Oncohealth: medio centenar de médicos de cuatro hospitales suman sus fuerzas contra el cáncer

Los cuatro hospitales madrileños integrados en Oncohealth Institute disponen de equipos comunes de especialistas que estudian los casos de cáncer de todos los centros y deciden y llevan a cabo conjuntamente las cirugías y tratamientos.

Son las siete y media de la mañana. Los pasillos del hospital están sorprendentemente vacíos, salvo por algunos carritos de la limpieza y un puñado de pacientes obligados a madrugar por citas tempraneras. Lejos del ambiente apacible de los corredores, en una de las salas de reuniones del edificio, más de una decena de médicos discuten frente a un par de pantallas en un lenguaje casi inentendible para los foráneos.

Los especialistas y residentes que se reparten entre la gran mesa central y las paredes de la estancia forman parte del equipo de Oncohealth Institute, una iniciativa puesta en marcha por la Fundación Jiménez Díaz (FJD) hace ya casi dos años. El proyecto aúna a decenas de profesionales de cuatro hospitales públicos madrileños para configurar una forma de abordar el cáncer sustentada en la experiencia, la investigación y el paciente como centro del proceso diagnóstico y terapéutico.

Como cada mañana, las pantallas muestran las pruebas de imagen de enfermos de todos los centros, pero también sirven de ventana de comunicación entre el equipo reunido en la fundación y los médicos del resto de nodos de esta red de asistencia oncológica: el hospital General de Villalba, el Rey Juan Carlos de Móstoles y el Infanta Elena de Valdemoro.

En función del día de la semana, se conectan por videoconferencia los especialistas de cada hospital que componen uno de los distintos comités especializados en un tipo de cáncer —de mama, de esófago, hepatobiliar y pancreático y colorrectal, entre otros—. Analizan los casos de la semana anterior, evalúan pruebas y síntomas y eligen el camino a seguir basándose en la opinión conjunta.

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El oncólogo Jesús García-Foncillas, director del instituto, explica a El Español los fundamentos de este esquema de trabajo que se mantiene durante todo el tiempo que el enfermo permanece en manos de los expertos:

"Desde el momento del diagnóstico, en el proceso del tratamiento y el seguimiento, todos los especialistas controlamos al paciente en cada momento y tomamos decisiones conjuntamente sobre la mejor alternativa en cada una de las fases de la evolución de la enfermedad.

No solo discutimos los casos en las reuniones diarias, sino que atendemos a los pacientes en consultas que compartimos, donde los vemos conjuntamente varios especialistas y les explicamos qué queremos hacer de cara a su enfermedad y cómo vamos a combinar la parte de la cirugía y de la quimioterapia o del tratamiento oncológico. Y lo mismo en las sesiones de seguimiento."

Una vez que una persona es diagnosticada en cualquiera de los hospitales madrileños, el objetivo del equipo es servirle de guía en un camino que el doctor Damián García, jefe del Departamento de Cirugía del instituto y de la FJD, califica de caótico. “El enfermo se encuentra como si estuviese en un laberinto en el que todo son incógnitas y tiene que ir a no sé cuántas consultas y hacerse no sé cuántas pruebas”, describe el experto. “Con este sistema, tratamos de conducirle por ese laberinto sin marearle de un lado a otro, garantizándole un referente y una disponibilidad total para que no esté perdido. "

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El enfermo durante la sesión es el centro de más de 50 especialistas de los cuatro hospitales.

Entonces entran en juego los comités de cada especialidad. Después de estudiar el caso, designan a los encargados de llevar a cabo las cirugías y el centro donde tendrán lugar. Una elección que, de nuevo, busca el bienestar del enfermo, como bien señala García:

"Nuestra preferencia es la preferencia del enfermo, que suele ser operarse en su entorno social. La gran mayoría de los pacientes quieren que le den el mejor tratamiento disponible en el hospital que está más cerca de su casa y nosotros haremos todo lo posible porque se haga allí. También procuramos que no pierda la referencia de los médicos que le han tratado toda la vida."

