Quién se lo iba a decir, Isabel, de un pequeño taller en Valencia a la conquista del mundo… ¿Cómo empezó toda esa aventura?
I: Mi sitio de trabajo me aburría y entonces pensé: ‘¿qué sé hacer?’. Había estudiado corte y confección, así que decidí empezar a enseñar a la gente a coser, diseñar y patronar. Pronto nos planteamos crear una pequeña colección y la presentamos en las tiendas cercanas a Valencia. Una de ellas creyó en mí y empezó a comprarnos. De ahí, seguimos vendiendo en el ámbito nacional.
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Recuerdo que, en aquella época, en España se vendía muchísimo, pero en 2008 vino la crisis y todo cayó en picado. Entonces mi hijo dijo: “¿Y por qué no salimos fuera?”. Y en efecto, fuimos a París y allí empezamos a tener como clientes a los árabes, que fueron los primeros que creyeron en nosotros. ¡Pusieron nuestra ropa al lado de todas las grandes marcas!
A todo el mundo que me pregunta, sobre todo a los que empiezan en esto, les digo que cuesta muchísimas horas y que hay que ponerle mucha dedicación.
Lo comenta con modestia, pero lo cierto es que han logrado llevar una marca pequeña a lo más alto…
I: Siempre digo que detrás de esto solamente hay trabajo. Soñar es preciso y bonito, pero la clave es el esfuerzo y la perseverancia. Hay momentos en los que se deben tomar decisiones, como en aquella crisis que comentaba, cuando tenía a 45 personas en mi taller y había que ver cómo seguir adelante.
¿Qué tecla tocaron para que sus diseños hayan calado hondo en España y fuera? Porque está claro que dieron con la ‘fórmula mágica’.
I: Cuando salimos al mercado internacional vimos que teníamos que llevar más diseño, más perfección y más flexibilidad. Esa fue la tecla. Esta es una industria enorme, pero tienes que hacerlo mejor que los libaneses, los chinos… mejor que todos para que la gente se decida por una ropa fabricada en España y que conlleva unos precios más altos.
P: Recuerdo aquel momento en el que mucha gente del sector decidía fabricar fuera para abaratar costes y mi madre decía: “No, tenemos que hacerlo aquí y que sea muy cuidado para diferenciarnos de todos los que están yendo por el otro camino”.
De este modo, además, se ayuda a conservar muchos oficios artesanales.
P: Sí, en efecto. Siempre decimos que detrás de cada diseño hay mucha gente que se dedica a ello, que investiga día a día, que preserva técnicas como los plisados o los orfebres. Para nosotros es muy importante mantener a estos profesionales que todavía están en el sector.
“Nuestras clientas prefieren que el diseño no haya salido en la alfombra roja. Les gusta ese punto de exclusividad”- Paula Maiques
Paula, creciendo entre telas y máquinas de coser, su incorporación a la firma parecía obvia. ¿Surgió de manera natural?
P: Me encantaba dibujar desde pequeña y recuerdo que teníamos el salón lleno de Barbies y que cogíamos retales, hacíamos ropa… Todo era diversión. También recuerdo a mi madre trabajando en casa, viendo vídeos de desfiles o en el taller.
A mí siempre me ha gustado este mundo, aunque es verdad que, como mi padre vio esforzarse tanto a mi madre, ha intentado que no estudiara diseño de moda de todas las maneras posibles. Cada vez que me gustaba algo, él intentaba que me desviara por ahí. ¿Me llamaban la atención las estrellas? Me compraba un telescopio y me proponía estudiar Astronomía…
De algún modo, por él estudié Bellas Artes y lo compaginé con Diseño de Moda. Estaba claro que me iba a dedicar a esto.
Ahora trabajan codo con codo, ¿notan diferencias generacionales o tienen visiones diferentes de la moda en algún aspecto?
P: Somos muy iguales, demasiado. La gente piensa que mi madre lleva la parte más clásica de las colecciones, pero no es así. A ella le gusta el volumen y todas las cosas difíciles, por así decirlo.
