Las paredes te observan mientras caminas. No es la escena de una película de suspense. Es una de las experiencias más sobrecogedoras y mágicas que se pueden vivir en España.
En esta villa medieval, el tiempo parece haberse detenido. Sin embargo, cada fachada, cada rincón de piedra y cada balcón de madera tiene ojos.
Cientos de miradas, fijas y serenas, acompañan a los visitantes en su recorrido. Convirtiendo un simple paseo en una conversación silenciosa con el pasado y el presente de una comunidad que se niega a ser olvidada.
Paredes que ven
Este rincón, situado en el corazón de la Sierra de Francia, es mucho más que un destino de turismo rural. Un museo al aire libre donde el arte y la genealogía se entrelazan de forma indisoluble.
Sus calles estrechas y empedradas susurran historias de tradiciones ancestrales, de inviernos largos y de una vida ligada a la tierra. Aquí, la piedra y la madera no sólo sostienen edificios. Sostienen la memoria de quienes los habitaron.
El encanto de sus plazas y la impecable conservación de su trazado urbano le han valido el reconocimiento como Conjunto Histórico-Artístico, una distinción que protege su esencia frente al paso de las décadas.
Cada paso en esta localidad es un descubrimiento. Sin embargo, lo que realmente atrae a viajeros de todo el mundo es la singularidad de ver los retratos de los habitantes pintados directamente sobre las casas donde vivieron o donde aún residen sus descendientes.
Mogarraz, el "pueblo de las mil caras", en Salamanca.
Este lugar es Mogarraz, un pequeño municipio de la provincia de Salamanca. Esta joya salmantina, declarada Bien de Interés Cultural, es reconocida mundialmente como "el pueblo de las mil caras".
Es aquí donde el proyecto artístico Retrata 2/388 ha transformado por completo la identidad visual del municipio, colgando de sus fachadas cientos de retratos que rinden homenaje a la gente común. Elevando lo cotidiano a la categoría de arte eterno.
La foto del DNI
El origen de esta idea surgió en 1967, cuando la mayoría de los vecinos del pueblo necesitaron renovar la foto para el DNI. Muchos de ellos nunca antes habían salido de la sierra.
En aquel entonces, un vecino llamado Alejandro Martín improvisó un estudio fotográfico en plena calle utilizando una sábana blanca como fondo. Décadas más tarde, el artista local Florencio Maíllo recuperó los negativos para plasmar los rostros en chapas metálicas y devolver a los vecinos a sus calles.
Lo que empezó como una exposición temporal de 388 retratos se ha convertido en una seña de identidad permanente que hoy supera las 800 imágenes.
Pasear por Mogarraz es, literalmente, como adentrarse en un álbum de fotos familiar a escala urbana. Por ello, es de lo más habitual encontrar a un turista fotografiando los retratos.
Además de su valor artístico tan peculiar, Mogarraz ofrece una gastronomía que es puro deleite para los sentidos. Es obligatorio probar su "limón serrano", una ensalada típica que combina cítricos, embutidos y huevo. O dejarse seducir por sus vinos con Denominación de Origen Sierra de Salamanca.
En este pueblo, el patrimonio no sólo se ve en los ojos de sus vecinos, sino que se degusta y se siente en la hospitalidad de una villa que ha sabido convertir la nostalgia en su mayor atractivo turístico.
Visitarlo es entender que, aunque el mundo cambie, los rostros de quienes lo construyeron siempre nos estarán esperando en las paredes de su hogar.
