La emergencia silenciosa de los trastornos emocionales en niños y jóvenes plantea serias preocupaciones sobre el impacto que el avance y uso descontrolado de la tecnología tiene en el bienestar social. Cuando el aislamiento digital se consolida, los entornos escolares corren el riesgo de perder su esencia protectora ante una epidemia creciente.
Este desafío ha centrado la intervención de Mariano Jabonero, secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), en el VII Simposio del Observatorio de la Sanidad, organizado por EL ESPAÑOL e Invertia en Madrid.
Jabonero ha evaluado cómo evitar que la falta de atención clínica termine por institucionalizar una brecha desatendida en la infancia. Una cuestión en la que el compromiso de los gobiernos iberoamericanos se posiciona como una respuesta pionera y ambiciosa ante esta problemática de alcance global que disparó la pandemia.
El secretario general ha destacado que la salud mental de los menores debe ocupar un lugar central en las agendas públicas. "En educación se habla de currículum o evaluaciones, pero los de salud mental, no son temas bonitos ni agradables", enfatizó Jabonero, señalando la desatención histórica de este problema en las aulas.
El responsable del organismo iberoamericano ha señalado que el 80% de los trastornos infantiles no son atendidos adecuadamente por los servicios públicos. Jabonero ha explicado además que la inversión en esta materia apenas alcanza el 3% del presupuesto, lo que imposibilita ofrecer una respuesta médica suficiente ante el incremento sistemático del sufrimiento emocional.
Por su parte, la paradoja digital exige un cambio profundo en el modelo de relacionarse con la tecnología actual. Jabonero ha sostenido que la conectividad masiva, aunque amplía oportunidades, funciona en la práctica como un motor de aislamiento que favorece situaciones traumáticas e incrementa la epidemia de violencia digital.
El secretario general también ha advertido de que los centros escolares deben recuperar su función esencial como espacios comunitarios de protección. Ha argumentado que el colegio es un "entorno sanador" donde la convivencia presencial directa resulta imprescindible para frenar situaciones trágicas como el acoso sistemático o el suicidio infantil.
También ha habido espacio para detallar la alianza estratégica alcanzada con instituciones internacionales para impulsar soluciones reales. Jabonero, ha recordado el acuerdo firmado entre la OEI y Santa Sede. Una iniciativa que busca trazar "un nuevo mapa de esperanza" apoyado en la investigación científica aportada por diversas universidades iberoamericanas.
Por eso ha instado a desplegar una política educativa global sustentada en consensos multilaterales entre los estados miembros. El líder de la organización iberoamericana ha defendido que el desarrollo de protocolos de prevención permite afrontar las crisis de ansiedad de los alumnos, fortaleciendo su vida interior frente a ecosistemas que reducen al individuo a datos.
Mariano Jabonero, secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI)
El ámbito operativo ejemplifica con claridad la necesidad de dotar de recursos técnicos a los proyectos locales regionales. Jabonero ha remarcado en su intervención que la movilización de expertos resulta prioritaria, contando con una red de miles de colaboradores para garantizar que la cooperación alcance de manera efectiva a millones de beneficiarios directos.
Frente al peligro de las respuestas aisladas, los marcos de actuación integrales deben consolidarse en toda la región. Por eso el secretario general de la OEI ha aclarado que la acción colectiva busca erradicar la manipulación informativa y la falta de contención, promoviendo espacios educativos seguros que fortalezcan el bienestar emocional de los estudiantes.
El representante institucional ha concluido destacando que la escuela representa el gran crisol de la democracia y la convivencia humana. Además, ha insistido en que el aprendizaje no debe guiarse solo por el proceso de enseñanza, sino supeditado al pleno bienestar de las futuras generaciones ante los retos actuales.