I: Quizá si fuéramos más diferentes saldrían otras cosas, incluso mejores. Pero de todos modos, tanto Paula como mi hijo Francesc son más valientes que yo y eso se necesita.
Isabel, ¿qué visión cree que aporta Paula a la marca?
I: Estudiar Bellas Artes la ayuda mucho y tiene las cosas más claras. Y domina el 3D, porque cuando yo dibujo eso no aparece por ningún sitio…
P: Cuando me incorporé en la empresa se trabajaba mucho menos con ordenador y yo he ido aportando cosas que facilitaban la parte de diseño y nos ahorraban tiempo de pruebas.
Las formas escultóricas están muy presentes en los diseños de Isabel Sanchís. ¿Ayudan nuevas tecnologías como la IA?
P: Siempre nos ha gustado trasladar esas formas arquitectónicas al mundo de la moda. La dificultad es conseguir que el vestido sea útil; no podemos hacer una prenda que no pueda llevarse. Nos encanta poder investigar con materiales nuevos y con nuevas formas, y eso requiere tiempo y también una inversión económica.
Hemos hecho muchas cosas con impresión 3D porque no encontrábamos la forma o el material necesario. Se consiguen resultados muy diferentes.
“La elegancia debe tener un punto de discreción: destacar, pero no demasiado"- Isabel Sanchís
La investigación es un pilar clave de la firma y también la sostenibilidad, ¿cómo se articula este sistema de trabajo?
P: Para nosotras es igual de importante investigar y aportar cosas nuevas como mantener esta producción tan manual y delicada. Se trabaja bajo pedido, no hay gran stock y tampoco desechos. Usamos raso reciclado, seda ecológica…
La idea es que tú te compres una prenda y la puedas reutilizar año tras año, incluso heredar. De hecho, yo llevo un abrigo que era de mi madre de hace mucho tiempo; aún tiene la etiqueta antigua. Se trata de crear piezas sostenibles de buena calidad y que perduren.
En un sector donde la fast fashion cala hondo entre los jóvenes, ¿cuesta mucho que cale el mensaje de comprar menos y mejor?
I: Sí que cuesta. Es mi lucha con mi nieta mayor… Cuando la veo llegar con seis o siete camisetas de una de estas marcas, la ‘mataría’. Prefiero que se compre una bonita y que la pueda llevar siempre. La mitad, posiblemente, ni las use.
P: Siempre decimos que cuando compras algo en lo que te has gastado cierto dinero, lo cuidas. Cada vez hay más concienciación, pero todavía cuesta.
No podemos negar que la moda de autor tiene ese halo elitista, marcado por los precios…
I: Sí, pero la gente tiene que comprender que si un pantalón de lana está fabricado en España, no puede costar menos de 300 €, así de claro. Por menos de 600 o 700 no se puede hacer una prenda pagando sueldos dignos al equipo. Una que cueste 20 euros no puede estar en condiciones normales. Y estamos contaminando…
Y, además, lo artesanal requiere de muchas personas. ¿Cuántas pueden trabajar en uno de sus vestidos?
P: En uno de los de novia que tenemos, con flores en 3D, han estado involucradas entre 10 y 12 personas y muchas horas. Hacer prendas de forma artesanal en España cuesta.
I: Sí, porque además somos una empresa familiar. No tenemos grandes directores, sino que lo hacemos todo nosotros.
Tienen la sede y el taller en Valencia y ahora han aterrizado en la calle Serrano de Madrid. ¿Cómo ha sido el proceso y la respuesta de la clientela?
P: Ha costado. Mi madre defiende que el crecimiento de la firma tiene que ser con boutiques propias y yo lo comparto. Tardamos dos años y medio en conseguir un local que se ajustara a los requisitos que teníamos.
Queríamos una tienda amplia que tuviese un buen escaparate, en una zona premium de Madrid. Ha sido complicado encontrarla, pero lo hemos logrado y la acogida ha sido fabulosa. Hemos tenido muchísimas clientas que ya han comprado y creo que puede funcionar muy bien, porque también hay mucha gente de paso.
