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Tras el discurso de Eloísa del Pino, presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Charo Izquierdo vuelve al escenario para introducir a una figura que no necesita presentaciones, una cuya meteórica trayectoria no siempre ha estado ligada al lenguaje de programación, pero que hoy dedica buena parte de su agenda a reivindicarlo.

Se trata de Eugenia Silva. Modelo, empresaria, productora y ponente en un diálogo que, en apariencia, conecta dos mundos lejanos —la moda y el código—, pero que termina revelando hasta qué punto comparten el mismo horizonte. Entrevistada y entrevistadora arrancan desde lo personal, recordando con complicidad un vínculo que se remonta años atrás.

"Hoy estamos hablando de algo que a priori no tiene nada que ver", desliza Izquierdo. Pero en realidad, sí que lo tiene. Porque la tecnología no sólo está transformando la ciencia o la empresa, sino también los sectores creativos donde Silva ha desarrollado su trayectoria durante más de tres décadas.

Conversación. El proyecto ‘Ellas hablan código’

Desde ahí, la empresaria hace un repaso de su propio recorrido profesional: de la pasarela a detrás de las cámaras, de la moda a la producción audiovisual con The Crew y la representación de talento, a través de su agencia Limited. Ese tránsito es el que la ha acabado llevando a hacerse una pregunta: hacia dónde va el futuro y quién lo está construyendo.

"Me costaba mucho encontrar talento femenino dedicado a la tecnología", reconoce, especialmente en un ecosistema que, en su caso, dialoga de forma directa con lo creativo. Esa intuición, cuenta, derivó en la constatación de que no podía quedarse quieta, y tomó la decisión de usar su altavoz para seguir fomentando el liderazgo femenino fuera de su zona de confort.

Silva explica cómo, junto a Generación Code y con el apoyo de entidades como Deloitte, decidió convertir su inquietud en investigación. Las conclusiones fueron reveladoras: "Nos dimos cuenta de que más del 46% de los jóvenes decían que la tecnología no era para las chicas". Una gran brecha que, a juicio de Silva, viene condicionada en gran medida por la falta de referentes.

Ahí nace Ellas Hablan Código, una iniciativa que busca intervenir antes de que el sesgo se consolide. El foco, insiste, está en la infancia, precisamente porque en esas edades —en torno a los siete u ocho años— las pequeñas "todavía no están contaminadas", subraya, por los roles de género, por lo que "es la edad perfecta para enseñarles".

Eugenia Silva, impulsora de 'Ellas hablan código', junto a Charo Izquierdo, directora de Magas. David Morales

El primer bootcamp del proyecto, organizado en noviembre en Madrid, formó a más de 140 niñas y niños en fundamentos de programación e IA, con más de un 60% de participación femenina. Durante 10 fines de semana trabajaron con lógica computacional en una cita que le sirvió como prueba de que, cuando se abre la puerta, el interés está ahí.

Cuando la directora de Magas le pregunta si, en el fondo, el problema podría estar en que las chicas "no se sienten capacitadas", Silva afirma que "a los ocho años pueden elegir hacer lo que quieran pero en algún momento dicen: esto no es para mí". En cualquier caso, rechaza cualquier teoría sobre que se trate de una cuestión de falta de habilidades.

"Hemos comprobado con las becas y bootcamps que son listísimas, trabajan fenomenal en equipo, resuelven problemas y son las más entregadas. Pero sí es verdad que hay un punto de inflexión en el que rechazan estas disciplinas y es por la falta de referentes y de conocimiento de la cantidad de cosas que pueden hacer con la tecnología".

La conversación se desplaza entonces hacia la idea de la programación como nuevo idioma universal. Izquierdo recuerda lo que un día le dijo Fran García del Pozo, fundador y CEO de Generación Code: "Cuando hablamos de código, hablamos de un lenguaje, e igual que se aprende inglés habría que aprender código, ¿no?".

Silva responde: "Yo siempre digo que es un superpoder”. Y afirma que, como madre de un niño de 12 años y otro que cumple nueve ahora, a menudo se plantea si la sociedad, desde los padres hasta las escuelas, son realmente conscientes de lo necesario que es introducir dicho campo en la formación básica, pues en el futuro se dará por hecho que este se domina.

Eugenia Silva, durante la conversación en el foro 'Talento STEAM para cambiar el mundo'. David Morales

Preguntada por si "la enseñanza no está preparada para eso", Silva concede: "No entraré en esas cuestiones porque creo que está estructurada muy bien y los niños salen muy preparados a las universidades. Pero sí me gustaría que se diera más importancia a la programación y los alumnos supieran lo que es".

Y añade durante su intervención en Talento STEAM para cambiar el mundo: "Los chicos de nuestras becas no salen siendo programadores, pero sí saben que hay un mundo que existe y que, si tienen curiosidad, pueden explorar. Para mí lo más importante es la imaginación y la curiosidad; cualidades que hay que mantener vivas".

En coherencia con el enfoque del foro, Izquierdo le consulta si es clave que las niñas entiendan que la creatividad está detrás de todo esto. "La programación, las carreras tecnológicas, nos ayudan a resolver problemas, a pensar fuera del plato", responde Silva. Y lo concreta con un ejemplo que podría haber salido de uno de sus talleres.

"Esa joven que crea una app para que su abuela no se olvide de las medicinas que tiene que tomar… todas estas cosas se hacen desde la tecnología, pero tiene que haber alguien que las piense". De ahí su advertencia: "La tecnología sin una visión y una motivación más allá de la resolución de problemas no lleva a ningún lado".

Y remata: "Las máquinas programan, pero hay que ponerles alma, creatividad. Yo siempre lo digo: hacer una sociedad más inclusiva pasa por soñar". No obstante, en muchas ocasiones, para imaginarse algo antes hay que tener una idea de cómo se ve esa realidad, y ahí entran en juego los referentes.

Eugenia Silva desmonta la imagen clásica del "friki" tecnológico: "Las carreras tecnológicas son mucho más que ratas de laboratorio y ordenadores. Tenemos que enseñar todo lo que ofrece la tecnología y la ciencia. Que todas las niñas sepan que esto también es divertido".

En la recta final, la conversación introduce otro de los grandes debates ligados a la inteligencia artificial: el de la ética. "¿Se nos está olvidando hablar de ella?", plantea Izquierdo. La modelo responde desde la cotidianidad de su casa: "A mis hijos les pregunto si en la escuela les hablan de los límites de la IA y me dicen: pues claro, cómo no nos lo van a contar".

Aun así, insiste en que no debe darse por supuesto: "Creo que debería ser parte de la educación, igual que les enseñamos valores, a comer sano, a hacer deporte; tiene que ser una parte más de la formación que les damos. Y no solamente dejarlo para que lo aprendan en el colegio".

Para cerrar, Izquierdo le pregunta: "¿Tú con qué sueñas?", devolviéndole una palabra que ha ido apareciendo en diferentes momentos de la charla. "Con una sociedad inclusiva, con la generación que viene, que lo va a tener muy difícil porque este mundo se complica, pero que quiero que tenga las cosas muy claras y que sea buena", confiesa.

"Para mí, la bondad es algo que está infravalorado, porque creo que nos lleva muy lejos. Me gustaría que consiguiéramos un mundo en el que no nos quiten los sueños, en el que dejemos imaginar a nuestros hijos, para que creen y sean buena gente", concluye en la charla, con la que prosigue el foro organizado por EL ESPAÑOL, Magas y Disruptores.