J. Rodríguez
Publicada

El debate sobre la inteligencia artificial ha dejado de centrarse únicamente en sus capacidades tecnológicas. Para David Perejil, su desarrollo también plantea una cuestión esencial: establecer reglas que permitan orientar sus efectos hacia el bienestar.

El director general de la Agenda 2030 del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 defendió esta posición durante la primera jornada del V Observatorio ODS, dedicado al impacto de la inteligencia artificial.

Durante su intervención, Perejil vinculó esta tecnología con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y con ámbitos cotidianos como la salud, la educación, el trabajo, la inclusión, la seguridad alimentaria y los derechos digitales.

En su opinión, la inteligencia artificial puede utilizarse para afrontar problemas comunes y mejorar procesos, pero no debe entenderse como una tecnología completamente neutra. Su desarrollo y aplicación dependen también de decisiones humanas.

Por eso, la regulación ocupó buena parte de su discurso. Perejil defendió la necesidad de contar con marcos compartidos, leyes y mecanismos de gobernanza capaces de establecer límites y ofrecer seguridad ante una tecnología cambiante

El marco que la IA merece

El responsable de Agenda 2030 señaló que la ausencia de reglas estables también puede afectar a las empresas. A su juicio, las inversiones tecnológicas necesitan un entorno definido para planificar proyectos a largo plazo.

En este contexto, citó el marco europeo y las estrategias españolas sobre inteligencia artificial como instrumentos para abordar el debate. También destacó la importancia de que administraciones, universidades, empresas y sociedad participen conjuntamente.

Perejil planteó además que la inteligencia artificial podría contribuir a reducir determinadas brechas sociales, aunque también podría ampliarlas. Entre los ámbitos mencionados estuvieron el empleo, la salud y el acceso a oportunidades.

El director general relacionó esta posibilidad con otros retos de la Agenda 2030, como la vivienda, la pobreza infantil, la desigualdad y la adaptación al cambio climático. La tecnología debe integrarse dentro de este marco.

David Perejil Bricio, director general de la Agenda 2030 del Ministerio de Derechos Sociales

Durante su intervención también señaló aplicaciones prácticas de la inteligencia artificial, entre ellas su utilización para defender los derechos de las personas consumidoras y para avanzar en ámbitos relacionados con la salud.

Otro ejemplo abordado fue la despoblación. Perejil recordó el papel de internet y el 5G en determinadas zonas y planteó cuánto podría aportar la inteligencia artificial si existe un marco normativo adecuado.

Para el responsable de Agenda 2030, la regulación no debería plantearse como un freno al desarrollo tecnológico, sino como un espacio común desde el que ordenar sus usos, incorporar innovaciones y afrontar problemas colectivos.

Su intervención terminó reivindicando una inteligencia artificial orientada a las personas y vinculada al bienestar compartido. En ese escenario, defendió que las normas permitan aprovechar sus oportunidades sin perder de vista sus posibles riesgos.