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La Vuelta entra este viernes en uno de esos días que no se comprenden mirando únicamente una clasificación general. Enric Mas viste de rojo y sostiene 1 minuto y 37 segundos de ventaja sobre Primoz Roglic.

Parece una renta considerable. Lo es. Pero también es una distancia lo bastante corta como para que 210 kilómetros de carreteras andaluzas, casi 4.000 metros de desnivel y una subida final interminable la conviertan en una cifra frágil.

La etapa 19, entre Vélez-Málaga y Peñas Blancas, es la primera de las dos grandes citas de montaña que quedan antes de Granada. Llega justo después de la contrarreloj de Jerez, el día señalado en rojo para Mas.

Perfil de la Etapa 19 de La Vuelta. Arte EE

Roglic, especialista en ese ejercicio de potencia y soledad, le ganó 33 segundos. No fue poco, pero sí mucho menos de lo que el esloveno necesitaba para inclinar La Vuelta a su favor.

Mas cruzó aquella línea de meta con la sensación de quien ha atravesado una tormenta sin perder el rumbo. La contrarreloj no le devolvió tiempo, pero le confirmó que el rojo no depende ya de un milagro.

El corredor del Movistar sigue al frente y vuelve a la montaña, el territorio donde ha construido su candidatura. "Estoy contento, no he perdido tanto tiempo, así que quedan tres días para llegar a Granada", explicó Mas tras la etapa.

El líder sabe que la tranquilidad no debe confundirse con la confianza excesiva. "Quedan dos etapas muy duras, de mucho desnivel, en las que hará calor y serán muy importantes", añadió.

Peñas Blancas no ofrece la violencia de una pared, sino otra clase de castigo. La subida se extiende durante casi 19 kilómetros al 6,5%, una pendiente constante que permite medir la resistencia, el ritmo y la capacidad de soportar el desgaste.

Antes estarán el Puerto de las Abejas y el Puerto del Viento; después, cuando las piernas ya hayan acumulado horas de esfuerzo, la carretera levantará su telón final sobre Estepona.

Roglic, en la contrarrelon de la etapa 18 de La Vuelta Reuters

Para Mas, la etapa es una defensa. Para Roglic, una obligación. El esloveno sale de la contrarreloj con una ganancia, pero también con menos margen de maniobra.

Donde esperaba abrir una brecha, apenas consiguió arañar tiempo. Ahora debe buscarlo en una montaña en la que Mas ha respondido mejor durante esta Vuelta.

Roglic, obligado a atacar

Roglic no puede esperar sentado a que la carrera se resuelva en Granada. Necesita endurecer el ritmo, desgastar al Movistar, aislar a Mas y encontrar un momento de debilidad.

Puede llegar en Peñas Blancas, pero también antes, en la acumulación de puertos y kilómetros. Su equipo tendrá que decidir si convierte la etapa en una persecución controlada o en una emboscada.

El esloveno se mostró satisfecho con su actuación en Jerez, aunque dejó claro que su ambición continúa intacta. "He intentado dar lo mejor de mí, pero Enric ha hecho una contrarreloj verdaderamente increíble y solo me queda felicitarle", reconoció.

Después, abrió la puerta a la ofensiva: "Aún quedan dos etapas importantes y la última tampoco es fácil, así que iremos viendo día a día".

Mas, por su parte, asume que el ataque llegará. "Mis rivales tendrán que quemar las naves, pero en montaña hasta el momento he estado mejor que ellos, y eso me da confianza", afirmó.

Ahí reside el significado de Peñas Blancas. Roglic necesita prender fuego a la carrera; Mas necesita no arder. La Vuelta todavía no está decidida, pero este viernes puede quedar mucho más cerca de tener dueño.