¿Es importante el papel que ejercen las modelos, actrices, etc., que lucen vuestros diseños en las alfombras rojas?
P: Es muy bueno para visibilizar la marca y para tener una imagen más potente, pero no siempre repercute en ventas. Nuestras clientas prefieren que el diseño no haya salido en la gala. Les gusta ese punto de exclusividad, de diferenciación. No vienen a buscar el diseño que ya ha aparecido en redes o en prensa. Por supuesto, tenemos un amor especial a muchísimas embajadoras porque hacen posible que la firma llegue a un público más amplio.
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¿Cuál dirían que es el perfil de su clienta asidua? ¿Ha cambiado a lo largo de estos 30 años?
P: Creo que se ha rejuvenecido. Antes quizá eran más la madrina o esa mujer que venía a buscar un traje de chaqueta; ahora hay más variedad. Aunque es cierto que no solemos vestir a gente muy joven. Suelen ser clientas de carácter fuerte, a las que les gusta destacar estando cómodas y elegantes, y que aprecian el valor de una buena prenda y un buen patronaje. Trabajamos muchísimo para que nuestros diseños sienten bien.
Al trabajar con piezas artesanales a medida, ¿son flexibles con sus sugerencias?
P: La mayoría se deja aconsejar, pero es verdad que algunas ventas no son tan fáciles. Alguna vez hemos tenido algún ‘asuntillo’ con las modificaciones… (risas). Lo que decimos es que para llegar a este punto de la prenda hemos hecho muchísimas pruebas y consideramos que esa es la mejor opción. Hay cosas que se pueden adaptar, pero hay otras que ya no sabes cómo te van a responder. Es decir, puede ser que hagas el cambio y que no vaya mejor. Entonces no les recomendamos que vayan por ese camino, porque puede ser muy peligroso.
I: Sí, porque vienen con la hermana, la vecina o la amiga y todas opinan (risas).
¿Cómo definirían la elegancia?
I: Para mí ha de tener un punto de discreción y de simplicidad. Conseguir el punto de elegancia es difícil; se trata de lograr que no sea un disfraz.
P: Pienso igual. Hay que estar en el lugar exacto: destacar, pero no demasiado.
¿Su look preferido para el día a día?
P: Que sea cómodo. Siempre llevo vaqueros, suéter, a veces blazer. En tonos grises o negro para el invierno, y en verano ya me voy al blanco o al beis. Todo muy básico.
I: Yo siempre llevo tacones, ¡aunque trabaje desde primera hora de la mañana hasta la noche! Aunque ya voy bajando un poco los centímetros… Me gusta mucho el traje de chaqueta y los pantalones y vestidos cómodos.
Las modelos senior están en auge en las grandes firmas, tanto en pasarela como en campaña; también hay diversidad de tallas. ¿Cómo valoran este cambio de la industria?
I: Siempre que nos ofrecen modelos diversas para los desfiles nos parece perfecto, porque debe haber distintos perfiles. Las cogemos a todas. Hay veces en las que no existe toda la diversidad que nos gustaría.
P: Es necesario, porque así es la vida real. Nosotras, de hecho, vestimos a todo tipo de mujeres y de todas las tallas. Cuando hemos contratado a alguna modelo con medidas que no son las estándar, muchas clientas se sienten representadas y nos dicen: “He visto que podía comprar ese vestido en una talla 44 o 46 y sé que puede quedar bien”. Contamos con Pino Montesdeoca desde hace muchos años y a la gente le encanta. Debe haber cada vez más inclusión.
Para terminar, ¿cómo se presenta 2026 para Isabel Sanchís ahora que ya está en Madrid?
P: Ante todo, hay que hacer que funcione porque acabamos de abrir. Dentro de nada estaremos en París, luego en la MBFWM y en abril en Barcelona con la colección de novias. Y seguramente hagamos también un desfile en Valencia este año. Una vez que todo esto esté asentado, quizá abramos otra tienda propia.