Carlos Serrano
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El ciclismo español vivió una de sus etapas más brillantes durante las décadas de los 80 y los 90. Buena parte de ese éxito estuvo protagonizado por dos nombres que ya forman parte de la historia de este deporte: Perico Delgado (66 años) y Miguel Induráin (62 años).

Ambos llegaron a enfrentarse como rivales, aunque también compartieron equipo durante varias temporadas. Sus triunfos traspasaron las fronteras de España y les permitieron construir dos de los palmarés más destacados del ciclismo nacional, con las grandes vueltas como uno de sus principales escenarios.

La trayectoria de Perico Delgado no terminó cuando dejó la bicicleta. El exciclista segoviano se convirtió posteriormente en una de las voces más reconocibles de las retransmisiones ciclistas en España, aportando su experiencia y conocimientos técnicos a pruebas como La Vuelta.

A pesar de haber alcanzado la fama gracias al ciclismo, nunca ha olvidado sus orígenes ni el camino que tuvo que recorrer para convertirse en una de las grandes figuras de este deporte. En ese recorrido también tuvo un papel importante Miguel Induráin, sobre quien Delgado siempre ha hablado con admiración.

La relación entre ambos ha ido mucho más allá de la competición. Durante sus años como profesionales fueron adversarios directos en la carretera, pero fuera de ella construyeron una amistad que se ha mantenido con el paso del tiempo.

Perico Delgado, durante la presentación del Movistar Team en 2022. Europa Press

Además, hubo una etapa en la que compartieron vestuario y defendieron los mismos intereses deportivos, incluso mientras aspiraban a conquistar grandes carreras como el Tour de Francia o el Giro de Italia.

Delgado ha destacado en numerosas ocasiones la personalidad de Induráin. En el documental de Movistar '30 años de amarillo', definió a su antiguo compañero como un ejemplo de "caballerosidad, ganar y dejar ganar", además de calificarlo como "un campeón, un señor, un caballero".

En aquella intervención también recordó una situación que, para él, refleja perfectamente la forma de entender el ciclismo que tenía el navarro.

"Induráin era un caballero. Pudo ganar el Tour del 90, pero prefirió esperarme a mí. Recuerdo que en una ocasión se fue por delante con los favoritos y yo quedé rezagado. Se entregaba por el compañero por delante de sus intereses", explicó Perico.

Aquella situación sirve para entender una relación que durante años pudo quedar eclipsada por la rivalidad deportiva. Ambos competían por los mismos objetivos y pertenecían a la élite del ciclismo mundial, por lo que no faltaron las especulaciones sobre los intereses individuales de cada uno.

Sin embargo, cuando coincidieron en el mismo equipo, Induráin demostró en más de una ocasión que estaba dispuesto a sacrificar sus opciones personales para ayudar a su compañero.

Para Delgado, la imagen pública de Induráin tampoco refleja completamente cómo es en el ámbito personal. En una entrevista concedida tiempo atrás a El Confidencial, el segoviano insistió en esa faceta menos conocida del cinco veces ganador del Tour: "Hay que conocerle. Aunque para la gente es muy distante, el tipo es un pedazo de pan. Es un gran compañero".

Con sus palabras, Perico ha reivindicado siempre el lado más humano de Induráin, más allá de sus impresionantes logros deportivos. Dos corredores que marcaron una época, que llegaron a enfrentarse por las victorias más importantes del calendario y que, pese a la rivalidad propia de la competición, terminaron consolidando una amistad que ha sobrevivido muchos años después de compartir carretera y equipo.