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Esto sí que ha sido 'El día menos pensado'. Cuando nadie lo esperaba, en el momento menos idóneo para que sucediera, Enric Mas se encontró con la oportunidad de su vida, la abrazó y no la dejó escapar.

El ciclismo español vuelve a sonreír y a mirar al resto desde lo más alto gracias al ciclista mallorquín. La Vuelta, esa carrera en la que siempre ha sido capaz de sacar su mejor versión, le coronó y le devolvió aquello que durante tantos años el ciclismo le había estado negando.

La caída de Tadej Pogacar en la octava etapa le abrió la puerta, pero el resto se lo labró él. Nada de fortuna, puro ciclismo. Sobrevivió a cualquier incidente y fue el mejor de la carrera durante más de dos semanas. Incontestable, un dominio innegable acompañado de una labor de equipo que rememoró tiempos pasados.

Enric Mas cierra junto a sus compañeros la Vuelta a España. REUTERS

Tantas veces tachado de conservador, tantas veces criticado y hasta con el famoso incidente con un aficionado que le llamó "paquete" hace cuatro años, Enric Mas ha sido el ciclista español más fiable en los últimos años. Falto de victorias, es cierto, pero siempre regular.

Cuatro podios en La Vuelta y el mejor ciclista nacional en el Tour de Francia durante años. Le faltaba dar el paso. Ganar, lo más complicado, eso que marca la diferencia. A sus 31 años, y en una de las temporadas más complicadas que recuerda, el boomerang volvió cargado de positivismo y rompió una maldición para el ciclismo español que duraba ya once años.

Alegría desbordada por él

Enric Mas está exultante. No es para menos. Es el mayor éxito de su carrera deportiva y se ha quitado además un gran peso de encima. Esta Vuelta ya no se la quita nadie.

Pero resulta emocionante comprobar cómo los que están a su alrededor, todos aquellos que le han acompañado en los momentos duros de los últimos años o quienes le han ayudado a coronarse en esta Vuelta, están casi más entusiasmados que él.

"Es verdad que este maillot es la recompensa a una persona que siempre ha estado cerca, que ha hecho cuatro podios en La Vuelta, siempre a un gran nivel, pero sin la oportunidad de poder rematar. Esta Vuelta hemos disfrutado viéndole cómo se ha erigido en el gran líder de la carrera", comenta Eusebio Unzué, el mánager general de Movistar Team.

"Es una emoción diferente, estoy contentísimo. Ha sido muy duro pero merece la pena", decía Iván Romeo pocos instantes de llegar exhausto a la cima del Collado del Alguacil, el día en el que Enric finiquitó virtualmente su victoria en La Vuelta.

Visiblemente emocionado, el vallisoletano estaba muy contento por su compañero: "Se lo merece más que nadie. Los que lo conocemos sabemos por lo que ha pasado y me emociono. Es un tío de puta madre, trabaja mejor que nadie, nos impulsa a todos a ser mejores... Es algo super especial y no podría estar más contento".

Es posible que la gente esté más que nunca con nosotros. Hemos pasado por ciclos buenos donde hemos ganado muchísimas cosas. En estos últimos o 8 años solo hemos aspirado a podios, pero nunca victorias en grandes vueltas. La afición en torno al equipo está viviendo momentos muy emotivos y es un poco lo que recibimos cada día. Ver a la gente contenta y que está disfrutando del equipo y de Enric.

"Tenemos que estar orgullosos de Enric y de todo el equipo", apostillaba Iván Romeo. "Hemos estado de 10, desde que cogimos el liderato hemos demostrado que somos el equipo más fuerte, físicamente y tácticamente. Hemos hecho un muy buen trabajo para que esto haya sido posible, es un sueño".

Eusebio Unzué también valoró el increíble nivel que dio en la contrarreloj su pupilo y el gran trabajo de todos: "Lo que hizo en la crono fue constatar el gran momento de forma en el que se encuentra. Constató su nivel en La Vuelta, como aquel día en el que pudo llegar hasta Pogacar, y luego todos los días dejó claro que el maillot rojo lo lleva porque ha sido el más fuerte en esta Vuelta".

En su temporada más difícil

Hace tres semanas nadie apostaba por ver a Enric Mas como ganador de La Vuelta. Era pura lógica. Primero, por la presencia de Tadej Pogacar que lo condicionaba absolutamente todo en la carrera. Segundo, porque no estaba siendo precisamente el mejor año del corredor de Movistar Team.

