La mesa redonda dedicada a la novela histórica y celebrada esta tarde en el Museo Patio Herreriano de Valladolid, en el marco deI I Foro Económico Español en Castilla y León, ha sido un homenaje a Miguel Delibes. Entre la amplia producción literaria del escritor, encontramos una gran novela histórica, El hereje, como ha recordado el moderador del encuentro, Alberto Ojeda, director de El Cultural.
Ambientada en Valladolid durante el reinado de Carlos V, recogía el enfrentamiento entre católicos y protestantes tras la publicación de las tesis de Lutero. El clero, precisamente, es un elemento clave en la última novela de Vanessa Montfort, una de las ponentes de la mesa redonda.
La escritora y dramaturga fue reconocida con el Premio Primavera de Novela el año pasado por La Toffana, publicada en Espasa e inspirada en la peripecia de Giulia Toffana. Se trata de un personaje fascinante: fue acusada por el Tribunal del Santo Oficio de preparar y distribuir entre las mujeres romanas un veneno por el que fueron asesinados más de 600 hombres acusados de maltrato.
Al otro lado estaba el escritor Rafael Tarradas, que acaba de publicar El falsificador (Espasa), la historia de una familia judía que intenta engañar a Hitler con un cuadro falso. A lo largo de la breve pero nutritiva conversación, los autores han desgranado algunas claves de sus procesos creativos, así como sus consideraciones acerca del género.
Montfort, que pudo acceder a archivos históricos del Vaticano, afirma que "la historia con mayúsculas está al servicio de la historia con minúsculas". O sea, que en la novela histórica lo que importa es el relato. Por ello, a la hora de escribir "no me pongo restricciones, me concedo libertad total, porque no trabajo con la verdad sino con la verosimilitud", asegura.
Por ejemplo, se permite crear el personaje de una abadesa "por la propia lógica del momento histórico". Otra cosa sería fabular con que la Revolución Francesa tuvo lugar en una fecha distinta: "Lo importante es no perder el contrato con el lector".
Tarradas cree, además, que la ficción es una forma de "rellenar los huecos de la información que encuentras". En su caso, por ejemplo, resultó crucial trabajar con el diario real que escribió el historiador que le sirvió de guía, Ranuccio Bianchi Bandelli, para una operación de expolio de obras de arte.
"La documentación debe servir para que el lector haga un viaje emocional a la época donde se ambienta la historia", ha añadido Montfort al respecto. Y ha recordado, a propósito, una máxima del historiador y periodista Javier Reverte: "Hay procesos históricos que no se pueden contar a través de los datos objetivos".
Además, "la novela plantea preguntas que los ensayos no plantean", ha dicho Tarradas. Por ejemplo, ¿qué hubiera hecho el lector si se hubiera encontrado con un dilema como el del personaje de la novela en aquella época". En este sentido, el autor tiene muy en cuenta que sus personajes no estén demasiado lejos de sus lectores, por eso "hablan como la gente de ahora".
Por último, los dos ponentes han elegido dos novelas imprescindibles del género. Monfort se ha decantado por Yo, Claudio, de Robert Graves, y Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar; mientras que Tarradas ha escogido Memorias de antes del exilio, de Félix F. Yusúpov.
