Las patologías dermatológicas van más allá de una manifestación de la piel. Tras aquellas de carácter inflamatorio, como la dermatitis atópica y el eccema crónico de manos, pueden existir enfermedades complejas con un impacto importante en la calidad de vida del paciente.
La jefa asociada del Servicio de Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, Araceli Sánchez, y Marta Elosua, especialista adjunta del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Puerta de Hierro, así lo han puesto de manifiesto en la conversación a dos que han mantenido en el VII Simposio del Observatorio de la Sanidad de EL ESPAÑOL-Invertia.
En el caso del eccema crónico de manos estamos hablando de una enfermedad inflamatoria localizada en las manos aunque en ocasiones puede aparecer en las muñecas. Además, es frecuente: afecta al 4,6% de la población adulta, sobre todo en pacientes de 30 a 39 años que son laboralmente activos.
Conversación a dos. Dermatitis atópica y eccema crónico de manos: impacto y abordaje
Las lesiones que provoca esta enfermedad no solo provocan fisuras y sangrado, sino que también impiden al paciente que pueda mover sus manos, con todo lo que eso implica: "Afecta a las herramientas con las que trabajamos y nos relacionamos", ha señalado Sánchez.
A ello se le suma que esta afectación se produce de forma crónica, por lo que estas lesiones pueden durar al menos tres meses.
Por su parte, la dermatitis atópica se caracteriza por ser una enfermedad crónica, inflamatoria y de la piel que cursa fundamentalmente con eccemas y con mucho picor. Además, pese a ser una enfermedad crónica se produce en brotes: en climas más secos, por ejemplo, puede empeorar.
Anteriormente se creía que era una enfermedad infantil pero no es así: se puede dar incluso a la edad de 20 o 30 años. Su intensidad, de hecho, puede cambiar a lo largo de la vida.
Por ello es importante recalcar, como ha Elosua, que la gravedad no solo se puede valorar según cómo esté localizado el eccema, sino que hay que tener en cuenta el picor que les produce a los pacientes porque no les permite dormir y afecta a sus relaciones: "Es una enfermedad que va más allá de la piel".
La dificultad del diagnóstico
El diagnóstico del eccema crónico de manos resulta complejo en muchas ocasiones porque el eccema no siempre aparece por el mismo motivo. Puede aparecer incluso por una dermatitis atópica, por entrar en contacto con un irritante o por la combinación de ambos.
Tampoco aparece de la misma forma. En algunos pacientes aparecen lesiones vesiculosas para más tarde dar lugar a escamativas, mientras que en otros van evolucionando a lo largo del tiempo.
Además, estudiar al paciente no consiste únicamente en observar lo que se ve. "También hay que tener en cuenta otras cuestiones como, por ejemplo, qué tipo de material manipula en el trabajo o si se está exponiendo a algún tipo de agente que está haciendo que empeore su eccema de manos".
Para ello es importante realizar pruebas epicutáneas, que son aquellas en las que se basan los especialistas para descartar si es un eccema alérgico o de contacto.
A nivel laboral cobra un especial interés porque "se debe enseñar al paciente a protegerse las manos". Y es que el eccema crónico de manos es la dermatosis profesional más frecuente, sobre todo en profesiones de alto riesgo (peluqueras, sanitarios, hosteleras o personal de limpieza).
El impacto es tal que uno de cada tres pacientes ha tenido que darse de baja por esta enfermedad, mientras que un 25% se ha visto obligado a cambiar de puesto de trabajo. "Es un verdadero drama".
Más allá del ámbito laboral, en el hogar también se ven afectados: "Los pacientes no pueden hacer tareas cotidianas como limpiar, cocinar o cuidar a los niños". Esto explica que en la mitad de los pacientes aparezca ansiedad y depresión.
En el caso de la dermatitis atópica, otra de las localizaciones —además de las manos— que cuesta tratar es la de cara y cuello, que es bastante frecuente: "Más del 70% de los pacientes con dermatitis atópica moderada grave tiene afectación en esta zona".
Resulta tan difícil porque hay distintos agravantes que pueden hacer que persista la enfermedad, como pueden ser los alérgenos. También es una zona del cuerpo muy visible que no se puede ocultar, lo que hace que impacte en el paciente, duplicando el empeoramiento en su calidad de vida.
Importancia de la visibilidad
En esta enfermedad, además, hay "un impacto invisible" que es importante tener en cuenta para tratarla. Ya no solo cuando aparece en la infancia sino cuando se produce en la etapa adulta, donde hay quienes evitan tener relaciones debido a la dermatitis atópica.
Precisamente el principal reto de estas enfermedades es, como ha señalado Sánchez, el de darle visibilidad, lo que haría que todos nos preocupáramos más de estas patologías: "Tenemos que dejar de normalizar que un paciente tenga eccema crónico de manos porque se dedica a un trabajo de alto riesgo".
Otro de los problemas a abordar es el de identificar la verdadera carga de la enfermedad. En ambos casos no es solo el eccema o la extensión que ocupa, sino preguntarle al paciente cómo se siente y cómo afecta a su día a día.
"No debemos contentarnos con tratar el eccema cuando hay brote sino tener una enfermedad bien controlada y adaptar el tratamiento a las necesidades de cada paciente", ha indicado Elosua.
