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La sanidad en España está incrustada en la Administración pública como en ningún otro país de su alrededor y, por eso, nos hemos acostumbrado a observar cómo cada vez que cambia un gobierno se produce una renovación total de las plantillas.

"En España el rigor de la norma está muy atemperado por su inobservancia. Confiamos en la ley como un deus ex machina para que el mundo cambie", ha explicado José Manuel Freire en el VII Observatorio de la Sanidad 'Sanidad 2030, del diagnóstico a la acción'.

Freire es médico y profesor emérito de la Escuela Nacional de Sanidad (ENS) del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y tiene una dilatada carrera en política sanitaria. "Cuando cambia un partido político, cambia hasta la jefa de las enfermeras en los hospitales".

El experto señala que esto es una "anomalía muy importante" y que hace que la gestión de nuestros centros sanitarios se parezca más a la que se da en Latinoamérica que en países de nuestro entorno como Francia, Reino Unido o Alemania.

Lo normal, según Freire, es que al producirse una alternancia de partidos se produzca un cambio de ministro de Sanidad, su jefe de gabinete y de prensa. Sin embargo, en España observamos cambios hasta en ocho niveles, pero ¿por qué?

"Tenemos una Administración pública clientelar, los políticos se resisten a cambiarla y además la sociedad no está pidiendo cambios en este sentido", lamenta Freire. El médico señala que, por desgracia, la sanidad no es una prioridad en la agenda política.

Como no se le da la importancia que merece en la agenda política, los ciudadanos no observan cambios. Como muestra señala que la Ley General de Sanidad sigue siendo la misma desde 1986 y nuestro Estatuto Marco, del 2003.

Debate sanitario

"En mayo tenemos elecciones autonómicas y ya veremos qué se debate de sanidad. En el mercado político el debate sanitario sólo cotiza en términos dicotómicos absurdos", indica. Para los gobernantes este asunto lleva asociado costes políticos altos.

Uno de los problemas de las democracias actuales es que la ciudadanía cada vez es más escéptica. "Los ciudadanos piensan cada vez más que las cosas apenas cambian con unos políticos o con otros y es cierto que cada vez es más difícil hacer cambios".

José Manuel Freire, médico y profesor emérito de la Escuela Nacional de Sanidad (ENS) del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII)

Freire no sabe si veremos dentro de poco un Pacto de Estado por la sanidad, pero tampoco confía en las virtudes de estos acuerdos. "Hay que hacer cosas y, si funcionan, los que piden votos luego no las cambiarán. Pero, ¿por qué no hacemos estas cosas?", se pregunta.

Pone como ejemplo el dictamen de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del país de 2020 que Freire redactó y que, a pesar se aprobó por 256 votos en el Congreso de los Diputados, permanece "dormido".

"En él hay aspectos positivos y compartidos, pero no se han movido porque afectan a la cultura política del país, que es clientelar, partidista y poco dada a debatir el fondo de los temas", ha dicho. Uno de sus grandes puntos es fortalecer el Ministerio de Sanidad.

"En otros países es un ministerio potente", señala. Y añade: "La sanidad española está inmersa en la Administración pública. No hay país que conozca en el que se contrate a su personal con una oferta pública masiva en la que mientras se examina la gente sea interina".

Freire explica, por tanto, que es "indudablemente necesario" hacer una ley de buena gobernanza del Sistema Nacional de Salud. "Tenemos los hospitales gobernados por un real decreto de 1987, que suprimió los órganos colegiales".

También introdujo la discrecionalidad en el nombramiento de cargos directivos, "que ha terminado siendo la arbitrariedad". Él mismo señala que, cuando fue consejero de Sanidad en el País Vasco, tuvo presiones por contratar a personas a dedo.

¿Qué norma de gobernanza impulsaría Freire en primer lugar? "La más rápida, indolora y sin coste sería instaurar en todas las organizaciones sanitarias con presupuesto órganos colegiados de gobierno bien diseñados y con poder".