Los tratamientos oncológicos, de quimioterapia y radioterapia también se realizan, preferentemente, en el hospital más próximo al domicilio del paciente. La excepción son las terapias experimentales, disponibles para algunos de los enfermos que han agotado todas las opciones terapéuticas estándares. Además de aplicar novedosas técnicas como la biopsia líquida, en Oncohealth Institute cuentan con una importante área de investigación donde replican los tumores en modelos animales y desarrollan nuevos fármacos que prueban en ensayos clínicos en fase I y fase II.

Tanto en el terreno de la innovación como en el del trabajo basado en las sinergias multidisciplinares, el equipo dirigido por García-Foncillas tiene como referente a los centros oncológicos integrales, un reconocimiento que el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos concede a aquellas instituciones de excelencia en la prevención, diagnóstico y tratamiento del cáncer.

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La estrategia no la decide el cirujano solo o el oncólogo solo, si no que la discutimos y la comentamos todos juntos.

Lo importante es que lo que se haga en cada momento sea, en ese momento, lo mejor posible.

El instituto de la FJD ha sido pionero en implantar un modelo de estas características en la sanidad pública española. Si al principio sus responsables albergaban ciertas dudas sobre el éxito del planteamiento, con el tiempo no solo han confirmado sus buenos resultados, sino que han comprobado las numerosas ventajas que ofrece frente a los esquemas sanitarios más tradicionales.

Para los médicos, y sobre todo para los cirujanos, el sistema supone tanto un programa de formación continua como una oportunidad de superespecialización, es decir, para desarrollar al máximo sus destrezas en un área médica. “Las sociedades científicas advierten que no se deberían hacer ciertas operaciones si no se está entrenado con un número suficiente de ellas al año”, indica García. Sin embargo, en el sistema sanitario patrio, donde predominan los hospitales de pequeño y mediano tamaño, no suele ser posible cumplir con esta recomendación porque un mismo facultativo debe atender casos muy diversos.

El modelo de Oncohealth Institute, subraya el cirujano, ha demostrado ser una vía efectiva para resolver este problema y ofrecer un mejor servicio al paciente:

Los cirujanos acumulan la experiencia necesaria para continuar siendo especialistas sumando los casos que atienden conjuntamente en los diferentes hospitales, generando grupos de expertos en cada campo. Necesitan entrenar sus habilidades manuales para dar al enfermo los mejores resultados.

El planteamiento supone también el cambio definitivo respecto al anticuado modelo de regionalización que reinaba en la sanidad española en décadas anteriores. Se construían grandes hospitales que funcionaban como centros neurálgicos y recibían los enfermos con patologías más complejas, que tenían que desplazarse de sus hogares. “Se les desarraigaba en el momento de máximo sufrimiento”, apunta García.

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Es el equipo el que con toda la experiencia generada en los cuatro hospitales va a intervenir, va a tratar al paciente.

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Gracias, en gran parte, a las nuevas tecnologías e internet, el instituto oncológico ha desterrado para siempre la idea de que solo un gran centro tiene los recursos suficientes para atender casos difíciles. Los cuatro hospitales madrileños funcionan como uno solo a la hora de abordar el cáncer: comparten un amplio equipo de facultativos altamente especializados que se reúnen diariamente. Siempre que sea posible, los cirujanos se desplazan al centro que corresponda, allí donde esté el paciente. Para García, esta dinámica trae consigo importantes ventajas:

Solo movemos a un 10 % de los pacientes, mientras que nos trasladamos el 100 % de los profesionales. Esto significa un esfuerzo para los médicos que podría parecer negativo, pero no lo es. La movilidad les ayuda a mantener el tono profesional y les estimula e incentiva, porque les ayuda a trabajar su técnica

Lo que también supuso un esfuerzo son los madrugones, que cuestan a cualquiera. Pero es la única forma de que las videoconferencias matutinas sean compatibles con el trabajo en los quirófanos, las consultas y los tratamientos en el hospital de día, que arrancan su actividad en torno a las ocho y media, hora a la que los pasillos muestran los primeros signos de ebullición. “Al principio, costó un poco”, admite García, hasta que fueron conscientes del beneficio que supone para los pacientes. “Es la esencia de la vocación médica: cuando uno ve que los enfermos van bien, se estimula”.