La tromboflebitis de su pierna izquierda, esa que le apartó del Tour del año pasado, le traía de cabeza. Le apartó del final de la pasada campaña e hizo que arrancara con déficit de ritmo el presente curso.

Por si fuera poco, una caída durante un entrenamiento en el mes de febrero le volvió a bajar de la bicicleta y alteró los planes previstos. Un calendario en el que, por cierto, apareció por primera vez en su carrera el Giro de Italia seguramente con muy buen criterio. Enric no iba a acudir al Tour después de tanto tiempo.

Le costó coger el ritmo. En Volta a Catalunya pasó desapercibido, y en el Giro trató de recuperar el golpe de pedal. Rozó la victoria en Chiavari, en la undécima etapa, pero su falta de punta de velocidad hizo que Narváez le ganara en el sprint. Brotes verdes, no obstante, que se quedaron ahí hasta el mes de agosto.

Su actuación en la Vuelta a Burgos, esa que muchos usan de preparación para La Vuelta, fue esperanzadora. Se le vio con chispa, estuvo entre los mejores, aunque seguía faltando nivel. Su falta de ritmo de competición y de regularidad durante el año hacían difícil pensar que podría incluso aspirar al podio en La Vuelta.

Pero cuando llegó a Mónaco todo cambió. Enric Mas se sintió como nunca en La Vuelta. Quizás sin la presión de otros años, sabiendo que el favoritismo recaía en Tadej Pogacar, encontró su hábitat más confortable.

Su primera gesta llegó en la sexta etapa, el día del recordado tramo de sterrato en El Bartolo. Aquella jornada consiguió cazar a Tadej Pogacar en el momento más duro, entre la tierra de este puerto, y hasta le sprintó para coronar primero la cima. El esloveno tiró de explosividad para negarle la victoria en la meta, pero aquello fue un serio aviso.

Dos días después Pogacar se fue al suelo y tuvo que abandonar la carrera. Enric ya era, para entonces, el mejor del resto de los mortales, y ni siquiera quiso ponerse el maillot rojo en el podio en señal de respeto por el esloveno. Gran gesto.

Nunca había portado el maillot de líder en balear, era un escenario al que Movistar no se enfrentaba desde hacía mucho tiempo. Pero a partir de ahí todo fue un dominio abrumador de Mas y de su equipo.

La victoria en Aitana vestido de rojo confirmó que algo extraordinario estaba pasando, el ataque de Calar Alto despejó cualquier duda y la contrarreloj de Jerez de la Frontera dejó a todos boquiabiertos.

Nadie fue nunca mejor que Enric Mas cuando la carrera se puso seria, cuando la carretera se empinaba hacia arriba. Movistar obró jugadas maestras con la táctica y las fuerzas de Enric siempre fueron superiores a las de Roglic, Gall o Carapaz. Sobresaliente.

Parecía que nunca llegaría

Este éxito de Enric Mas llega quizás en el momento más inesperado. No sólo por su temporada, los últimos meses y su relación con las lesiones y los contratiempos, sino porque parecía que la falta de explosividad o de valentía en algunos casos le iba a dejar una gran victoria en su palmarés.

El actual dominio en las grandes vueltas de Tadej Pogacar y de Jonas Vingegaard había acotado en los últimos años la gloria a tan sólo dos corredores.

A sus 31 años, Enric, a quien en su día Alberto Contador entregó el testigo generacional simbólicamente, seguía sin concretar este relevo. Llegó tarde, pero se hizo efectivo para ver a un español once años después en lo más alto del podio de una carrera de tres semanas. Precisamente desde el Giro 2015 de Contador.

Enric se había subido en cuatro ocasiones al podio de La Vuelta, siempre dentro del top6 desde 2018. Otros dos top6 en el Tour de Francia.

La victoria de etapa en La Vuelta de 2018 se veía ya demasiado lejana, eran recuerdos de un pasado más prometedor. Hasta esta Vuelta tan sólo había conseguido seis victorias, la última de ellas en el Giro dell'Emilia de 2022 en el que doblegó al mismísimo Tadej Pogacar.

Ahora, en el momento menos esperado, Enric encontró el mejor estado de forma y de ánimo de su vida. La mejor carrera que jamás firmó. Todo ello, para saldar su deuda pendiente y verse ganador de La Vuelta.