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España es uno de los países europeos donde la huella romana sigue más viva. Basta con viajar unos kilómetros para encontrarse con puentes de piedra, teatros, acueductos o antiguas calzadas que llevan más de dos mil años resistiendo al paso del tiempo.

Los romanos llegaron a Hispania en el siglo III antes de Cristo, durante las guerras púnicas contra Cartago, y acabaron permaneciendo más de seis siglos. Durante ese tiempo fundaron ciudades, construyeron infraestructuras y transformaron por completo la vida de la península.

Muchas de aquellas urbes siguen habitadas hoy, algo que permite caminar sobre calles donde hace siglos convivían comerciantes, soldados y gobernadores.

Al pensar en todos estos romanos y querer ubicarlos en el mapa español, la mayoría piensa automáticamente en Mérida, famosa por su teatro y su impresionante conjunto arqueológico. Sin embargo, existen otras ciudades menos mediáticas que conservan un legado igual de fascinante.

Una de ellas es Lugo, donde todavía se mantiene intacta la única muralla romana del mundo que conserva completo todo su perímetro original.

Un paseo sobre dos mil años de historia

Hay ciudades que se visitan y otras que se caminan despacio y Lugo pertenece claramente al segundo grupo. Esta capital gallega posee algo difícil de encontrar en Europa: un casco histórico que todavía mantiene la sensación de estar protegido por el tiempo.

El gran símbolo de la ciudad es su impresionante Muralla Romana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. No se trata solo de un monumento histórico, sino de una construcción excepcional a escala mundial.

Rodea completamente el centro histórico con un perímetro de 2.266 metros y sigue en pie prácticamente igual que en la época del Imperio romano. Ninguna otra fortificación romana del planeta puede presumir de conservarse íntegra de esta manera.

Lo más especial de la muralla no es únicamente contemplarla desde abajo, sino recorrerla desde arriba. Su adarve, la parte superior de la construcción, se ha convertido en un paseo público completamente transitable.

Muralla romana de la ciudad de Lugo.

Allí arriba, a una altura de entre ocho y doce metros, los vecinos salen a caminar, correr o simplemente sentarse a observar la ciudad mientras cae la tarde.

El recorrido completo supera los dos kilómetros y ofrece una perspectiva privilegiada de Lugo, con los tejados del casco antiguo a un lado y la ciudad moderna extendiéndose al otro.

La construcción todavía conserva 71 de las 85 torres originales que tuvo en la antigüedad y aunque hoy se asocia principalmente a una función defensiva, los historiadores explican que la muralla también tenía un fuerte componente simbólico.

En el siglo III servía para proteger el prestigio y la importancia de Lucus Augusti, nombre romano de la ciudad. Alrededor de ella incluso sobreviven leyendas populares que aseguran que los romanos no levantaron este gigantesco anillo de piedra para defenderse de los enemigos, sino para proteger un supuesto bosque sagrado que existía en el interior de la ciudad.

Bajar de la muralla es adentrarse en otro viaje histórico. El gran punto de encuentro es la Plaza Mayor, llena de soportales y terrazas donde la vida social transcurre con calma alrededor del edificio barroco del Ayuntamiento.

A pocos minutos aparece la Catedral de Santa María, uno de los templos más importantes de Galicia. Su arquitectura mezcla estilos románicos, góticos, barrocos y neoclásicos, reflejando las distintas etapas históricas por las que pasó la ciudad.

En su interior guarda además un privilegio único dentro del cristianismo: la exposición permanente del Santísimo Sacramento, una tradición centenaria que convierte la catedral en un importante lugar de peregrinación.

La herencia romana de Lugo no termina en la muralla. Bajo el suelo de la ciudad todavía siguen apareciendo restos arqueológicos que permiten comprender cómo era la vida cotidiana hace dos mil años.

Uno de los lugares más interesantes es la Domus del Mitreo, un yacimiento musealizado donde pueden verse los restos de una antigua vivienda romana y un santuario dedicado al dios Mitra.

Muy cerca también permanece en pie el Puente Romano sobre el río Miño, que todavía hoy continúa conectando ambas orillas siglos después de su construcción y a poca distancia se encuentran las antiguas Termas Romanas, integradas actualmente en un balneario moderno donde aún se conservan estructuras originales y antiguos arcos de piedra.

Naturaleza y gastronomía

El entorno natural es otro de los grandes atractivos de la ciudad. Lugo está rodeada de un paisaje verde que representa perfectamente la esencia de la Galicia interior.

El Paseo del Río Miño ofrece kilómetros de senderos arbolados, pasarelas y zonas de descanso donde desconectar completamente del ruido urbano. Toda esta área forma parte además de una Reserva de la Biosfera, lo que ayuda a entender el enorme valor medioambiental de la zona.

Y, por supuesto, resulta imposible hablar de Lugo sin detenerse en su gastronomía. La ciudad lleva años defendiendo un lema que resume perfectamente su identidad: "para comer, Lugo". Aquí el tapeo es casi una institución cultural.

Pulpo a la gallega.

En la conocida Zona de los Vinos, especialmente en calles como Rúa Nova o Rúa da Cruz, cada bebida suele llegar acompañada de generosas tapas gratuitas que pueden ir desde empanada gallega hasta pulpo á feira, carne ao caldeiro o productos tradicionales de cerdo.

El pulpo sigue siendo uno de los grandes protagonistas de la cocina local, sobre todo durante las fiestas de San Froilán, aunque se disfruta durante todo el año en tabernas y restaurantes del casco histórico.

Todo ello acompañado de vinos gallegos como los procedentes de la Ribeira Sacra o los tintos elaborados con uva mencía, cada vez más reconocidos fuera de Galicia.