¿Cómo será la Sanidad en 2030? César Pascual Fernández, consejero de Salud del Gobierno de Cantabria, se ha atrevido a reflexionar sobre el futuro sistema sanitario durante su intervención del VII Observatorio de la Sanidad organizado por EL ESPAÑOL-Invertia.
Para el consejero hay una premisa clara: “la mejor consulta sanitaria es la que no se produce”.
Ha asegurado que el éxito del sistema no debe medirse por la cantidad de personas atendidas o las intervenciones realizadas, sino por las personas que no han necesitado ser atendidas.
César Pascual Fernández, consejero de Salud del Gobierno de Cantabria
En su opinión, para el año 2030 el sistema debe dejar de medir la simple actividad asistencial y empezar a evaluar la cantidad de salud real generada en los pacientes.
De ahí que haya sostenido que el futuro de la sanidad debe orientarse hacia la prevención, la predicción y la capacidad de anticipar riesgos antes de que se manifiesten como enfermedades.
En este sentido, cree que la inteligencia artificial tendrá un papel fundamental. “La IA no sustituirá a los profesionales de la salud, sino que los liberará de tareas burocráticas y repetitivas”, ha indicado
De esta manera, según César Pascual, cree que se evitará el desperdicio de talento altamente cualificado. “El verdadero peligro radica en las organizaciones que se nieguen a incorporar esta tecnología”, ha añadido.
Además, ha identificado que el mayor valor de la sanidad actual son los datos clínicos. Sin embargo, actualmente se acumulan como residuos o archivos sin uso en lugar de convertirse en inteligencia para la toma de decisiones.
Para el consejero de Cantabria la Sanidad española no tiene un problema de diagnóstico. “La enfermedad es el exceso de diagnóstico y el déficit de acción”, ha dicho.
De hecho, ha reconocido que todos están de acuerdo en que hay que cambiar la Sanidad, pero que es difícil porque “todo el mundo la usa, la defiende y nadie acepta perder nada”.
En ese cóctel es “difícil avanzar en esta sanidad construida para curar enfermedades pero no para acompañar a las personas”.
También ha revelado que existe una gran resistencia política, profesional, territorial e institucional a asumir los costes del cambio.
Por último, ha concluido que las tecnologías no transforman las organizaciones por sí solas, sino las personas.
